Amazonía: continua la batalla de los indígenas contra la explotación del petróleo

Roberto Carrasco

En el 2009 los kichwas habían bloqueado las naves en el río Napo, para tratar de detener la contaminación y la muerte. Pero desde entonces poco ha cambiado.

Quedarse contemplando en la playa fangosa de la comunidad nativa kichwa de Copal Urco, justo antes del amanecer, nos revela porqué la Amazonía cree en mitos y leyendas. El ancho río Napo se desliza silenciosamente, casi invisible, en la oscuridad. Una gama de insectos y sonidos rompen la silenciosa oscuridad de la selva. El día acaba de empezar y ya todo está húmedo. A medida que el sol sale se retira la oscuridad, y a lo lejos se puede apreciar un hombre en una pequeña canoa viniendo de la pesca matutina. Todo el paisaje, ahora iluminado, nos revela tremendos árboles, así como algunos otros estrechos. La luz misma del sol, cuando nos ciega, nos hace difícil seguir el camino a lo largo de esta densa selva. Contemplar como las débiles hojas caen de los árboles, formando un muro impenetrable, dejando todo fuera.

04 de Mayo del 2009: Indígenas kichwas miran sorprendidos la llegada de un Buque de la Marina de Guerra del Perú. “La última vez que un buque ha surcado el Napo, fue en la Guerra Perú-Ecuador de 1941”, decía un anciano.

Y es allí donde empezamos a contar esta historia:

La comunidad nativa kichwa de Copal Urco es una de las más de la región Loreto en esta parte del río Napo. Se encuentra alrededor de una pequeña montaña que se eleva al lado derecho de esta cuenca que une el Perú con el vecino país del Ecuador. Son alrededor de cien familias que viven de la agricultura y de la pesca.

La selva amazónica peruana, segunda después de la brasileña, consta de 70 millones de hectáreas de las cuales tres/cuartos son ricas en petróleo y gas: se ha puesto en marcha un amplio programa de explotación de estos recursos, y no sólo recientemente. Recordemos que la primera empresa extractiva petrolera que desembarca oficialmente en Perú el año 1945 era de origen alemana, se había llevado a cabo la actividad extractiva ya antes de la Segunda Guerra Mundial. Esto dio lugar a una tercera oleada de migración europea después de aquella del 1542, seguidamente después del descubrimiento del río Amazonas y de aquella a inicios del siglo XX que provocó un grande etnocidio que desapareció a muchos pueblos indígenas despojándolos de todo a causa de la famosa extracción cauchera.

En estos tiempos se han creado 64 bloques de exploración petrolera conocido por todos con el nombre de lotes petroleros, de los cuales ocho son del 2004. "La Amazonía peruana esté viviendo una enorme ola de exploración de hidrocarburos”, lo afirma Matt Finer, co-autor de un estudio sobre proyectos de petróleo y gas en la Amazonía occidental, realizado por Duke University.

"La extracción del petróleo no es una cosa nada fácil ni simple. Normalmente comprende el uso de barcazas, helicópteros, enormes barras y tubos de fierro, plataformas de perforación, pozos y tuberías. La tecnología es más limpia que antes, pero todavía contamina los cursos de agua y asusta como se juega con la vida de los pueblos. Quienes trabajan para estas empresas todavía llevan gérmenes que amenazan la vida de los pueblos que se encuentran sin ningún tipo de inmunidad respecto a los foráneos que llegan.

La datos previos de la historia de la Amazonía nos recuerdan que la gripe y otras enfermedades, han provocado de parte de los conquistadores la eliminación de gran parte de la población indígena de América Latina, y los más recientes interlocutores, misioneros, científicos, periodistas han causado consecuencias mortales tanto en las comunidades aisladas como en las indígenas.

Después de las incursiones de los petroleros en el territorio de los Nahuas en los años 80, más de la mitad de la tribu estaba destinada a morir. Si las empresas entran, es probable que destruyan a los indígenas por completo, y entonces estos no serán una realidad”, lo afirma Stephen Corry del Grupo Survival International. Esto lo podemos leer en la investigación periodística realizada por Rory Carroll para el períodico inglés The Guardian el año 2009.

El territorio de la Amazonía peruana está casi enteramente dado en concesión. Es un problema serio del cual el Estado no habla más. En el Napo la línea existencial de esta batalla es el lote 67. Un pedazo de la selva en la zona nororiental del Perú, que incluye los campos petroleros Paiche, Dorado y Piraña, conteniendo todos ellos un estimado de 300 mil barriles, donde la compañía anglo-francesa Perenco tiene los derechos exclusivos. Desde el 2008, se planea gastar $ 2 mil millones - la mayor inversión en el país - para perforar 100 pozos de 10 plataformas. El crudo será enviado a través de tuberías a 600 millas de la costa del Pacífico. Se hicieron pruebas exhaustivas para la sísmica y se construyeron las instalaciones. Los barcos ya esperaban ansiosamente el traslado de los primeros barriles. Pero todo esto, tanto para la comunidad indígena de Copal Urco como para toda la Federación de Comunidades Nativas del Medio Napo, Curaray y Arabela (FECONAMNCUA) significa la muerte de su cultura y la invasión de sus territorios.

Continua afirmando Carrol que, también otro problema importante es la presencia de grupos indígenas no contactados. Perenco rechaza estas afirmaciones señalándola como una insinuación e información errónea de algunos grupos que se oponen al desarrollo económico, afirmando por su parte “que esto es similar al monstruo del Lago Ness, donde mucho se habla pero ninguna prueba hay”; afirmación dada por Rodrigo Marquez, director regional para América Latina de la empresa Perenco. "Hemos hecho estudios muy detallados para determinar si hay tribus no contactadas, ya que sería un asunto muy serio. La evidencia es inexistente”. Perenco está convencida que es muy fácil construir teorías de conspiración y que cuando se habla de la presencia de los no contactados se dan solo opiniones, pidiéndoles a los científicos de producir pruebas de aquello que afirman.

En este tema ¿quién tiene la última palabra? Los críticos dicen que “ni siquiera el Ministerio del Ambiente o el de Cultura tienen la suficiente influencia en las relaciones con los sujetos más poderosos que guían el curso del petróleo y el impacto que esto tendrá sobre los pueblos indígenas”, lo afirma Richard Rubio, presidente de la federación indígena del Napo.

"El gobierno del Perú no es imparcial y no anima a que los estudios de impacto ambiental sean verdaderamente independiente, dice José Luis de la Bastida, especialista en asuntos petroleros en Perú, del Instituto de Recursos Mundiales en Washington", según Corry. En este contexto Lima está y se siente muy lejos de la Amazonía. Estamos hablando de una ciudad capital en la costa peruana, con cerca de nueve millones de habitantes, con grandes y modernos edificios, sus modernos centros comerciales, oficinas del gobierno y algunas otras grandes atracciones de América Latina, como son sus restaurantes. Históricamente es una ciudad que ve hacia el océano y es muy raro, se sigue pensando así, que detenga su mirada a las 300,000 personas que habitan los pueblos amazónicos, ello significa un poco más del 1% de la población peruana. También hay pocos y menos motivos para reflexionar desde la capital sobre la presencia de los no contactados o del impacto que tiene la exploración petrolera en estos territorios. Lamentablemente, en este contexto el ex presidente Alan García Pérez ha firmado leyes que inciden sobre la Amazonía, promoviendo la explotación de petróleo, gas, minerales y biocarburantes.

Frente a todo ello los indígenas se alzan. Dispersos, empobrecidos y marginados lograron organizar protestas. Varias comunidades cuestionaron la política extractiva del gobierno. La mañana del lunes 4 de mayo del 2009 fue bloqueada la vía fluvial. El ex presidente los había denunciado señalándolos como saboteadores "ignorantes", ordenando a las fuerzas de seguridad de levantar los bloqueos.

Alan García, frente a la indignación y la fuerza indígena, ha revocado los dos decretos más controvertidos, el 1090 y el 1064, que abriría a la Amazonía a plantaciones de biocarburantes. Los grupos indígenas suspendieron sus protestas pero los proyectos de petróleo y gas están todavía en curso. "El escenario futuro es terrificante: la Amazonía peruana está todavía cubierta de concesiones", lo afirma Finer, coautor del estudio Duke. Las compañías petroleras y el gobierno, desde ese tiempo hasta hoy, siguen comprometidos, en especial y de una manera particular en el ámbito del lote 67.

Después de ocho años de lo sucedido, ahora viviendo en Roma, pudimos hablar de esto con uno de los testigos y conocedores de la realidad de los pueblos del Napo, el Dr. Florindo Barisano, de la ONG italiana PRO.DO.CS (Progetto Domani: Cultura e Solidarietà). Recordábamos las palabras del P. Juan Marcos Mercier quien hace 40 años decía: “A los runas ya no les importa su cultura, quieren vivir como los blancos y como las sociedades dominantes, porque se sienten inferiores siendo indígenas”. Hablando también de una situación similar que acontece en el Ecuador, este misionero les decía: “El desastre ecológico de la Amazonía es evidente, no sólo basta llorar, sino que también hay que luchar con más fuerza. Pero hay que ser inteligentes, astutos, como el yawati (o conejo) para luchar contra todos aquellos multinacionales que han barrido con el bosque".

El doctor Barisano es una de las pocas personas en Italia que conocen la realidad del Napo.

Él viene visitando el Napo desde hace 30 años. “¡Qué difícil es ir contra corriente!”, decía mientras venía a la memoria lo sucedido en el Conflicto Amazónico del 2009 en Perú.

De hecho esta pregunta es fundamental: ¿Se está respetando el Convenio 169 de la OIT y las leyes que protegen a los pueblos indígenas? Pero lo que está sucediendo va mucho más allá.

Y lo que es más, “los historias del Padre Juan Marcos que yo pensaba eran tan exagerados son la verdadera realidad. Me da miedo pensar que el río que yo he surcado docenas de veces es el mismo que yo he bajado la última vez desde Coca a Nueva Rocafuerte y, haber tenido la oportunidad de ver en adelante como se podría transformar el Napo peruano en los próximos años, es motivo de tristeza".

Ciertamente hay muchas cosas que tenemos que sentarnos a conversar. Como usualmente sucede las Misiones Católicas presentes en todo el Napo ya vienen dialogando hace mucho tiempo sobre los riesgos y amenazas que conlleva la industria extractiva en esta parte de la Amazonía sudamericana. Los misioneros que vienen trabajando muy de cerca a las comunidades indígenas son los testigos vivenciales de como se vienen desarrollando políticas que "en pro del desarrollo blanco" y de cómo se vienen ejecutando. Por ejemplo el Proyecto de Ciudades del Milenio, el IIRSA - Eje Manta - Manaos, que pretende dragar el Napo. En realidad, la preocupación es de los pueblos amazónicos de esta parte del planeta. Quieren dialogar como nación kichwa. Quieren encontrarse para plantear sus respectivas problemáticas. Quieren encontrarse para plantear sus respectivas problemáticas. Es verdad que los indígenas del Ecuador han sufrido mucho más las consecuencias de la industria extractiva. Hay procesos como el caso de Texaco, Sarayacu entre otros. Los indígenas de la zona peruana todavía no han vivido situaciones fuertes. Pareciera que el enfrentamiento que hubo en mayo del 2009 en el Medio Napo peruano cuando la Marina de Guerra y la petrolera Perenco enfrentándose contra indígenas frente a un bloqueo del río Napo fuera un dato importante. Lamentablemente no lo es. Todo diálogo o Mesa de Trabajo quedó allí. A las finales las comunidades beneficiarias por la petrolera fueron las que no se unieron a la lucha o protesta. Hoy son casi la totalidad de las comunidades indígenas del Napo peruano las que no tienen un apoyo directo de la empresa petrolera. En el Napo peruano hay muchas cosas que nos falta ver en su conjunto. Seguirá habiendo mochileros, extranjeros, visitantes, turistas que nos digan o confirmen lo que los misioneros venimos diciendo hace mucho tiempo...¿existe realmente voluntad de trabajar con los pueblos indígenas? Quizás los gobiernos de turno que terminan su proceso de gobernar se irán con los bolsillos llenos a costas de los recursos de todos. Quizás ese lenguaje de inclusión siga sonando bonito y los Estados del Perú y Ecuador sigan dando miserables sumas de dinero a la población diciendo que están haciendo un gran Plan de Lucha contra la pobreza o desnutrición.

La desnutrición se agrava con la contaminación de los ríos. Las aguas están contaminadas y ni el estado ni las empresas que se hacen llamar responsables sociales quieren tomar esta papa caliente. La educación hasta el perno, la salud por los suelos. Gracias a la Misión Capuchina en Rocafuerte - Napo - Ecuador y a la Misión Católica de Santa Clotilde donde los Padres Oblatos de María y Norbertinos vienen ofreciendo una atención de salud de calidad hace más de 35 años. Se necesita que nos sentemos todos a trabajar con la nación kichwa. Apuesto por un diálogo y un Plan de Vida Kichwa de los pueblos del Napo Ecuatoriano y Peruano. La Carta de Tarapoto del 01 de mayo del 2017 ha abierto hoy para toda la Amazonía una nueva actitud y desafío a través de la Red Pan Amazónica (REPAM): “como detener el proceso de destrucción de la Amazonía”, señala.