Las carreras interculturales en el centro de la discusión política y académica

Heinrich Helberg Chávez

Las carreras interculturales contienen el contenido del enfoque intercultural aplicado a las ciencias y por eso serán objeto de máxima atención y de una amplia discusión académica y social. Porque la renovación que se propone es profunda y radical. Ya lo demuestra la discusión en torno a la lingüística del habla en contraste con la lingüística de los sistemas gramaticales. La una orientada a la comprensión y la otra a la corrección gramatical. Es esa discusión, sin embargo, la que más interesará a los docentes universitarios, porque toca sustancia, no solo la materia que enseñan, sino también su propia personalidad. Ya que muchos han basado su auto comprensión en la comprensión de sus ciencias y ahora todo eso va a cambiar.

Las universidades tienen que formular sus objetivos y estrategias cuidadosamente y cuidar también de formular aquellas competencias generales, de carácter transversal a las carreras, porque son esas las que enuncian el espíritu de la universidad. El contexto en que se dan esas formulaciones de objetivos generales de la universidad como los objetivos de las carreras es amplio, incluyendo la renovación científica, el intercambio cultural, el crecimiento económico y las ideas de renovación social.

Los objetivos de la universidad no podrán formularse solo en relación con la formación profesional y la colocación de egresados en el mercado laboral, eso es estrecho e intrascendente. Tendrán que formularlos en relación con la gestión del conocimiento en el tipo de sociedad que avizoren para que los objetivos estén de acuerdo con los objetivos sociales que propongan.

Y en la situación política actual será necesario optar por un proyecto social que represente una opción válida, en el contexto internacional. Si el “american way of life” es solo para los norteamericanos y ya no se trata de un país con opciones para todos, sino solo para, digamos así, “los socios fundadores”, los sueños de ser parte del gran “sueño norteamericano” se acabaron y Europa se ve obligada así a velar por sí misma y replegarse sobre sus propias culturas para enfrentar al terrorismo fundamentalista. Y entonces la propuesta latinoamericana tiene que ser una opción amplia y aceptable para todos: la sociedad de la convivencia intercultural. En oposición al racismo y los fundamentalismos, lo que supone desarrollar intercomprensión. Y es en función a ese gran objetivo político que hay que formular los objetivos de la construcción de conocimiento y de las carreras.

Es en relación con este gran objetivo que las universidades deben de definir el enfoque que le dan a cada carrera, si éste es intercultural o si no es aplicable y de serlo, que misión cumple la carrera en la sistemática de carreras interculturales que maneje, las cuales tienen como objetivo máximo la conservación de la Vida, el supuesto de la supervivencia humana como especie y de su ideal político de convivencia intercultural y solo entonces pueden definir las competencias que contribuyen a esa misión de la carrera y al objetivo máximo.

Esto significa que todas las carreras deben alinearse bajo estos objetivos, lo que de por sí ya traerá en algunos casos cambios sustanciales en la concepción de la carrera y cada carrera se encargará de la gestión en su campo. Así por ejemplo la economía tendrá que alinearse bajo el objetivo de la sostenibilidad del Sistema de Vida.

Tenemos, por lo tanto, a un sistema cognitivo bajo un objetivo práctico, cuya evidencia es innegable y que expresa un bien común. Es decir, no puede ser tratado al mismo nivel que los objetivos prácticos que interfieren con la persecución de la verdad y la desvirtúan. Todo lo contrario, sostener la vida es condición previa de la persecución de la verdad y condición para el logro de la sostenibilidad social. La consecuencia es que la sociedad hay que concebirla como proyecto con objetivos comunes a los que deben alinearse todos los componentes sociales.

En el caso del Perú el objetivo que podría unificar a la sociedad peruana, suponiendo que se logre consensuarlo, es la convivencia intercultural y un conjunto de ambiciosos proyectos, como usar de la diversidad biológica para construirse una economía a escala mundial, aprovechando de su diversidad cultural y de la posibilidad de renovar desde dentro los sistemas cognitivos para que sean interculturales, superar las inequidades sociales y las barreras legales y prejuicios que traban hoy su desarrollo.

Esto implica usar de las culturas pedagógicas que ya tienen los pueblos para formar a sus futuras generaciones, como ya lo propone el Ministerio de Educación (DIGEIBIRA), enriqueciéndolas con los componentes que requiera su proyecto social, a la vez que lo respalda con un verdadero sistema de salud y de seguros que permiten por un lado usar de todas las estrategias de salud que su población maneja y ya usa efectivamente, en pie de igualdad con la biomedicina, así como asegurar a todos condiciones básicas para que puedan desarrollar sus existencias, sus proyectos, en libre competencia, de manera que se encuentre un buen equilibrio entre la seguridad y la competencia.

La competencia es necesaria no como un valor del mercado, sino porque impulsa la creatividad. Y el desarrollo de los pueblos debe basarse en su propiedad intelectual y su creatividad y no en su mano de obra (barata). Porque eso prolonga estados de coloniedad y sumisión. Y es por eso que es importante que las universidades desarrollen alianzas con los pueblos y asuman un rol de asesores y facilitadores de su desarrollo. Y para eso tienen que replantear sus carreras y asumir el paradigma de la interculturalidad en la gestión, en la pedagogía y en los contenidos de las carreras. Es eso lo que les dará un perfil propio en el contexto de la producción científica y cultural internacional.

Eso puede requerir de un sistema financiero que soporte las iniciativas basadas en conocimientos locales y tradicionales con préstamos de capital a bajísimo interés, de manera que lo decisivo para el desarrollo de una empresa sea tener el conocimiento y el proyecto y no el capital financiero. De manera que el desarrollo se base en el potencial propio de los pueblos y su conocimiento, en su raigambre territorial y su capacidad de gestión ambiental y no solo en la importación de capital.

La medicina intercultural

La medicina intercultural lo tiene fácil porque a diferencia de otras disciplinas, en este caso, todas las culturas comparten un mismo concepto de salud, que es la salud entendida como un equilibrio que es biológico, social, psicológico y agregan con frecuencia también espiritual.

Por eso la medicina intercultural requiere de una filosofía o más específicamente de una hermenéutica que analice y entienda la salud, como la entienden los pueblos en sus lenguas. Y allí se verá claramente que la salud puede ser afectada por asuntos emocionales, por situaciones difíciles e insostenibles, por situaciones insoportables en las que nos hemos metido o por personas que literalmente nos enferman. Glenn Shepard, especialista en matsigenka, dice que los matsigenka manejan su sistema de salud como un sistema ecológico, por aproximaciones y que averiguan las causas posibles de una enfermedad como un sistema ecológico.

Y si vemos a su costado como enseñamos a los niños a reconocer dolor, veremos que se introducen criterios como la ubicación, la duración, la intensidad y las causas. Esos son criterios controlables, mientras que al costado los gritos y lloros son la expresión de dolor, el lado subjetivo e inalcanzable de la experiencia. Lo interesante es la combinación de elementos subjetivos y los objetivos, y que se puede observar que hay barreras en la percepción del dolor, que son barreras cognitivas, barreras sociales/culturales y barreras emocionales. Es decir que hay veces que no sentimos dolor, porque no nos dimos cuenta que estamos heridos, o porque en nuestra cultura no se conoce ese tipo de dolor, y entonces no nos damos cuenta del dolor que sentimos y no reaccionamos.

Uniendo ambos aspectos podríamos entonces replantear las maneras cómo enfermamos y qué estrategias ha desarrollado la humanidad para prevenir y/o aliviar la situación. Y eso nos daría una comprensión mayor de los mecanismos que funcionan cuando nos sentimos mal/ nos hacen sentir mal, y hasta cuando hacemos que otros no se sientan bien y eso también repercute en nosotros. En el conocer los detalles está la solución.

Matemáticas interculturales

En el caso de las matemáticas, es conocido que los pueblos desarrollan sus propias matemáticas, de las que se ocupa mayormente la etnomatemática. Y esas matemáticas están firmemente ancladas en los lenguajes y las culturas que les proporcionan el aparato lógico conceptual que las sustenta; sin el lenguaje cotidiano no tendrían las distinciones conceptuales como identidad/no-identidad, igual/distinto, cantidad, igualdad/diferencia, calidad. Y los números y cuantificadores funcionan en los lenguajes naturales como deícticos que permiten ordenar el mundo. De manera que los axiomas de las matemáticas teóricas nos son sino un reflejo de esa compleja gramática de las lenguas naturales.

En la antigua Grecia se introdujo la diferencia entre las matemáticas teóricas que buscaban soluciones para ciertos problemas matemáticos a partir de axiomas, de los que se derivaban las pruebas de los teoremas que querían probar, al modo geométrico, es decir recurriendo solo a la imaginación matemática, y no a mediciones como aproximaciones a lo que se quiere probar. Y se encontró que ese procedimiento era el científico y eso orientó el desarrollo de las matemáticas en el mundo occidental. Pero nada impide que regresemos a las matemáticas prácticas, porque la aplicación de los sistemas matemáticos es otra manera de poner un sistema matemático a prueba, y que, como es conocido, a algunos matemáticos les interesa que tengan aplicabilidad sus propuestas y a otros matemáticos formalistas no les interesa, desisten de tomar en cuenta la aplicación y solo les interesa la consistencia interna del cálculo. Pero la prueba social para un sistema matemático es su aplicabilidad y puede existir rivalidad entre sistemas sobre cuál puede describir mejor un fenómeno. Y es ese interés el que daría vida a las matemáticas prácticas.

Historia intercultural

Nathan Wachtel con su trabajo fundacional sobre la visión de los vencidos dio a luz a la posibilidad de escribir otra historia, una historia de todas las voces, en la que aparecieran no solo las perspectivas de todos los actores, sino que se siguiera por dentro la manera cómo se construyen realidades sociales en la interacción de distintas maneras de entenderla/no entenderla, de los malentendidos que se producen desde percepciones distintas y de cómo se liman posiciones o unas terminan dominando unas a otras, cualquiera sea la dinámica social.

El trabajo de Paula Restrepo sobre la conquista mexicana es un tipo de ejercicio en este sentido, que podría aplicarse a la historia de la conquista del Perú también. Y así dos mundos se enfrentan en un choque brutal de interpretaciones distintas, pero que pronto, muy pronto empiezan a hacer cada parte jugadas a la otra, sobre ciertos supuestos, que pueden o no ser efectivos y así los actores terminan acercándose.

Si en un principio ambas partes producen errores de categorización lógica, tomando al “otro” como a un extraño absoluto, en sus dos opciones opuestas: como dioses o como subhumanos, muy pronto se dan cuenta de sus asunciones eran equivocadas y emplean entonces otros esquemas categoriales para orientarse en la interacción, y la historia tendría que contarnos eso.

La historia sin embargo tendrá que reflexionar sobre su propio concepto, porque no es un concepto inocente. Hay por cierto distintas concepciones de la historia y no siempre es equivalente al devenir, sino que puede tener un inicio y una resolución, cuando se la piensa como historia de lucha de clases. Y por eso hay una pre-historia y habría una post-historia. La prehistoria está dominada por los pueblos tribales cuya economía está enteramente organizada por la política, por las reglas de reciprocidad y solidaridad, mientras que el desarrollo de la historia mismo lo impulsa la economía de mercado que produce nuevas formaciones socio-económicas como solución a los problemas de las anteriores.

Y la historia intercultural tendrá que reflexionar sobre su propio concepto e imaginar soluciones a la convivencia social, evitando que la concepción evolucionista de la historia se infiltre, como se ha infiltrado en casi todas las concepciones de la historia, que tienen a unos pueblos por más desarrollados que otros, de lo que resulta que los pueblos indígenas son muestras de etapas superadas por la humanidad, son muestras del retraso, cuando en realidad todos los pueblos tienen la misma antigüedad, y todos conocían lo que significaba vivir con estructuras de poder, y cómo eso afecta la vida negativamente, aunque traiga la promesa de bienestar económico. Promesa que siempre es traicionada y es excluyente, porque así funcionan las sociedades de clases. Pero los pueblos tribales no solo tenían noticia, visitaban esos centros de poder, sino que también los visitaban a ellos, y sufrían amenazas.

Pero si no optaron por reproducir estructuras de poder internas para incrementar la producción, eso fue por una decisión política, que tuvieron que mantener muchas veces no solo con negociaciones sino con la guerra. Y entonces el motor de la historia no es como se supone la tecnología y el desarrollo de la economía, ese es el sueño de una parte de la humanidad, que acepto violentarse a sí misma, que aceptó la subyugación, mientras que la otra parte de la humanidad mantuvo la autonomía total de la persona como principio y lo mantienen hasta ahora. Pero la historia intercultural tendrá entonces que ayudar a conformar la convivencia intercultural como el proyecto político capaz de unificar al país.