La amazonía en el Perú (3)

Autor: 
Prof. Gabel Daniel Sotil García

Hasta hoy, el país no ha diseñado un plan de acercamiento para conocerla, comprenderla y comprometerse con su desarrollo. Ha preferido mantenerse en el marco conceptual y actitudinal coherente con los prejuicios y esa falsa imagen generada sobre ella a partir de la ignorancia. Por ello es que sólo la viene usando como fuente de recursos (lo más fácil, por cierto), a los que aprovecha explotándolos hasta su extinción. Las pruebas las tenemos en recientes decisiones del más alto nivel gubernamental, todas ellas lesivas para los intereses de esta región.

Hasta hoy, también, muchas instituciones se acercan a ella sólo para conquistarla, es decir, para incorporarla a sus dominios unas veces conceptuales, otras veces axiológicos y, algunas otras, prácticos; pero siempre para servirse de ella, nunca para servirla en sus más altos intereses. Para muchas instituciones y personas, todavía, a la selva se debe llegar con armas de conquista, de imposición, como serían los arcabuces en su tiempo.

El “atraso” de su gente no amerita otra actitud, según esta equívoca, falsa, percepción.

Parecería, por lo tanto, que nuestra región está condenada a sufrir un avasallamiento tras otro. Primero, la evangelización y la castellanización de los “indios” por parte de los conquistadores; más tarde, las acciones de civilización de los “salvajes” por parte de los programas estatales; luego serían los programas de colonización de este “inmenso territorio deshabitado”; hoy, la “modernización” de nuestras formas de vivir mediante las concesiones petroleras, madereras, auríferas, que no son sino mecanismos para viabilizar la europeización de nuestras formas de vida. Los partidos políticos, las organizaciones religiosas a través de sus muy diversas confesiones, las empresas nacionales y trasnacionales, etc. vienen con esa misión: conquistar nuestra región, enseñorearse en ella.

Es decir, siempre objeto de imposición; nunca de conocimiento y comprensión.

Nunca de respeto.

Las consecuencias de esta actitud no sólo las sufre nuestra región sino todo nuestro país, pues hoy nos percibimos, para fines de políticas de desarrollo pertinentes, sólo como un país andino y costeño; mejor dicho, nos hemos formado sin considerar nuestro inmenso e importante componente forestal.

Esta percepción excluyente ha tenido graves consecuencias para nuestro país, pues las clases dominantes han tomado decisiones siempre en el marco de esta perspectiva. Las diversas políticas de los gobiernos que han asumido el poder político, han expresado esta forma de percibirnos y es así como, parte central de nuestras preocupaciones, es nuestro crecimiento agrario o el desarrollo de nuestra minería, por lo cual tenemos ministerios de agricultura y de minería; pero carecemos de instituciones ministeriales encargadas de nuestro patrimonio forestal, salvo la tardía y muy reciente creación del ministerio del ambiente, que tangencialmente tiene que ver con nuestro bosque.

El centralismo omnímodo, predominante en nuestro país, nos ha impuesto una visión equívoca, falsa, de nuestra realidad nacional y, por lo tanto, las decisiones políticas que tomamos son también equívocas, pues no nos permiten afrontar nuestra realidad, con la riqueza de su diversidad ecológica y sociocultural, sino un falso supuesto sustitutorio de ella. Como consecuencia, tenemos la persistencia, y agravamiento en muchos casos, de nuestros problemas nacionales.

Es decir, no sólo es nuestra región sino todo el Perú el que se perjudica con esta visión equívoca que tenemos al haber marginado a la Amazonía de la intencionalidad formativa de la educación peruana.

Es por todo ello que requerimos que la educación peruana promueva un acercamiento de todos los peruanos a las reales circunstancias de esta región, para superar los prejuicios que hasta hoy han condicionado las relaciones del resto del país con esta selva, aprendiendo a vernos, también, como un país amazónico, predominantemente forestal, pues las dos terceras partes del mismo están cubiertas por esa unidad ecológica que llamamos Amazonía peruana.

Sólo entonces la mirada de los gobernantes costeños logrará ver más acá de los andes, y valorar a nuestra región como un verdadero potencial para nuestro desarrollo nacional en el marco de una estrategia adecuada a sus características, superando la tradicional actitud de percibirla como un simple reservorio de materias primas y pueblos a sojuzgar, pues, a estar por los efectos que individual y colectivamente venimos causando en este grandioso escenario, podemos afirmar que no estamos equipados convenientemente para desarrollar una dinámica social positiva respecto a su conservación, al mantenimiento de sus potencialidades, a la defensa de sus intereses, para que siga siendo una región forestal generadora de diversidad biológica, social y cultural, como lo viene siendo hasta ahora.

Realidad trágica ésta que ha llevado al Dr. Antonio Brack Egg, insigne ecologista peruano, ex Ministro del Ambiente, a decir que “la mayor estupidez que estamos haciendo los peruanos es talar nuestra riqueza forestal para realizar actividades agropecuarias y ganaderas” (4), queriendo con ello trastocar la natural vocación de nuestro bosque, que es la de seguir siendo bosque. Estupidez producto de la ignorancia acerca de nuestra realidad, agregamos.

La actuación destructiva de los últimos siglos, desplegada por quienes pertenecemos a la cultura mestiza, en toda su diversidad, evidencia que lo que hemos aprendido de ella no es lo que deberíamos haber aprendido; que lo que sabemos de ella, en toda su complejidad, no corresponde a su realidad. Es decir, nunca la hemos tomado como referente de aprendizaje.

Por ello es que hoy, en que nos es indispensable pensar nuestro futuro colectivamente (no por unos cuantos) y diseñar nuestro desarrollo para beneficio de todos los pueblos y personas que habitamos esta región (no para unos cuantos), nos encontramos con que carecemos de los conocimientos básicos, de los valores y actitudes indispensables, de las destrezas intelectuales apropiadas para abordar tan trascendente tarea social.

En verdad, aprendemos mucho en las instituciones educativas de nuestro país, sabemos bastante, casi enciclopédicamente; pero, lo que hemos aprendido y sabemos ya no nos es útil, en estas circunstancias, para pensar y pensarnos de manera distinta, si es que queremos ser autores de nuestros destinos colectivos, único camino para superar nuestra pobreza, nuestro subdesarrollo, los graves problemas que nos afectan socialmente, ambientalmente y culturalmente.

Y es que casi todo lo que hemos aprendido y venimos aprendiendo no tiene como referente a nuestra realidad; con ello, no nos capacitamos ni para conocerla y amarla y menos para transformarla constructivamente, respetando su raigal pluriculturalidad y su esencial forestalidad.

Hoy vemos, con mucho dolor, cómo se deforestan extensas superficies de bosque para extender la frontera agrícola y ganadera bajo el supuesto de que tumbar bosque es generar riqueza; cómo se contaminan nuestros ríos y cochas, cómo se extinguen nuestras especies florísticas y faunísticas.

Extensas superficies forestales que sólo brindarán frutos pocos, muy pocos años, luego de los cuales serán abandonadas por la irrecuperable pérdida de su fertilidad, pasando a engrosar los suelos en proceso de desertificación, que ya llegan a millones de hectáreas. Con ello no sólo perdemos árboles, sino suelos, biodiversidad, agua en los ríos y cochas, evaporación, lluvias, regularidad climática, belleza paisajística, atractivos turísticos y cuanto servicio forestal nos puede brindar el bosque, servicios a los que en la actual educación no les brindamos ninguna importancia.

Las instituciones que podrían generar profundos cambios en esta percepción, sobre todo las educacionales, vienen siendo prisioneras de la inercia, del anquilosamiento. Su falta de agresividad las hace cómplices de esta situación tan negativa para los intereses regionales, pues con la ignorancia sólo se busca acondicionarnos para la venta de nuestras materias primas.

Hasta el momento, como bien sabemos, el Ministerio de Educación viene elaborando y distribuyendo, excluyentemente, un material que responde a su visión homogeneizadora a nivel nacional (el mismo material para todos), en el cual las referencias a nuestra región son escasas o tergiversadas, que no permiten que los educandos de todo el país, y menos los de nuestra región, tengan apropiados conocimientos, en calidad y diversidad, y desarrollen actitudes positivas respecto a la Amazonía.

Ello a pesar de que en nuestra propia región hay ya una vasta producción bibliográfica, tanto científica como literaria, referida a ella en sus diversos aspectos que es minusvalorada o ignorada por dicho ministerio, prisionero del centralismo y víctima de su impertinencia; con lo cual ratifica su falta de idoneidad para gerenciar la heterogeneidad sociocultural y ecológica nacional, que viene demostrando en estos últimos ciento ochentitantos años.

Por su parte, los gobiernos y autoridades regionales amazónicas, más allá de meras declaraciones, en su actuar revelan no estar comprometidos con la defensa de nuestra región en lo ambiental, en lo cultural, en lo social, en lo político, pues no están haciendo todo cuanto pudieran hacer. No han asumido a la Amazonía en sus múltiples connotaciones en y para nuestro país, pues, además de ser una región, la más extensa, con un imponente bosque con ingentes recursos naturales y una invalorable biodiversidad, la Amazonía es la región con mayor diversidad cultural y lingüística, es decir, toda una reserva de riqueza espiritual; es un conjunto de mitos encubridores tejidos acerca de ella que requieren ser conocidos para ser develados mediante una educación pertinente; también es un inmenso y profundo vacío en la mente de los peruanos que no debemos permitir que se amplíe; un referente de sueños, ambiciones, ilusiones y fantasías que hoy moviliza a un gran contingente de peruanos que llegan a ella con falsedades mentales.

Es, pues, un reto para los gobernantes de turno, nacionales y regionales, que aún no lo asumen como tal y una esperanza y un desafío para quienes vivimos en ella, que estamos en la obligación de hacerla un escenario hermoso y promisorio para nuestras vidas individuales y sociales y la de quienes nos han de suceder, más allá de engaños, olvidos, falsedades y frustraciones.

Y en esta situación de tragedia espiritual nacional, que condena a esta región amazónica a una clandestinidad formal, nos urge tomar decisiones.

Para ello debemos empezar por reconocer que la calidad de actuación tanto individual como social en nuestro entorno ecológico y sociocultural, nuestro ambiente en suma, depende de la calidad del equipamiento cognoscitivo y axiológico – actitudinal proporcionado por la educación, tanto espontánea como institucionalizada, el mismo que se conforma a lo largo de nuestra vida en las diversas circunstancias a las que nos enfrentamos en la dinámica social.

En consecuencia, para la superación de estas deficiencias del sistema educativo nacional, será necesario que las autoridades regionales y el magisterio tomemos las medidas adecuadas, para que en el nivel interno se enfatice y priorice el estudio de nuestra región y en el externo exigir al Ministerio de Educación que, en el currículo nacional, la selva merezca un sitial relevante, pues, con toda seguridad, a las instituciones educativas de las demás regiones no llegan mensajes de la realidad amazónica, con lo cual se fortalece y profundiza el más grande vacío de los peruanos respecto a la realidad nacional, pues hemos construido y estamos construyendo un Perú sin la verdadera Amazonía, cuya historia, cuya diversidad cultural, cuya riqueza espiritual, cuya realidad ecológica profundas, quedan fuera de las instituciones educativas nacionales.

Más aún cuando hoy sabemos que las agresiones que inferimos al bosque amazónico tienen un efecto desencadenante de muy graves consecuencias en el sistema climático de nuestro planeta, contribuyendo a ese fenómeno global llamado calentamiento global, cuyas consecuencias se evidencian en el actual cambio climático que, si no lo afrontamos con estrategias apropiadas y la urgencia pertinente, va a causarnos gravísimos, catastróficos problemas, como que ya lo viene haciendo.

En consecuencia, estamos en condiciones de afirmar:

  • Que nuestra región tiene una presencia clandestina en nuestro país,
  • Que para las actuales autoridades educativas nacionales el conocimiento de la Amazonía no tiene ninguna potencialidad formativa,
  • Que los peruanos tenemos una falsa imagen de la región amazónica debido a su ausencia en la intencionalidad del sistema educativo.

Considerando que dichas deficiencias formativas nacionales sólo pueden ser superadas a partir de una nueva educación, que tenga como propósito la formación de una nueva imagen de nuestra región que responda plenamente a su realidad, y que nos posibilite una mejor defensa de sus intereses supremos como unidad sociocultural y ecológicamente diversa, es indispensable que los actuales gobiernos regionales amazónicos prioricen, en sus respectivos ámbitos jurisdiccionales, el conocimiento extenso e intenso de la realidad amazónica en toda su complejidad, como base para desarrollar actitudes de valoración, respeto y preservación de su patrimonio material y espiritual, al igual que el propio Ministerio de Educación que debe disponer, con carácter prioritario, que el currículo nacional comprenda la formación de toda la niñez y juventud peruanas en el conocimiento de la realidad amazónica, como requisito para lograr una nueva y sólida identidad nacional, en el marco de un futuro concebido para hacer nuestras vidas bajo la sombra protectora de los árboles del bosque y no sobre sus quirumas y escombros.

Notas bibliográficas:

(1) Morey Alejo, Humberto y Gabel Sotil García; “Panorama histórico de la Amazonía Peruana, una visión desde la Amazonía”. Iquitos, imp. La región, 2000.
(2) Idem
(3) Dourojeanni, Marc J.; “Amazonía, ¿qué hacer?”. Iquitos, CETA, 1990.

(4) Brack Egg, Antonio; entrevista concedida a Patricia Del Río Labarthe “Hay cinco mapas de pobreza y ninguno de las potencialidades”