La Amazonía en el Peru (2)

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Autor: 
Prof. Gabel Daniel Sotil García

Todo este proceso de toma de conciencia de nuestra condición regional respecto al resto del país ha venido siendo trabajado en la intimidad de cada hogar loretano y en los ambientes sociales, habiendo, además, recibido el aporte de sucesos políticos, culturales, económicos, administrativos, etc., regionales, nacionales y mundiales, que han contribuido a que en nuestra región hayamos venido adoptando actitudes muy poco comprendidas por los gobernantes y sociedad civil peruanos.

Pues, vista la región en su conjunto desde la perspectiva de los prejuicios geográficos, raciales, culturales, etc., vigentes y frutos de la ignorancia sobre nuestra realidad, la Amazonía aún no logra ser percibida como lo que es sino como se cree que es.

Y esto lleva a que se tomen decisiones absolutamente erradas respecto a sus actuales condiciones, como lo podemos comprobar en los más recientes periodos gubernamentales nacionales, durante los cuales la mayoría de decisiones tomadas ha terminado siendo instrumento para ampliar y profundizar nuestros problemas ecológicos, psicológico-sociales, económicos, socio-culturales, etc., evidencias de las cuales están a nuestra disposición en estos precisos momentos en el acontecer nacional.

Es decir, nuestra Amazonía no deja de ser percibida con los iniciales mitos ideológicos generados por el conquistador europeo, a los cuales se han adicionado otros creados por sus herederos políticos, a los que ya hemos hecho referencia

En el marco de este racismo formalizado en nuestro país, nuestra región no deja de ser un escenario a ser conquistado, en el cual se viene experimentando sucesivamente las extrapolaciones de modelos foráneos, incompatibles con nuestra realidad, en un vano intento por forzar su realidad para adecuarla a tales esquemas. Por lo tanto, siempre signados por el fracaso.

Racismo que también se expresa en la desconfianza que nosotros, los mismos amazónicos, tenemos en las capacidades de los pueblos y personas originarios de esta región para buscar y encontrar soluciones a nuestros propios problemas.

La visión del conquistador europeo aún perdura tanto en los agentes de los gobiernos centrales y regionales, hasta hoy elegidos, como en las personas e instituciones que se acercan a la Amazonía, víctimas de engaños o prejuicios con los cuales justifican sus agresiones y ansias de dominación.

En vez de acercarse a ella para tener un mejor conocimiento y comprensión de su realidad y potencialidades, se ha optado, en el ámbito nacional, oficial y no oficial, por imaginarla atribuyéndole características que no tiene, pero que sirven de referentes a la hora de tomar decisiones con respecto a ella.

Una de las cuales es, precisamente, el considerar un absoluto ignorante al poblador nativo, carente de todo conocimiento válido, a quien hay que enseñar a vivir en su ambiente, desconociendo el valor de sus grandes y milenarias conquistas como, por ejemplo, la relación armoniosa, de equilibrio, que supo establecer con la naturaleza; el percibirse como parte consustancial de ella, su cosmovisión forestal, la consideración del bosque como un valor, la curación de enfermedades a partir del uso de infinidad de plantas, la domesticación de animales y plantas, el descubrimiento de técnicas agrícolas (policultivo, rotación en el uso del suelo, etc.), el conocimiento de las propiedades de las plantas (alimenticias, medicinales, psicotrópicas, ornamentales, etc.), uso agrícola adecuado de los suelos de acuerdo a sus propiedades (en lo que pudiéramos calificar de uso práctico de la zonificación económica ecológica, de reciente descubrimiento en la ciencia occidental), uso racional de los recursos forestales (en lo que podríamos denominar uso sustentable de nuestros recursos), etc., que, de ser valorados por las actuales generaciones, tendríamos allí todo el universo de conocimientos, ya validados pues por ellos los Pueblos Indígenas han sobrevivido miles de años.

Conocimientos que requerimos para construir un modelo de desarrollo coherente con nuestras características regionales, acervo que, enriquecido con los aportes científicos y tecnológicos actuales, nos permitiría una mayor eficacia y eficiencia sociales para construir nuestro futuro con la más sólida fundamentación factual, en el marco doctrinal del desarrollo sostenible e intercultural.

Nosotros los amazónicos mismos hemos caído en la trampa de la falsa percepción y, hoy, el actuar colectivo de los mestizos, traduce no sólo el más profundo desprecio de aquel acervo cognoscitivo ancestral que yace en las comunidades indígenas y ribereñas sino, también, un profundo desconocimiento de nuestro escenario existencial, que se manifiesta a través de las incompatibilidades y efectos negativos evidenciados en esa actuación individual y colectiva.

Pruebas de ello son las sucesivas épocas de falsas ilusiones sociales generadas en los encuentros de recursos de duración pasajera que, más que soluciones, han significado la profundización de nuestros problemas o la creación de nuevos problemas (boom del caucho, de la madera, de las resinas, del oro, del petróleo). Lo prueba el extractivismo mercantilista, que nos empeñamos en practicar, pese a sus efectos negativos. Lo prueba, también, el protagonismo excluyente que la sociedad mestiza se empeña en perennizar, al margen de los diversos grupos socioculturales presentes en este escenario, cuyo núcleo de dominación tiene como principal propósito centralizar el poder y aprovechar los recursos naturales, al margen de consideraciones de carácter ético y axiológico, tales como la equidad, el respeto, la democracia intercultural, etc.

Nos encontramos, pues, en una región esencialmente considerada, en la percepción nacional y regional, sólo como proveedora de materia prima, en la cual el estado se hace presente únicamente en forma controlista y punitiva, como protector de los bienes que le significan divisas provenientes de las exportaciones, para las arcas nacionales. El rol promotor, organizador, estimulante que debería asumir para crear condiciones endógenas para nuestro desarrollo, se ve sobrepasado por la presencia impositiva que cada gobierno central se empeña en ejercer para demostrarnos su poder, a través de representantes que sólo esperan cumplir las órdenes que les imparten sin importarles sus consecuencias. Por su parte, los gobiernos regionales, hasta el momento elegidos en Loreto, no han evidenciado ni los conocimientos ni las actitudes que pudieran garantizar, aunque sea a largo plazo, un cambio en esta situación.

Por todo ello es que podemos afirmar que lo más ausente en todo este panorama relacional entre el país y esta región es la necesidad de conocerla y de promover su conocimiento certero, real, más allá de perjudiciales fantasías, que no hacen sino tergiversar nuestra realidad, y, por ende, generar incorrectas decisiones.

Bien podemos afirmar que en estos momentos la Amazonía es la gran desconocida y, por ende, marginada en nuestro país. Y también dentro de nuestra propia región.

Por ello es que no nos extraña que todos los gobiernos centrales vengan proponiéndose “desarrollar la Amazonía”. Es decir, actuar en ella para mejorar sus condiciones; pero, ¿qué condiciones?

Si no las conocen, mal pueden mejorarlas. Las personas e instituciones que los vienen representando a lo largo de estos últimos casi quinientos años siempre han sido pasajeras; duraban lo que duraba, y a veces mucho menos, la intención de los gobiernos de turno. Quienes venían, con pocas excepciones, lo hacían para ejecutar órdenes, es decir, con un libreto a cumplir para poner en vigencia disposiciones adoptadas muy lejos de la región por gente que la ignoraba en sus peculiaridades, y que no tenía más compromiso que el de cumplir con su encargo burocrático, con agenda pre-establecida, en la cual no cabía ni la más remota posibilidad de buscar respuestas, de crear soluciones a los problemas regionales, pues el guion venía escrito, luego de lo cual se regresarían seguramente que sin haber visto un solo problema real de gran importancia.