¿Arrojar o votar?

Enrique Queija

En el Perú, un país que tiene el 90% de su población corrupta o que acepta la corrupción como medio natural de superación. Enfatizo en esto, sin envidiar a nuestros vecinos, iguales o peores que nosotros. Elegir a un presidente honesto, serio, responsable, que priorice las necesidades de la población antes que las suyas y de su entorno es MISIÒN IMPOSIBLE. No lo digo por inercia o con ánimos negativos. Es la triste realidad. Aquel que no se presta a la coima o al aprovechamiento ilegal es… ¿Cómo lo diríamos?.....en forma elegante: NO PROACTIVO. Vulgar, simple y comúnmente: COJUDO. Sí, es exactamente la forma en que funcionan las sentencias ante las muy escasas situaciones en las que aparece una persona formada con valores éticos, morales, honestos o cojudos, como mejor les parezca.

Me ha sucedido innumerable veces, situaciones que se ubican en el contexto detallado líneas arriba, narrarlos ocuparía varias hojas. Sólo pondré la última “anécdota” que me sucedió, hace un par de meses: Caminaba, a las 10 de la mañana, por una calle cuando descubrí, en el suelo, un fajo de billetes de 100 soles. Inicialmente pensé que se trataba de papeles impresos como moneda, para alguna publicidad. Pasé de largo, luego de unos pasos, regresé para mirarlos bien. Eran billetes reales. Observé a ambos lados de la vía, no había persona alguna. Recogí el fajo y, cuando me di vuelta descubrí a un señor de unos 60 años, bien vestido, de espaldas a donde habían estado los billetes, arrimado a una puerta ancha, un taller de mecánica, observando a dos tipos trabajando en un auto de buena marca. Me acerqué y le pregunté si se le había perdido dinero. Inmediatamente metió la mano en el bolsillo derecho del pantalón y puso cara de temor. Le alcancé los billetes que tenía en la mano, me los recibió, contó y los metió en el bolsillo rápidamente. Ni siquiera me dio las gracias. Yo seguí mi camino. A mi mente venía el mensaje: Soy un cojudo. Definitivamente, soy un tonto. Mil preguntas asomaron a mi mente. Y si la platita no era del señor? Fue la que más me golpeaba. Finalmente, para tratar de tranquilizarme y no sentirme tan mal llegué a las conclusiones que los billetes eran del caballero, por su reacción ante mi pregunta y que yo tenía esa forma de ser y actuar debido a que mis abuelos y padres me formaron así. La culpa no era mía sino de ellos. Listo, me quedé tranquilo siendo un cojudo, sin culpabilidad.

Luego que ya me calmé, me puse a pensar con serenidad y descubrí que, realmente, no había, absolutamente, nada ilícito si me quedaba con ese dinero. La ley dice que, lo que está tirado en las vías, sin propietario y tú lo encuentras es tuyo. Pero, la constante repetición de mis antecesores puntualizando que no puedes quedarte con lo que no te pertenece, debes devolverlo a su propietario, hicieron y hacen que siempre prevalezcan en mis decisiones.

Este proemio o preámbulo no es para tratar de mostrarme como un santo porque, al igual que todos, tenemos nuestros defectos. Lo puse solamente para escenificar el tema de las reacciones en las personas, en nuestro país. La mayoría está preocupada, solamente, por sus problemas e intereses personales. Lo demás no les importa. Si alguien les hace un favor, lo consideran apropiado, que les corresponde. No entienden el sacrificio de otras personas para beneficiarlos o evitarles un mal momento. Desde esta perspectiva enfoco el panorama político-electoral, en estos momentos, a cuatro meses de las elecciones para presidente y congresistas.

La comparación que hace Aldo Mariàtegui respecto a los candidatos me causó gracia, inicialmente. A él le parece el cuento de Blanca Nieves y los 7 enanitos. Keiko, obviamente, viene a ser Blanca Nieves y los demás candidatos los inefables retacos.

Si analizamos un poco la comparación nos encontramos con que no es válida y ya deja de ser jocosa. Keiko no es virgen en el tema político, tampoco va a ponerse a dormir y sus contrincantes, desesperados por convertirse en el “príncipe” azul que la va acompañar, no califican para ello. En consecuencia esto más parece el cuento de Alibaba y los 40 ladrones.

La lideresa de las encuestas (no muy creíbles, por cierto) permanece muda. No explica nada relevante a lo que podría ser su gobierno, en caso de salir elegida. Cada vez que se anima a decir algo, se equivoca totalmente y se convierte en herramienta de sus contrincantes. Sus valores éticos, morales, profesionales y personales no encajan en lo mínimo que debería tener un presidente. En la misma situación se encuentra la mayoría de sus posibles competidores.

Debido a esto hay una declarada desesperación por buscar el “out sider” (el forastero o fuera de lugar, según la terminología politóloga americanizada). Es la única solución que perciben los politicastros, observadores y comentaristas. No hallan otra fórmula para convencer masivamente al “electarado”.

¿Por qué digo todo esto? Ningún candidato nos ha explicado claramente lo que va a hacer, cuando lo hará y el presupuesto que utilizará para resolver o minimizar los graves y enquistados problemas que afectan a TODA la población: Inseguridad ciudadana, efectos del cambio climático, tránsito, educación, AFP, desempleo, servicios básicos, gas, petróleo, minería, etc. Todos los postulantes están dedicados a destruir a sus oponentes. Los temas para mejorar el nivel de vida y progresar sólo ocupan un renglón genérico. No nos explican nada práctico, directo o efectivo respecto a lo que van a realizar durante su eventual elección, a lo único que llegan es a mencionar en forma genérica, los problemas emblemáticos. Todo ello nos indica, con claridad meridiana, que hay preocupación máxima por sus intereses personales y de los grupos empresariales o amicales que solventan su campaña, para después “cobrar”.

La prueba más contundente es la “aparición” de un “candidato” que ofrecía vender al Perú y repartir el dinero entre todos los habitantes. Nos tocaría a cada uno 100,000 dólares (no de los MUC sino de los legítimos). Su nombre era “Coco Loco” e hizo su block. Recibió cientos de miles de mensajes de personas interesadas y de acuerdo total con la propuesta. Preguntaban qué pasaría con su nacionalidad, sus propiedades, si tendrían dónde vivir, etc., etc. Finalmente se descubrió que se trataba de un escritor/publicista (Roby Ralston) que había hecho una novela titulada “El Vendepatria” en la cual trataba el tema exacto de lo que proponía. Hizo todo el laberinto para promocionar su novela, desde el punto publicitario, no con intenciones políticas. Los resultados lo sorprendieron, porque no esperaba tal reacción en los ciudadanos del Perú. Su novela no se vendió al nivel esperado pero si tuvo gran acogida la propuesta. Este singular evento escenifica, muy claramente, la manera de pensar de la población y sus expectativas del futuro. Con $ 100,000 están resueltos TODOS los problemas de TODOS. ¿Usted, amable lector, cree que aparecerá alguien en quien se pueda confiar nuestro futuro, con la seguridad de que progresaremos? Si su respuesta es afirmativa VOTE caso contrario ARROJE.