La sublevación de Jeberos: ¿Proceso precursor de las luchas por la Independencia en la Amazonía?

Pilar Valenzuela

Cuentan que antiguamente la población indígena de Jeberos padecía bajo el yugo invasor. Los españoles los obligaban a trabajar desde el amanecer hasta muy tarde, castigándolos con azotes y otros maltratos. Los dos españoles que tenían a su cargo el control de los jeberinos eran Apu’tek y Sekputchek. Dice que Sekputchek era extremadamente miserable, no se conformaba con nada. Explotaba sin cesar a los hombres y no les permitía descansar ni un instante, los obligaba a trabajar hasta que oscurecía y los grillos cantaban chan chan chan…. Como Sekputchek les daba muy poco de comer la gente pasaba hambre. Las viejitas lloraban y los muchachitos, al ir al monte en busca de mitayo, eran devorados por las fieras.

En medio de tanta desventura, una mujer shiwilu de nombre Malallina decidió hacer algo al respecto. Preparó su chicha punta1 e invitó a beber a los hombres que iban camino al trabajo. Tras ofrecerles la bebida, Malallina los incitó a sublevarse en contra de los españoles. Inicialmente algunos hombres la cuestionaron, pero ella los increpó diciéndoles que los shiwilu debían ser valientes y liberar a sus familias y a sí mismos del sometimiento en el que vivían. Malallina les indicó que se armaran de mazos para dar muerte a los de habla española. Luego hicieron venir a los yupaneros. Y así, yupaneando y tocando sus tambores salieron en busca de sus explotadores. Apu’tek divisó a los shiwilu desde lejos y al darse cuenta de sus intenciones se escondió y luego huyó hacia el río Pampayacu. Los shiwilu no pudieron alcanzarlo. Sin embargo, hallaron a Sekputchek y le dieron muerte.

Una vez alcanzado el triunfo, Malallina reunió a quienes no se habían adherido a la sublevación y les recriminó su cobardía. Finalmente, los expulsó de Jeberos ya que sólo los valientes merecían ser parte del pueblo. A los expulsados no les quedó más opción que irse a vivir lejos, a los cerros, donde permanecieron por mucho tiempo.

Cuando habían pasado unos veinticinco años Malallina falleció y, poco después, los que habían sido expulsados regresaron a Jeberos y solicitaron su reincorporación al pueblo. Las nuevas autoridades aceptaron recibirlos pero les indicaron que debían construir sus casas en la parte baja. Asi, Jeberos quedó dividido en dos partidos, Winen ‘Barrio Alto’ y Chilen ‘Barrio Bajo’. Quienes no lucharon con Malallina ocuparon el Barrio Bajo. Desde entonces los pobladores de Jeberos ya no pandillaban juntos. Los habitantes del Barrio Bajo iban a pandillar por el Barrio Bajo; los habitantes del Barrio Alto iban a pandillar por el Barrio Alto. Asimismo, había policías para el Barrio Alto y policías para el Barrio Bajo. Organizados de esta manera vivieron por muchos años. Desde entonces los barriobajinos se rabian cuando los barrioaltinos van por su sector del pueblo. Y cuando los barriobajinos pasean por el Barrio Alto, las mujeres y los hombres barrioaltinos también se rabian. Ambos grupos se desprecian mutuamente hasta el día de hoy. No se quieren mucho.

La historia que acabamos de leer está basada en un par de textos recogidos originalmente en lengua shiwilu, en el pueblo de Jeberos, en 2010. El narrador es el Sr. Meneleo Careajano Chota (Valenzuela 2012: 161-170). Muy probablemente estos textos se refieren al momento de la sublevación indígena que tuvo lugar en Limpia Concepción de Jeberos, el 2 de enero de 1809. Según nos lo relata el recordado José Barletti (2011), como era costumbre en la misión, el domingo 1 de enero se había llevado a cabo la elección de las autoridades indígenas. Era pues de esperar que las celebraciones populares se prolongaran hasta entrado el día siguiente, por lo que el día 2 no era considerado laborable. A pesar de ello, el gobernador Diego Calvo, sucesor de Requena, ordenó que los indígenas trabajaran ese dia. Siguiendo estas órdenes, el soldado Juan Ortiz, Teniente Gobernador de Jeberos, intentó hacerlos trabajar. Al no ser obedecido, Ortiz pateó una tinaja que contenía chicha punta y la rompió. Entonces, los pobladores del Partido Alto arremetieron contra Ortiz, quien murió poco después en Lagunas producto de dicho ataque. La segunda autoridad de Maynas, José Francisco Benítez, resultó con el brazo roto. El gobernador Calvo huyó de Jeberos. Poco después, el 15 de enero del mismo año, se produjo la sublevación en Lagunas.

Como podemos observar, existen varias coincidencias entre la versión recogida en Jeberos en 2010 y aquella proporcionada por Barletti (2011) en base al análisis de fuentes históricas: la explotación de la población indígena de Jeberos por parte de los españoles, la referencia a la chicha punta, la sublevación de los jeberinos, específicamente los del Barrio Alto, la no participación en el levantamiento de los pobladores que corresponderían al Barrio Bajo, el ataque al poder colonial y el consecuente abandono de Jeberos por parte de las autoridades españolas.

Como otras misiones de Maynas, Limpia Concepción de Jeberos tenía una composición multiétnica. Además de los shiwilu/jebero, que eran la mayoría y ocupaban el Partido Alto, vivían allí reducidos los llamados “cocamilla, cutinana, ataguate, aunale, jívero, ticuna y mayoruna” (Chantre y Herrera 1901: 142 y Roth 1995: 111, en Valenzuela 2012: 31-32). Aunque la división de la misión en dos partidos proviene de una etapa bastante anterior al evento aquí tratado, es interesante notar que la versión shiwilu atribuye la organización de Jeberos en Barrio Alto y Barrio Bajo al papel que sus pobladores habrían cumplido durante el levantamiento. Asimismo, se da cuenta de las relaciones conflictivas entre los miembros de los dos barrios que, en menor medida, perviven hasta el día de hoy (Julou 2000: 195).

Detengámonos ahora a revisar el contexto en el cual brota el levantamiento de Jeberos. Con la expulsión de los Jesuitas en 1767 la Corona española pretendía lograr un mayor control de los territorios de Maynas. No obstante, el resultado fue muy distinto, pues se produjo un gan vacío de poder y surgieron contradicciones entre la autoridad religiosa y la autoridad político-militar. La crisis por la que ya atravesaban las misiones en la época de control jesuita se agudizó. Asi pues, los pueblos más antiguos como Jeberos, Chayahuitas y Santa María de Cahuapanas sufrieron un descenso poblacional todavía mayor, en tanto que los pueblos menos consolidados se desintegraron rápidamente. Su población, aunque ya catequizada, se dispersó y volvió a su modo de vida independiente (Fuentes 1988: 20). Posteriormente la catequización de las reducciones fue encargada a los franciscanos de Quito, a sacerdotes del clero secular y a los franciscanos de Ocopa. Sin embargo, estos carecían de los recursos humanos, logísticos y económicos que les permitieran ejercer control sobre tan vasta región (Santos-Granero y Barclay 2002: 29). En muchos casos estos religiosos carecían adicionalmente de la formación, motivación y disciplina que había caracterizado a los Jesuitas. Veamos lo que dice Francisco Requena acerca de los sacerdotes seculares:

“Para suceder (a los jesuitas) se determinaron clérigos de Quito….no hallándose para llenar el numero necesario, se empezaron a ordenar jóvenes sin la inteligencia, vocación y virtudes… unos se desertaban antes de verificar su marcha, otros entraban por un río en las Misiones y salían por otro inmediatamente y eran pocos los que en ellas permanecían… Como mercenarios se apropiaban para sí, con codicia, cuanto hacían contribuir a los indios, con el pretexto de adornar el templo del Señor” (Informe de Francisco de Requena, en Fuentes 1988: 20).

En 1804 se creó el Obispado de Maynas, que comenzó a funcionar recién en 1808 con la llegada de Sánchez Rangel. En el mismo año de 1804 Jeberos se convirtió en la capital administrativa, militar y religiosa de toda la Maynas colonial, luego de que la región fuera reincorporada al Virreinato del Perú al crearse la Comandancia General de Maynas en 1802. Aunque ubicado en plena selva, Jeberos tenía la ventaja de encontrarse en la parte media de la vía terrestre entre Moyobamba y el río Marañón. Se trataba, pues, de una misión hasta entonces bastante pacífica, habitada por indígenas cristianizados desde hacía mucho tiempo (Valenzuela 2012: 34-35).

Pero mantener el poder español significaba una carga en extremo pesada para los indígenas de Jeberos, quienes sufrían ahora una mayor explotación tanto por parte del poder religioso como del poder político-militar. Como afirma Fuentes (1988: 22), “los curas, gobernadores y soldados los oprimían constantemente, apropiándose de su trabajo, de sus productos y aun de sus mujeres”. Ahora bien, sorprende que Fuentes señale el 24 de junio de 1809 como el día de la sublevación de Jeberos. Este autor se refiere también a la importancia de dicha fecha, ya que se trataba de la fiesta de San Antonio2. Las celebraciones religiosas traían consigo la concentración temporal de una población que normalmente se hallaba dispersa (1988: 22-23). La fecha mencionada por Fuentes es mucho más cercana a la posterior expansión regional de los levantamientos de Jeberos y Lagunas. Como consecuencia de estos, las autoridades españolas abandonaron Jeberos y trasladaron la capital a Moyobamba en 1812. En 1837 se crea la Provincia Litoral de Loreto y en 1868 el departamento del mismo nombre. En 1897, ya en pleno auge gomero, la capital se traslada a Iquitos.

Para cerrar esta nota, veamos cuáles pudieran haber sido las motivaciones que condujeron a los shiwilu/jebero a levantarse contra los españoles. Según el gobernador Calvo, la responsabilidad recaería en el obispo y los religiosos bajo su mando, quienes habrían instigado a los indios a sublevarse y desalojarlo de la Gobernación. Por otro lado, una interpretación reciente sostiene que este hecho no debe entenderse como un intento de los indígenas por volver a su vida independiente, sino más bien “como un reclamo de lo que había significado para ellos la época jesuítica” (González 2015: 263). Así pues, “la ‘adaptación’ de los indios cristianos a las doctrinas de los jesuitas se convirtió en una ‘integración’ de valores, costumbres y necesidades que fueron las que les llevaron a rebelarse contra una inversión de aquellos” (González 2015: 264; ver también Julou 2006: 65). Finalmente, Barletti (2011) nos propone una explicación muy distinta a las anteriores: La sublevación de Jeberos, dice Barletti, no sería una simple reacción a la opresión española sino, posiblemente, un verdadero alzamiento anticolonial con el fin de recuperar, de una vez por todas, la conducción de sus propios destinos. Se trataría pues de “un objetivo que estuvo presente desde los primeros levantamientos y en todas la fugas, es decir, la voluntad de la gente indígena de recuperar su ancestral relación de armonía con la naturaleza”. Bajo esta última interpretación, el levantamiento de Jeberos podría ser visto como un proceso precursor de las luchas por la Independencia en la Amazonía.


Notas

1. Barletti (2011) se refiere a la chicha punta como la “bebida ritual del pueblo Jebero que consiste en una mezcla de masato y chicha de maíz”.

2. Posteriormente, entre la población mestiza se sustituye la celebración de la fiesta de San Antonio por la de San Juan (Fuentes 1988: 23).

 


Referencias bibliográficas

Barletti, José. 2011. “El levantamiento indígena amazónico de Jeberos y Lagunas de 1809”. Ms. Chantre y Herrera, José. 1901. Historia de las misiones de la Compañía de Jesús en el Marañón. Madrid: Imprenta de A. Avrial.

Fuentes, Aldo. 1988. Porque las piedras no mueren. Historia, sociedad y ritos de los chayahuita del Alto Amazonas. Lima: Centro Amazónico de Antropología y Aplicación Práctica.

González, María Luisa. 2015. “Un lugar para los shawi en la historia de Maynas”. En Anthropologica XXXIII (34), pp. 249-266.

Julou, Ronan. 2000. “Les “prédateurs” d’histoire ou la reconstruction du passé par les Indiens Jebero”. Bulletin d’Institut Français d’Études Andines, 29 (2), pp. 189-214.

Julou, Ronan. 2006. L’autre en soi. Interiorisation de l’alterite et metamorphose identitaire chez les jebero d’amazonie peruvienne. Thèse doctorale. Paris: EHESS.

Roth, Alexandra. 1995. “The Xebero “Indios Amigos”? Their Part in the Ancient Province of Mainas”. En M.S. Cipolleti (coord.). Resistencia y adaptación nativas en las tierras bajas latinoamericanas, pp. 107-122. Quito: Ediciones Abya-Yala.

Santos-Granero, Fernando y Frederica Barclay. 2002. La frontera domesticada: historia económica y social de Loreto, 1850-2000. Lima: Fondo Editorial Pontificia Universidad Católica del Perú.

Valenzuela, Pilar. 2012. Voces shiwilu: 400 años de resistencia lingüística en Jeberos. Lima: Fondo Editorial Pontificia Universidad Católica del Perú.