Desarrollo de las fronteras amazónicas

Jornada geográfica “Gestión de fronteras en América Latina” 30 de septiembre al 4 de octubre del 2014 (Visión Histórica)
Autor: 
Joaquín García

Pocos, muy pocos son los casos en que la vecindad lleve implícita buenas relaciones. Continentes, naciones, regiones, distritos y hasta grupos tribales han sido con frecuencia más indicios de conflicto, de condensación de rencores arraigados en remotas raíces históricas, que los inspirados en el buen sentido del diálogo y la racionalidad. Nuestro caso, es uno más entre tantos. La frontera viene a ser la muralla infranqueable salva-guardada por armamentismos diplomáticos o militares que de-fienden emotivas banderas. Esta conferencia es una reflexión sobre lo que han sido nuestras fronteras amazónicas en el pasado y cómo quisiéramos que fueran en el futuro.

España y Portugal en la mitad del mundo

El Tratado de Tordesillas, junio de 1494, zanjó bajo la férula espiritual de Alejandro VI, el mundo descubierto por Colón: una raya trazada desde el polo Norte al Sur dividía el mundo en dos propiedades a conquistar. A partir de las Islas del Cabo Verde 370 leguas al Oeste, hasta alcanzar lo que hoy es San Paulo eran espacios, separados: uno para Castilla y, al Este, para las em-presas de navegantes portugueses. Primera frontera que dividía el globo, una vez descubiertas las orillas orientales de la India. A partir de ese momento se irán fraguando una serie de fragmen-taciones y conflictos por la conquista de las mismas que de una u otra forma se han desarrollado en los enfrentamientos fronteri-zos de la independencia hasta nuestros días. Eran dos mundos para quienes el espacio era esencial. A partir de ese momento sucesivas expediciones, como la de Francisco de Orellana, Pedro de Ursúa en 1559 y el rebelde Lope de Aguirre el traidor de la misma expedición, el Capitán Palacios, 1636, y Pedro de Texeira, 1637, tienen una lectura distinta cuando son vistas desde la perspectiva del enfrentamiento, con el de los bandeirantes, para que los territorios fueran designados para uno de los dos distintos estados. Texeira zarpa contra corriente por mandato del Gobernador Jacome Raymundo de Noronha y en octubre de 1637 navega con dirección al oeste. Después de sucesivas aven-turas, llegaron a Quito, donde causaron preocupación “por los peligros que podía traer esta vía de comunicación, ya que podría ser utilizada por ingleses y holandeses.” (San Román: p. 48). Una vez repuestos, emprendieron el camino de regreso. Se estaban olfa-teando las señalizaciones que determinarían la propiedad de ambos países. Más tarde, ya en el siglo XVIII, sería el P. Samuel Fritz, que estaría por dos años (1689-1691) cautivo por orden del Gobernador en Belem do Pará bajo el pretexto de ser espía de la corona española.

Francisco de Requena y el tratado de San Ildefonso (1779-1795)

Esta figura de eminente geógrafo, cartógrafo e ingeniero militar, Francisco de Requena, no ha sido suficientemente estu-diada, sobre todo en su participación en el trazado de límites de la frontera en la selva amazónica. Había nacido el 26 de enero de 1743. A los 15 años ingresó como cadete en la Escuela Militar. En 1762 ascendió a subteniente de ingenieros. Al poco tiempo alza las costeras torres de vigía hasta el pueblo de Almería y construye el castillo malagueño de San Juan. Aún alférez de ingenieros (1764) es destacado a la Audiencia de Panamá. Allí trabajó en las fortificaciones de Portobelo, Chagres y Darién. El Virrey lo envía a Guayaquil donde contrae matrimonio con la oriunda española María Luisa Santisteban, de la que tendría seis hijos, de ellos un solo varón.

El Tratado de Límites de San Ildefonso de 1777 demarcó las últimas fronteras entre las dos coronas de América del Sur antes de la Independencia. Se nombraron Partidas de Límites, cada una gobernada por un comisario. Este trabajo se concen-trará en una Partida en particular, La Cuarta (1779-1795), según el artículo XV del Tratado de 1777, que estaría a cargo de Francisco de Requena, designado también Gobernador de Maynas durante 16 años, con sede en Jeberos, un pueblo escon-dido a orillas del río Aipena. Desde allí tendría que descender por el río Huallaga y Marañón, vigilando las incursiones de los portugueses por los ríos Japurá, Putumayo. Fue nombrado por Real Orden de 22 de octubre de 1778. La responsabilidad de esta Partida, sería la siguiente:

Bajará la línea por las aguas de estos dos ríos Guaporé y Ma-moré, ya unidos con el nombre de Madera, hasta el paraje situado en igual distancia del río Marañón o Amazonas, y de la boca de dicho Mamoré y desde aquel paraje continuará por una línea este-oeste hasta encontrar con la ribera oriental del río Javarí que entra en el Marañón por su ribera austral; y bajando por las aguas del mismo Javarí hasta donde desemboca en el río Marañón, o Amazonas, seguirá aguas debajo de este río, que los españoles suelen llamar Orellana y los indios Guayana, hasta la boca más occidental del Japurá, que desagua en él por la margen septen-trional (Tratado de Límites, art. XI).

Antes de partir para España con toda su familia, encontró inconvenientes, que hicieron exclamar a Requena, en carta es-crita al misionero franciscano Fr. Narciso Girbal: Hace ya tres meses que estoy en Loreto con pretextos bien especiosos… hasta que me aburra y entonces tendré que subir otra vez el Marañón, saliendo por Lamas, Moyobamba y Chachapoyas a Lima (Carta del 10 de no-viembre de 1794). Al final se le concedió el permiso. Pero el comisario portugués, Coronel Manuel Da Gama y da Carvalho, designó al Tte. Coronel y destacado cartógrafo, José Simoes pa-ra acompañarlo durante todo el viaje, que realizarían solamente por la noche, para impedir que el observador Requena inspec-cionara el territorio portugués. Tras un ajetreado viaje fluvial, el 11 de enero de 1795 llegaron a Belém, donde embarcaron en una nave portuguesa Nossa Senhora de Luz. Comentaría más tarde: La falta del cumplimiento de los tratados de límites ha sido siempre ventajosa a la de Portugal como perjudicial a la de España. Si la experiencia no lo acreditara, sería increíble la extensión que por esta causa han dado los portugueses a sus posesiones. (Beerman: Ibid.)

El escritor colombiano Francisco Andrade, jefe de la Comisión Colombiana de Límites dejaría por escrito su opinión sobre las razones del empuje colonizador portugués y, más tar-de, brasilero en América meridional, a costa de España abar-cando más tarde a los países fronterizos hispanohablantes: En el Derecho Internacional no basta que un derecho sea fundado para que se pueda imponer por sí mismo. Necesita un cúmulo de circunstancias y factores que lo acompañen para que los dirigentes de los pueblos logren imponerlo para presentarlo de una manera aceptable. En el curso de este escrito hemos visto cómo España tuvo que ceder de sus derechos claros, precisos y reconocidos en los tratados firmados con las mayores solem-nidades que fijaban el límite de sus dominios por la línea de Tordesillas, retrocediendo hasta donde los redujeran el factor geo-gráfico y el empuje colonizador de los lusitanos, a pesar de haber sido España más fuerte y de haber tenido durante ochenta años a Portugal sometido a su dominio… A favor de la Colonia lusitana militan infinidad de factores: tuvo una migración más ligada a la tierra y más numerosa, y el portugués del Brasil era más brasileño que portugués (Andrade, Francisco. Conflictos Hispano-Lusitanos en Sur América (Época Colonial). Boletín de la Sociedad Geográfica de Colombia. Bogotá, vol. X.nº 1952).

Becker nos dirá con un detalle más riguroso las desventuras de esta Cuarta Partida cuyo comisario era Francisco de Requena, que abandonó la demarcación a principios de 1790 sin que desde entonces hasta su muerte, lo mismo que en anteriores tiempos, hubiera dejado de trabajar un momento por el progreso de las regiones orientales del Perú en contra de la invasión portuguesa (Becker. Los estudios geográficos en España. Madrid 1917, pp. 174-175).

Los mapas de esta expedición, tanto el que cita en su extracto como el mapa general de 1796, bien se podrían componer colocando uno tras otro un mapa general. Dirá uno de los biógrafos de Requena: Por estos trabajos pictóricos hay que decir que Requena no fue únicamente un excelente cartógrafo sino un ilustrador y acuarelista innato (Beerman. Francisco de Requena: la expedición de límites. Amazonía 1779-1795. Compañía Literaria. Madrid, 1996, página 50).


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