Para no olvidarnos de nosotros mismos: la educación rural en la Región Loreto

Autor: 
Prof. Gabel Daniel Sotil García

Loreto, nuestra región, con sus 368 851 95 km2 (27,7% de la superficie nacional) de extensión geográfica, es predominantemente rural. Salvo compactas concentraciones demográficas como Iquitos, Yurimaguas, Requena, Contamana, Caballococha, Nauta, etc., en las cuales se concentra el mayor porcentaje poblacional mestizo; todo lo demás expresa una contundente atmósfera de esencias rurales en cuanto a formas de vida sociocultural, en las cuales circulan libremente los espíritus del bosque que han impregnado toda la cosmovisión de quienes hacen su vida ligada al río, las cochas, el bosque, las estrellas y las aves que adornan sus cielos.

Esencias espirituales que jamás serán percibidas por quienes, hasta ahora, siguen tomando decisiones en el campo educacional. Es por ello que la educación formal que allí se desarrolla al interior de las instituciones educativas proviene de diseños elaborados para ambientes urbanos de nuestro país, con lo cual se revela la carencia de una política de desarrollo educativo pertinente para estas áreas, tanto en el nivel nacional como regional, dado que son las decisiones homogeneizantes las que se imponen en nuestra región.

Salvo los escasos intentos del Ministerio de Educación de diseñar programas para atender las áreas rurales de nuestro país, con muy poca pertinencia en nuestro caso, aún carecemos de una política educativa regional para la atención específica con programas coherentes con las características propias y diferenciales de la zona rural mestiza, sobre todo, elaborados con la necesaria fundamentación en sus características y necesidades. No ignoro la propuesta del programa “Secundaria en alternancia”, pero la considero insuficiente por su carácter focalizado.

Por ello es que es necesario reiterar un breve diagnóstico de la acción educativa que se viene desarrollando en dicha zona de nuestra región. El mismo podría ser expresado en los términos siguientes:

  • Hasta el presente las preocupaciones referidas a la educación rural amazónica se han agotado en la construcción de muy pocos centros educativos, con diseños y material de procedencia urbana, centrada fundamentalmente a aplacar las exigencias comunales antes que pensando en la calidad del servicio.
  • El currículo y el deficiente material didáctico con que cuentan estas escuelas son incompatibles con las respuestas que requieren los pueblos rurales, aunque sí funcionan como eficaces instrumentos de dominación ideológica e imposición cultural, dentro del marco homogeneizante dentro del que actúa la escuela.
  • Los locales escolares, los horarios, los calendarios, la dinámica institucional que caracterizan a la actual educación rural, expresan una total incongruencia con el entorno cultural, ecológico, económico, etc.
  • La calidad de la misma no ha merecido una real y auténtica preocupación por parte de nuestras autoridades regionales,
  • Las instituciones educacionales (escuelas) rurales vienen funcionando, sobre todo las de áreas mestizas, con roles y finalidades impuestas y descontextualizadas, razón por la cual no han respondido a las reales necesidades de desarrollo rural de nuestra región, a pesar del proceso de regionalización político administrativa en actual ejecución, aunque ya congelado en el nivel nacional.
  • Las normas que las rigen son las mismas que se aplican a las escuelas urbanas, a pesar de las profundas diferencias que hay entre éstas y las rurales.
  • El manejo político partidario que se hace de los nombramientos en las plazas laborales por parte de quienes están en el poder.
  • La formación pertinente de los profesores para que ejerzan una acción formativa coherente con las características humanas, sociales, culturales y ecológicas aún no se ha asumido en toda su trascendencia.
  • En suma, la falta de propuesta de proyectos elaborados ex profesamente para crear una educación con plena pertinencia.

Son estas características del funcionamiento de las instituciones educativas del medio rural las que nos han llevado a calificarlas como “escuelas esmeraldas”, por cuanto sólo sirven de adorno a las comunidades, con un muy pobre significado trascendente para el mejoramiento de la calidad de vida de sus vivientes.

Por lo tanto, se hace indispensable que todas las instituciones concernidas en la toma de decisiones dediquen un especial esfuerzo para diseñar esa política educativa diferencial y específica, que posibilite una acción formativa que garantice la calidad de dichos servicios como instrumentos para el logro progresivo de nuestro desarrollo humano regional, en consonancia con sus características esenciales: su forestalidad, su ruralidad y su multiculturalidad. Más aún ahora que el nuevo ministro de educación ha establecido las prioridades de su gestión y las decisiones homogeneizantes comiencen a llegar sin que tengamos propuestas desde nuestra realidad amazónica.

De otra manera, seguiremos ocupando los últimos lugares en cuanto a niveles de aprendizaje, tal y como venimos constatándolos en los reportes que del propio Ministerio de Educación se nos hace llegar (ECE-2016) cada año, resultados en los cuales el mismo ministerio es un factor de primer orden.

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