Coyuntura electoral: sin propuestas para organizar a la ciudadanía

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Autor: 
Comité editor

Este segundo número de Loreto: Expectativa y Desarrollo, coincide –por esas pequeñas cosas de último momento que siempre ocurren hasta en las mejores familias- con esa febril antesala vista en calles y plazas públicas del país a escasas horas de las elecciones regionales y municipales 2014, cuando los peruanos mayores de edad tendremos nuevamente la oportunidad de ejercer un derecho –y un poder- del cual no estamos conscientes y que se expresa en que una mayoría de los electores aún no ha tomado posición frente a este proceso, y frente a los candidatos. ¿Tendrá este comportamiento alguna importancia?

Una de las muchas secuelas del neoliberalismo económico re-implantado en el Perú desde hace más de 20 años, ha sido –a partir de debilitar el Estado peruano-, la creciente insostenibilidad y la paulatina desaparición, gracias a la corrupción reforzada simultáneamente desde el poder, de las instituciones de la sociedad civil.

Los viejos partidos políticos, “de alcance nacional”, dan cuenta de ello, al encontrarse arrinconados, política e ideológicamente, por la eclosión y la arremetida, generalizada en todo el país, de individuos asociados en alianzas personales electoreras, antes que en alianzas programáticas y que utilizando delirantes populismos para encandilar a las masas desorganizadas de ciudadanos, han capturado presidencias nacionales, regionales, y gobiernos locales. Los partidos de viejo cuño –incluyendo los de izquierda- han terminado extinguiéndose o sometiéndose como comparsa, cuando no como socios menores, a esa avalancha de las “fuerzas”, “movimientos” y “frentes” que pululan en todo el país.

En estas nuevas elecciones candidatos y electores se plantean explícita o implícitamente, qué hacer frente a la inseguridad ciudadana, un fenómeno social de escala planetaria que se ha instalado en nuestras ciudades de todo tamaño. Y los candidatos, prestos y atentos como los obliga su código de oportunismo electoral, ofrecen (según una muestra de planes de gobierno de los principales “movimientos” regionales revisados) desde el incremento del cuerpo de serenazgo respectivo, hasta formidables convenios con la Policía Nacional, sin detenerse a explicar a la ciudadanía cómo se financiarán tales iniciativas.

Pero: ¿Cuál es el problema más álgido en nuestras ciudades? ¿La inseguridad ciudadana o la corrupción? ¿O son las dos caras de un mismo problema?

Ninguno de los planes de gobierno revisados, por ejemplo, correspondiente a los candidatos a la Municipalidad de Maynas, esboza, ni remotamente, una propuesta de organizar a la ciudadanía, para el trabajo conjunto y preventivo no solo frente a la ola delincuencial que se ha desatado en la capital provincial sino frente a problemas más urgentes como la educación y la salud.

Organizar a la ciudadanía puede resultar peligroso, por lo que resulta más conveniente mantenerla a la expectativa, lejos, desarmada, y recibiendo viles prebendas: un poco de ayuda para el barrio, algo de cemento y ladrillo para la comunidad (si es que demuestra haber votado por el candidato), tal vez un puestecito para el pariente del dirigente de base o para el partidario de más influencia en el movimiento, mientras que muchas de las flamantes autoridades (relegidas o no) y sus más cercanos socios, iniciarán el nuevo ciclo de cuatro años, en el cual pasará de todo menos la solución de los problemas urbanos y regionales.