La amazonía en el Perú

Autor: 
Prof. Gabel Daniel Sotil García

Para quienes pensamos a nuestra Amazonía, una de las primeras constataciones que se nos hace evidente es la ausencia de la realidad amazónica en el imaginario de la sociedad nacional, manifestada a través de muy diversos indicadores sociales, políticos, educacionales, culturales, jurídicos, etc.

Si analizamos las declaraciones o propuestas de conspicuos personajes de la actividad política, cultural, y demás campos en los que es posible emitir opiniones o apreciaciones y decisiones sobre nuestra realidad regional, encontramos graves omisiones y desconocimiento de misma; por ello no es imposible que se emitan leyes y diversos instrumentos que colisionan con dicha realidad, afectándola siempre negativamente en sus diversos aspectos.

En consecuencia, tenemos que admitir que nos es urgente que nuestra Amazonía sea incorporada a las dimensiones sociales, culturales, psicológicas, políticas, económicas, educacionales, etc. con plena equidad respecto a las demás regiones de nuestro país, para no seguir atentando contra la integridad de nuestra nación al venirr formando a las nuevas generaciones con la imagen social de un Perú sin Amazonía.

Para un mejor entendimiento de esta situación regional, es necesario que hagamos algunas aproximaciones interpretativas que nos permitan ponernos al borde de la comprensión de esta injusta situación en el nivel nacional, para lo cual tenemos que atrevernos a dar una mirada crítica y reflexiva a nuestra historia vivida en los últimos quinientos años, a fin de determinar lo que hemos heredado del tiempo anterior así como para precisar nuestra contribución colectiva, si es que la hemos tenido, en tiempos que estuvieron aparentemente bajo nuestro pleno control.

En este sentido, es necesario que seamos conscientes de que en nuestra región amazónica hemos tenido un muy extenso período multimilenario, de total autonomía creativa, mientras los pueblos indígenas u originarios fueron hegemónicos, periodo al cual le ha seguido un corto lapso de casi quinientos años, en el que se han desarrollado las fases colonial y republicana, bajo un esquema de imposición de modelos socioculturales, que aún seguimos sufriendo.

En verdad, entre Colonia y República nunca se produjo un cambio sustancial para nuestra Amazonía en la condición general dentro de nuestro país, aunque la fase republicana haya sido calificada como de nuestra independencia nacional.

Ambas fases históricas han tenido una connotación impositiva en nuestra dinámica interna, tanto que bien pudiéramos denominar a la primera como época de la colonización franca, desembozada, y a la segunda, que llega hasta el presente, como la época de la colonización encubierta, velada, pues durante ésta nuestra condición general no fue impactada en forma diferente a la que tenía en la anterior. Salvo cambio de nombres, designaciones, declaraciones nuevas, pero nada sustancial que revelara una nueva forma de percibirnos por parte de la sociedad nacional y su dirigencia.

Si algo hubo de diferente para nosotros, recién desde mediados del Siglo XIX, en plena época republicana, fue el inicio de una presencia más impositiva, punitiva y amenazadora del poder central en nombre de un estado peruano que recién empezaba a tomar conciencia (y que, dicho sea de paso, aún no termina de hacerlo) de las dimensiones geográficas, sociales, culturales, etc. y de la complejidad de nuestra región, a través de instituciones carentes de sentido para la nueva realidad en la que se instalaban; ellas mismas desorientadas en cuanto a su rol, por su condición de foráneas, que lo percibían sólo muy difusamente en las nuevas condiciones, pues el escenario particular era muy diferente respecto al contexto nacional.

Deviene así nuestra selva en escenario del ejercicio de un poder caracterizado por la inercia de sus representantes, indolencia que tiene su mayor expresión en las sucesivas pérdidas de territorio amazónico peruano sufridas desde mediados del Siglo XIX, sin el costo siquiera de una lágrima de los demás peruanos, pues siempre les fueron encubiertas o escondidas, ocultamiento que aún se empeña en mantener.

Víctima de esquemas mentales coloniales, heredados de un régimen que duró trescientos años, la población mestiza, de reciente llegada a estas tierras, es decir emergente, avizora su futuro sólo preocupada por consolidar su hegemonía dentro de la región, sobre todo en el dominio sobre las poblaciones originarias o indígenas y en el aprovechamiento de sus recursos naturales, pero, sin mayores preocupaciones por las consecuencias de su actuar en el entorno cultural y ecológico, actitud que hasta hoy, infelizmente, persiste en proceso de agravamiento.

Pero, también, comienza a tomar forma, aunque difusamente, un sentimiento que, con el paso del tiempo y acontecimientos, se haría cada vez más nítido, fuerte y trascendente: el sentimiento de abandono, el sentimiento de ser considerada una región sin mayor importancia para los destinos del país. Comienza la toma de conciencia, por parte de los amazónicos, de la mirada lejana, sin interés, indiferente del resto de nuestra nación. Este sentimiento sería, en gran parte, el responsable de muchos acontecimientos de esta época (movimientos separatistas, federalistas, regionalistas y de protesta civiles) y cada vez más reforzado por las actitudes y decisiones de una clase política nacional ignorante de nuestras características, sin capacidad auto crítica y sólo abrazada a su interés por centralizar el poder y gozar de sus prebendas. Como lo sigue siendo hasta hoy con la complicidad de políticos regionales desubicados en sus percepciones que se expresan en planes carentes de Amazonía: sin forestalidad, sin ruralidad, sin diversidad cultural, etc.

Por todo ello es que hacia la mitad del Siglo XX algunas definiciones se producen en el sentimiento amazónico:

  • 1° Que, en el consenso nacional, no hay conciencia de nuestra existencia, salvo que somos una región exótica, poblada por gente que debe ser conquistada y civilizada;
  • 2° Que el poder central es, además, centralista y prisionero de una visión equívoca sobre nosotros;
  • 3° Que somos una región desconectada del resto del país;
  • 4° Que aún somos considerados un freno para el desarrollo del país, a menos que cambiemos radicalmente, dejando de ser lo que somos;
  • 5° Que no inspiramos confianza en nuestras capacidades sociales para encontrar solución a nuestros propios problemas;
  • 6° Que sólo servimos para ser gobernados y que, por lo tanto, debemos obedecer todo lo que se disponga sobre nosotros desde el centro del poder nacional.