Ponernos de acuerdo en la historia de Iquitos

Autor: 
José Barletti

De los editores.

En momentos en que aparentemente la crisis republicana toca fondo, respecto del indulto y la reconciliación, y los caminos a emprenderse parecen inciertos, porque no otra cosa podemos pensar con una medida absolutamente impopular y tomada entre gallos y medianoche, transgrediendo elementales principios de justicia y con una suerte de quid pro quo, venimos en la Amazonia a celebrar un año más de la creación del puerto fluvial de Iquitos.

 5 de enero, de expectativas y acomodos, del que el pueblo amazónico espera tener resultados con los comicios electorales que se avecinan y en el que nuevamente tendremos festivales de ilusiones.

Esta es una ocasión para recordar a José Barletti, ido demasiado temprano y de quien en fecha tan significativa compartimos su invalorable artículo.

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Es indispensable lograr una interpretación común de nuestro pasado para así poder comprender el presente, aunque lo más importante del quehacer histórico siempre es imaginar y construir el futuro.

Va una propuesta de interpretación histórica:

1. Es muy conveniente que el 5 de enero se conmemore el Aniversario de la ciudad de Iquitos, porque la presencia de nuestra Marina de Guerra dio lugar a que se comenzara a construir la ciudad. Además, y no es poca cosa, con la llegada de la Marina de Guerra a este lugar, una institución del Estado peruano se asentó físicamente, definitivamente, a orillas del Río Amazonas. Por esta razón la conmemoración del Aniversario de Iquitos el 5 de enero, conlleva el reconocimiento a la Marina de Guerra del Perú.

2. Es conveniente que el origen de la ciudad de Iquitos sea ubicado cronológicamente no en el período republicano, sino en el período colonial.

3. Este lugar, en un momento determinado, comenzó a llamarse Iquitos porque aquí vivían familias del pueblo indígena Ikitu (Así se escribe ahora y así debe escribirse porque así corresponde teniendo en cuenta el alfabeto normalizado aprobado en el Congreso del pueblo Ikitu que se llevó a cabo en el 2014).

4. Fue entre los años 1785 y 1788 que a este lugar se le dejó de llamar "Napeanos" para comenzar a llamársele "Iquitos".

5. A partir de 1788 la denominación "Iquitos" se instaló definitivamente en la toponimia nacional y de nuestro Planeta para designar al poblado aquí asentado. Así, 50 años después, exactamente el 18 de octubre de 1828, llegó a este poblado de 59 personas, procedente de Moyobamba, capital de Maynas republicana, el Cabo José María Ruis, trayendo la Constitución Peruana, aprobada en 1826, para que sea "jurada". En el acta, Manuel Ramírez, teniente gobernador de Iquitos, escribe lo siguiente: "certifico de cómo se practicó el juramento de la nueba Constitución con la llegada del Cabo 1º. don José María Ruis, en junta de la municipalidad y demás gobernados de este pueblo de mi mando y moradores". Siguiendo las instrucciones que traía el visitante, el teniente Gobernador Manuel Ramírez escribe el “Padrón de los "estantes y auitantes" (sic) del pueblo de Iquitos”. Curiosamente, han desaparecido los apellidos Ikitu que figuran en el padrón. Ya no hay personas que se apelliden "Serón", "Sajetanapa", "Naguanuto", "Lunio", "Nosuno", "Nautino", "Tanan", “Sucute”, “Moige”, “Sica”, “Siguto”, “Muito”, “Canoja”, “Mui”. Por otra parte, en una novela de la Literatura Universal, titulada "La Jangada", escrita por el francés Julio Verne, el nombre "Iquitos" designa al poblado donde había hecho su "fazenda" el brasilero Joao Garrard y donde transcurre la larga primera parte del relato. La descripción de Verne no deja ningún lugar a dudas sobre las características de este lugar.

6. Las familias Ikitu, que fueron establecidas aquí en 1759 por los misioneros jesuitas, tenían su territorio ancestral en el Alto Nanay (Ríos Pintuyacu y Chambira). El lugar donde está hoy la ciudad de Iquitos era parte del extenso territorio ancestral del pueblo Yameo, que se iniciaba en el Bajo Tigre y llegaba hasta la desembocadura del Río Napo. Vale decir que las familias Ikitu fueron sacadas de sus territorios ancestrales para ser obligadas a asentarse a orillas del Amazonas. No querían venir a vivir acá por temor a contagiarse con las enfermedades (sarampión, gripe, viruela) traídas por los europeos. De hecho, a los pocos años de estar establecidos aquí hubo una fuerte epidemia que dio lugar a una notable disminución de la población.

7. Es muy probable que, cuando nuestra Marina de Guerra instaló aquí su "Factoría", los foráneos ocuparan la parte céntrica del poblado, dando lugar a que las familias Ikitu retornaran a su territorio ancestral en el Alto Nanay. Este tipo de desplazamiento "voluntario" lo encontramos en otros lugares como en la hoy ciudad de San José de Sisa, capital de la provincia de El Dorado, de la Región San Martín. Sucedió que, a mediados de los años 1800 (siglo XIX), ya entrada la República, un grupo de familias del pueblo indígena Lamas se fueron a vivir a orillas del Río Sisa para no continuar entregando el fruto de su trabajo a los patrones de la ciudad de Lamas. Tiempo después, familias blanco-mestizas de Lamas hicieron lo mismo y se asentaron en el centro del poblado, creándose como capital distrital en 1877, dando lugar a que las familias indígenas abandonaran San José de Sisa, yéndose a vivir a otros lugares a orillas del mismo río, aunque la mayor parte conformaron el poblado hoy llamado Santa Cruz (me asalta la duda sobre el nombre de esta localidad, pero me da pereza revisar mis fuentes históricas).

8. La conmemoración del Aniversario de Iquitos, cada 5 de enero, debe llevarnos a renovar los esfuerzos por hacer de nuestra ciudad un centro articulador del progreso de todo su hinterland y de su periferia. Hasta ahora nos negamos a cumplir con esta tarea y por el contrario, profundizamos el centralismo haciendo de Iquitos una ciudad presupuestívora que se traga el presupuesto regional, dando lugar a que la migración desde el campo se incremente ya que no hay punto de comparación entre los servicios públicos de Iquitos y los que reciben las familias que pueblan las más de 2000 localidades rurales, muchas de ellas comunidades indígenas. En la ciudad de Iquitos el gobierno central construye faraónicos "colegios emblemáticos", pero no permite el funcionamiento de la educación inicial en cerca de la mitad de las localidades rurales, ni tampoco permite que haya las suficientes Secundarias rurales y las que existen son una estafa porque no cuentan con profesores y profesoras titulados en las especialidades de Secundaria. Tampoco pueden estudiar los jóvenes y adultos a quienes se les pasó la edad de estudiar. La educación especial se queda en algunas ciudades y dejan de ser atendidos los niños, niñas y adolescentes con discapacidad.

Algún día la elite de la ciudad de Iquitos dejará de mirarse al ombligo, escudándose detrás de sus odios y de sus rencillas, y verá las cosas más allá de sus narices. La delincuencia, la prostitución y la trata de nuestras mujeres, son expresión de una ciudad que no puede ni podrá atender la creciente demanda de trabajo. Los recursos naturales están esperando ser aprovechados y esto no se hace ni podrá hacerse en la ciudad de Iquitos. El progreso futuro de Loreto está en sus localidades rurales con sus bosques y sus cuerpos de agua. No está el futuro de Loreto en el petróleo que contamina las aguas, ni en los monocultivos que arrasan con los bosques. Sí está el futuro de Loreto en la recuperación y desarrollo de las tecnologías milenarias para hacer del bosque natural un bosque cosechable. Están listos los manuales con tecnologías que son resultado de la investigación científica para aprovechar los recursos. Ya hay colegios Secundarios rurales que los están usando. Ya están llegando a los colegios secundarios indígenas bibliotecas técnico productivas con esos manuales.

Mientras tanto, la mirada chiquitita y mezquina de la elite iquiteña no ayuda a ponerle norte a la agenda regional. Iquitos es una ciudad sin brújula. No lidera la Región. Solamente de nombre es “la capital de la Amazonía peruana”. Hasta ahora Iquitos no es cabeza de nada (capitis = cabeza). Como decía hace 125 años Samuel Palacios Mendiburu, "la sociedad de Loreto es una inmensa caravana que fue luchando por la vida y se detuvo allí, donde encontró inesperadamente realizadas las calenturientas fantasías de la miseria".