El impacto de la caza en la cuenca del Amazonas

Carlos Peres, André Pinassi Antunes y Glenn Shepard Jr

La moda de las pieles de animales salvajes llevó a un auge de la caza en la cuenca del Amazonas durante el siglo 20. Una industria de masas surgió casi de la noche a la mañana y las pieles de nutrias, caimanes jaguares o cocodrilos, no tardaron en ser enviados por todo el mundo para ser convertidos en abrigos, sombreros y otros accesorios. La selva tropical del Amazonas, y los animales que viven allí, todavía están sintiendo el impacto actualmente.

Un estudio utilizó realizado con documentos históricos -que nunca fueron analizados- y registros de envíos no publicados, con el propósito cuantificar adecuadamente, por primera vez, la magnitud de este comercio de pieles fue publicado en la revista Science Advances. Se reveló que algunas especies son mucho más vulnerables que otras, y señalan que tendría implicaciones para la futura gestión de los bosques amazónicos y la fauna silvestre.

Se documentó la destrucción generalizada de grandes vertebrados acuáticos, como la nutria gigante, el caimán negro y las poblaciones de manatíes por los cazadores comerciales, gracias a las grandes cantidades de datos de exportación ocultos que fueron descubiertos por el estudio. Pero también observaron que los animales terrestres, incluyendo pecaríes de collar (relacionados con los cerdos), el venado y hasta jaguares eran mucho más resistentes a la presión de la caza, incluso durante el apogeo del comercio de pieles de lujo en los 1930s-1940s y en la década de 1960.

Se estimó que, entre 1904 y 1969, al menos 23 millones de animales de 20 especies de mamíferos y reptiles fueron asesinados para las exportaciones de cueros en el oeste de la Amazonía brasileña. Estas cifras representan sólo aquellas pieles que fueron registradas formalmente en los puertos de desembarque. Por tanto, pueden subestimar gravemente el impacto total de la caza sobre las poblaciones silvestres ya que muchos animales fueron fatalmente heridos pero no recuperados por los cazadores; muchas pieles se pudrieron y se desecharon en su camino hacia el mercado, y una gran parte de ella viajó sin ser declarado para evitar impuestos.

Once especies de animales fueron cazados más fuertemente: nutria gigante de río, el caimán negro, capibara, y manatíes que son animales acuáticos o semi-acuáticos ya que pasan la mayor parte de su vida en y alrededor del agua. Las nutrias gigantes, por ejemplo, fueron el blanco debido a su piel densa que podía ser convertida en abrigos de lujo.

El jaguar, el ocelote y el margay (dos pequeños gatos), huanganas y venado colorado que viven en tierra, también estaban entre los animales más cazados. Entre 1930 y 1970, se escondieron las exportaciones de estas especies que representan unos US $ 500 millones en el comercio, en los cuatro estados más occidentales de la Amazonia brasileña.

Auge de la caza de la Amazonía

La caza comercial de animales despegó en la Amazonia después de la caída de los precios internacionales del caucho en 1912, cuando las plantaciones de caucho de Malasia hicieron del caucho silvestre comercialmente inviable. Inicialmente, las exportaciones más populares fueron los cueros de venado, aunque, cuando el comercio se hizo más intenso, otros animales estuvieron en la lista.

Las cosas alcanzaron su punto máximo durante la Segunda Guerra Mundial, cuando EE.UU. necesitaba caucho silvestre de la Amazonía para compensar la extracción que lograban los japoneses en las plantaciones de Malasia. Cerca de 80.000 personas se trasladaron a la región para extraer el caucho natural y muchos de ellos desarrollaron un negocio lucrativo como cazadores.

En la década de 1960 se vivió el segundo pico en las exportaciones de piel animal de la Amazonía como pieles exóticas. Estas, pronto, se hicieron valiosas en la industria de la confección y la moda. A pesar de que en Brasil estaba oficialmente prohibida la caza en 1967, los vacíos legales permitieron la caza ilegal y la venta de las existencias de cueros almacenados, cuyas exportaciones continuaron ocultas hasta la ratificación de la Convención sobre el Comercio Internacional de Especies en Peligro de Extinción (CITES) que se realizó en 1975. La demanda de pieles exóticas continuó en la década de 1980, y fue sólo con la Cumbre de la Tierra de Río de 1992 que la opinión internacional finalmente se volvió contra el uso de pieles de animales salvajes en la moda.

Los animales acuáticos fueron presa fácil

Los investigadores querían entender cuan resistentes eran las diferentes poblaciones de animales que estaban en la mira de este tipo de caza comercial intensa. Para ello, se fijaron en el número de ciertas especies exportadas durante los períodos pico de extracción alrededor de la Segunda Guerra Mundial y en la década de 1960. Creían que, en aquellos tiempos de auge, el suministro estaría asegurado hasta que los números de especies en la naturaleza comenzaban a verse seriamente afectados.

Un hallazgo clave es que las especies acuáticas sucumbieron a los mayores descensos. Mamíferos y reptiles que viven a lo largo de los principales ríos del Amazonas y sus afluentes, como las nutrias gigantes de río, el caimán negro o manatíes, sufrieron el colapso de su población y se produjeron extinciones locales. Los ecologistas hablaban a veces de "bosques vacíos ", los grandes animales habían muerto. Posteriormente se habló de los ríos "vacíos".

Sin embargo, la selva amazónica se mantuvo lejos de este vacío. A los mamíferos terrestres les fue mucho mejor. La mayoría de ellos, incluyendo jaguares, venados y pecaríes de collar, eran más resistentes a la presión de la caza intensa. Estas especies muestran poca o ninguna disminución en el número en la etapa pico de caza, a pesar de la demanda constante o creciente.

Para esto, hay una explicación sencilla: el acceso físico. Las llanuras de inundación y ríos representan sólo el 12% de la superficie de la Amazonia, y los cazadores viajaban a lo largo de los ríos. A las nutrias y manatíes les era difícil evitar a los seres humanos, sobre todo en la estación seca. Jaguares, por su parte, podrían dispersarse en áreas forestales extensas y tierras altas. A menudo extremadamente remotas y lejos de los seres humanos, estos bosques actúan como refugios donde las grandes poblaciones de animales no fueron explotados y los animales eran capaces de absorber las pérdidas sufridas por los que se habían acercado demasiado a los seres humanos. Los ecologistas llamaron a este fenómeno "la dinámica de fuente" o área de refugio.

Traducido de Phys.org

Referencia (URL): 
Caza, Cuenca del Amazonas, Especies en peligro, comercio de pieles