El heroísmo de Fernando Lores en la Guerra de Leticia

Autor: 
José Barletti

26 de marzo de 2015

  • ¿En qué consistió su heroísmo y el de sus compañeros?
  • ¿Qué sabemos de su familia y de su joven vida? ¿Cómo era Iquitos y la Amazonía en los tiempos de Lores?
  • ¿Qué hechos cercanos hicieron que se produjera la Guerra de Leticia?
  • ¿En qué momento de la Guerra de Leticia se produjo el Combate de Gueppí?
  • ¿Cuál fue el desenlace de la Guerra? ¿En qué terminó?
  • ¿Qué ha pasado después de la Guerra de Leticia?
  • ¿Cómo entender por qué hubo esta Guerra teniendo en cuenta los antecedentes más lejanos?
  • ¿Qué está sucediendo hoy  en la frontera con Colombia? ¿Cómo es la vida hoy en las zonas de frontera con Colombia?
  • ¿Cuál es el futuro de la frontera con Colombia si las cosas continúan como hasta ahora?
  • ¿Qué cambios hay que llevar a cabo, en vista al futuro, para que las relaciones entre Perú y Colombia sean simétricas?

 
En el presente papel se reflexiona en torno a algunas de estas interrogantes.

EL HEROISMO DE FERNANDO LORES Y DE SUS COMPAÑEROS: Sus últimos momentos en Gueppí.

¿Por qué no hay en el Perú testigos presenciales de los últimos momentos de vida de Fernando Lores y sus “tenazoas”?

La respuesta, por ahora, podría ser la siguiente:
 
1.    Días antes del 26 de marzo de 1933 el capitán de este puesto militar en el Putumayo recibió la orden del Comando de Iquitos de replegarse hacia el Río Napo por la trocha que unía Gueppí con Pantoja, si es que las cañoneras colombianas intentaran capturar Gueppí.
 
2.    Cuando las cañoneras colombianas Santa Martha y Cartagena, que controlaban el Putumayo, la madrugada del 26 de marzo se acercaban a nuestra pequeña guarnición de Gueppí para capturarla, el capitán peruano, en cumplimiento de las órdenes recibidas desde Iquitos, dispuso que se produjera el repliegue, lo cual se llevó a la práctica. Sin embargo, también encargó a Lores que, con su grupo de nueve subalternos cumplieran la tarea de “cubrir la retirada”, es decir que se colocarán atrás, en la retaguardia, para distraer a los marineros colombianos mientras el grueso de nuestra tropa avanzaba hacia el Napo. 
 
3.    Todo hace ver que Lores y sus tenazoas cubrieron la retirada pero sin seguir al grueso de la tropa por la trocha que va a Pantoja. Se quedaron en Gueppí, a orillas del Río Putumayo. ¿Podían diez hombres impedir el desembarco de los 700 marineros colombianos que había en las dos cañoneras?
 
4.    Debe haber sido un espectáculo digno de una película ver a estos diez jóvenes treparse a los árboles, disparar y de inmediato bajar para correr un trecho, subirse a otro árbol, disparar, bajar, correr, subir, disparar, bajar, correr, subir, dando la sensación a los atacantes que no eran diez sino mucha gente la que les disparaba desde los árboles.
 
5.    Es presumible que les haya tomado tiempo a los jefes colombianos darse cuenta de lo que en realidad estaba sucediendo y que hayan decidido afinar la puntería ayudados con el largavistas. De esta manera, nuestros combatientes fueron cayendo uno a uno.
 
6.    En realidad, no estaban cubriendo la retirada. Estaban defendiendo el suelo patrio. En su mente estaba la idea de que, si bien no podían evitar que las botas extranjeras lo manchen con sus huellas, lo mínimo que debían hacer era morir combatiendo y no replegarse.
 
7.    En consecuencia, no hubo testigos presenciales peruanos de lo que sucedió ni de la forma en que murió Lores.

Cecilia Flores, su novia eterna, que hace pocos años pasó a la gloria cargada de recuerdos imborrables, solía contar lo que ella leyó en una publicación colombiana. Se trata del testimonio del médico sobre los últimos momentos de nuestro héroe en Gueppí. Voy a intentar frasear su relato: “Al desembarcar los colombianos en Gueppí lo encontraron moribundo tendido a orillas del río. El capitán médico se le acercó. Al reconocerlo, Fernando lo escupió y enseguida lanzó su último suspiro”.

Cuando llegaba a este punto, ella añadía que el médico colombiano escribió el siguiente comentario: “Mucho hubiera querido conocer el nombre de este valeroso soldado que es digno de un canto homérico”.

Por mi parte, desde mi tiempo de juventud he intentado acceder a la publicación a la que Cecilia hacía referencia, pero no la he encontrado. En cambio, no hace mucho, renové mi búsqueda en la Biblioteca de la Universidad Católica y encontré el libro de Carlos López Narvaez[1]
 
La lectura de este libro permite darnos cuenta que desde el inicio de la guerra, el jefe de la expedición colombiana por el Putumayo, el general Vásquez Cobo había decidido capturar Gueppí. En realidad era su máximo objetivo estratégico. Sin embargo, el asalto a nuestra guarnición era postergado una y otra vez, sin señalarse los motivos:
 
Así lo narra López Narvaez:
 
“Fue febrero el peor de los meses. Hubo varias idas en balde a caer sobre Guepi (sic). Minutos antes - casi al anochecer, la hora de los chimbes – llegaba un avión con la orden de aplazar. Y otra vez a hundirse en los pantanos de Chavaco y las islas, a envenenar el cuerpo y el alma. Corrido iba ya un semestre en el Putumayo…”.Todo estaba listo para una madrugada, el 27 (de febrero), muy a las tres, a los jij… digo, a los incaicos vecinos, a efecto de la desbarrancada monumental y definitiva en Gueppí. El mundo entero ansioso y feliz, cuando, como en el cuento del indio astronómico, ¡suaz, elipse! Uno de los Colombo-alemanes acuatizó anteanoche, a eso de las seis; dizque venía directamente de Bogotá. Habló con mi coronel Rico, nadie sabe qué; pero el hecho es que media hora después, desde la boca de la trocha hasta El Palmar, y de puesto en puesto, se fue escurriendo, como una culebra muerta, la fría racha de la noticia: “alto, suspensión, aplazamiento”. Esto es una carajada, una vagamundería; aquí no se va a pelear más que con el palo, el tifo y la disentería … todos tienen cara de reniego, de desconsuelo, de rencor. Pero puedo jurar que no es fatiga, ni dolor, ni agotamiento, ni la ruina de sus carnes lo que los pone a maldecir y a remorderse sordamente: es este mezquino desperdicio de sus cuerpos, el desgreño de sus vidas; un estéril agonizar de sus ansias heroicas, ababoles tirados al chiquero del pacifismo, de la canillería diplomática y transaccional, única explicación inmediata  y accesible para ellos, los solo socios que han aportado capital de coraje y de sangre a la empresa del desagravio patrio. Y hay que pensar seriamente en lo que puede sobrevenir. Si a esta gente no se le deja dar siquiera un par de mordiscos a los “venados” de enfrente, menudo trabajo va a costa atrahillarlos otra vez  para echárselos encima a los ladrones de territorio, a los merodeadores de fronteras sin custodia”.
 
Queda claro que los pilotos alemanes mercenarios de Colombia jugaron un rol muy importante en la guerra. Son muy duras, además, las expresiones de animadversión hacia los peruanos, haciendo alarde del patriotismo de los colombianos. Esto último es contrapuesto al supuesto débil sentimiento patrio de los oficiales peruanos en el pasaje en que el coronel Rico explica al autor la importancia de capturar Gueppí: “Usted sabe, mi querido Auditor, que el objeto inmediato y la causa próxima de lo que se tenía ya listo –ocupación de Gueppí – era asegurar la libre y tranquila movilización de nuestros efectivos y de los aprovisionamientos desde Puerto Ospina. Hacía bastante veníamos sufriendo la hostilidad ambulante  y escurridiza de las patrullas y de los puertos peruanos contra las canoas de víveres. Ahora, como vino la orden de aplazar el ataque a Gueppí, volvíamos a quedar  sin esperanza de ponerle remedio  a esta situación de verdadero sitio en Chavaco. Entonces, ya que no hubo lo que se había preparado resolví írmele al comandante de la guarnición de Gueppí con la nota comedida, pero enérgica planteándole el problema… usted, le dijo se me pone: o nos dejan pasar las canoas o nos les pasamos nosotros, ¿verdad mi coronel? Más o menos dos horas después de que regresó el mensajero, vino la respuesta de allá  a manos de un par de oficiales. Leí la nota. Bien escrita, muy atenta. Traduciendo: que dejémonos de vainas, que nadie le tira a nadie. A lo que se agrega esto que me ha referido uno de los que tuvieron amigable charla con los peruanos, el rato que permanecieron a bordo. Diz que dijo uno de ellos, el de mayor representación: - Si es que hemos de ser cordiales y francos, distinguidos compañeros y amigos colombianos, nosotros nos atrevemos a decirles que ni el pueblo ni el ejército peruanos queremos esta maldecida guerra con ustedes. Está en la conciencia de todos que la ocupación de Leticia, con los antecedentes que existen y por la forma en que se hizo es algo totalmente contra la ley y el derecho. Crean ustedes, nosotros se lo aseguramos, que estas son solo cosas del general Sánchez Cerro. De nuestra parte, en lo que toca a la guarnición del otro lado, les prometemos que ningún acto de hostilidad volverá a ocurrir -  Apretones de mano, frases de camaradería reconciliada y cada cual a su orilla”.          
 
Con relación al Combate de Gueppí, el relato de López Navaez es como sigue:
 
“MARZO 26: Son las tres de la mañana. En el casino ya estamos todos despiertos. Por encima de los tabiques divisorios sesgan los buenos días y comentarios y presentimientos que los inquilinos se transmiten desde las cujas y hamacas. ..Debe estar empezando el baile. Paren orejas: quien quita que algo traiga el viento – dice Matoño Carbajal. Saca el programa, loco, que tú lo has de tener y léenoslo para ir siguiendo desde acá. Prendí una linterna y leí para todos: ATAQUE A LA GUARNICIÓN DE GUEPI (plan): Se verificará el domingo 26 de marzo, en las primeras horas de la mañana, iniciándose el paso de nuestra infantería a la banda peruana, dejando a discreción del comando el momento oportuno… [Sigue el plan] TAREAS: Infantería: Fijará al enemigo por el frente de Guepi. Movimiento envolvente doble. Artillería: Obrará sobre todos los obstáculos. Flotilla: Apoyará a la infantería. Aviación: Bombardeo de las posiciones enemigas hasta que se haya hecho completo desembarco  de la infantería en la banda enemiga y formalizado el combate. Después esperará en vigilancia de ataques aéreos para realizarlos. Proclama del Comandante Roberto Rico: “Nobles soldados del Destacamento: Nos ha llegado el momento de ir contra el ejército peruano en implacable lucha, a castigar su felonía contra nuestra patria y a conquistar para ella laureles inmarcesibles. La Nación entera espera de vuestro valor y coraje… y que marchemos intrépidos sobre las posiciones enemigas con paso de vencedores. Viva Colombia”. A eso del mediodía se divisaron tres aviones enfilando a Puerto Boy. Al anochecer llegaron los primeros partes de informes. ACCION DE GUEPI: No falló un ápice el desarrollo del Plan ni el cálculo de sus resultados. A las  3 de la mañana comenzó el desembarco, simultáneamente arriba y debajo de Guepi. A las 8 dio la señal el avión del Mayor Boy con una bomba sobre Cachaya para generalizar el ataque. A las 10, los macheteros al mando de Domínguez “cosechaban” la última ametralladora peruana; a las 11 pasaditas, el Cartagena embarrancaba sobre la ribera enemiga y echaba afuera loma arriba, la tigresa del desembarco comandada por el sargento Néstor Ospina; a las once y media flameaba en el tope de la barranca el pabellón colombiano; a la una de la tarde, los pelotones echados en la loma, cantaban con acompañamiento de puro silvo (sic) el Himno Nacional: Guepi era guarnición colombiana. El enemigo en un 80% se dispersó en fuga como una manada de conejos a medida que fue creciendo la tronamunta de los aviones y descargas. Esta vez sí dejó muertos, heridos, municiones, elementos de todo género. Sólo un oficial peruano, el Teniente Teodoro Garrido Leca, plantó hasta ver caer su última ametralladora. Muertos peruanos, 15; heridos y prisioneros, unos 30. De los nuestros, 5 muertos; heridos 10. No perdimos ni una canoa. De la banda peruana borasqueaba la muerte contra el barco… la metralla enemiga guerrea que da grima…Qué curuju, profiere Filomón y de un salto se arrodilla. Destraba, recalza, rectifica el alza, palpa como si estuviera en limpieza de armamento. Ya iba a tenderse otra vez cuando lo arropó una ráfaga y se sentó, con un hombro y un brazo atravesados…Saltó a tierra peruana el segundo pelotón de desembarco… una ráfaga tendió a Sósimo Suárez con el tronco hecho “zuzunaga”… Juan Solarte Obando, el héroe más glorioso de la jornada. Un disparo del antiaéreo del Cartagena derribó el talud del abrigo de una ametralladora enemiga. El Sub Oficial comandante quedó dando blanco, que aprovechó rápidamente un fusilero de la Compañía del Capitán Niño. Pasado por los cuadriles, se dobló el peruano lanzando una sonora maldición, con el ritual acompañamiento de “mentada”. Cesados los fuegos, “Zaza” [el médico colombiano] y el padre Trujillo recorría el campo viendo heridos y absolviendo moribundos. Cuando se acercaron allá, el sargento estaba en los estertores; pero dándose cuenta de quienes eran los que tenía a su lado, hizo un gran esfuerzo; les abrió los ojos por última vez y balbució: “colombianos mier… h… j… p… ; acábenme de matar”. Guapo el asqueroso cholo, comentó el médico. Con los papeles que llevaba encima se supo su nombre: Sargento Primero Fernando Lores. A éste y a otro compañero, el Cabo Reyes Vargas, que cayó también como deben caer los valientes, se les hizo honores. Se quedaron 200 colombianos en Guepi. A las 8.30… la mayor resistencia o contra ataque que operaba con un extenso foco de metralla, incesante y nutrida, al mando de un Oficial peruano. Hubo momentos terribles con la aparición y reaparición de los nidos de fuego…pero hay que confesar que el enemigo, sacado de un sitio, se apresuraba a emplazar de nuevo sus piezas. Los defensores de ese sector cumplieron con abnegación y elegancia su deber... A las 2 pm, desde la proa del Santa Martha, divisamos nuestra bandera, ondeando ya en lo alto del barranco… Informe desde el Cartagena: Los sectores enemigos, inmediatos al barranco, vomitaban furiosamente sus máquinas y fusiles desde donde los excelentes zanjas de tiradores que rodeaban la posición peruana; hicieron verdaderos prodigios de resistencia. Es justo y decente reconocer el valor y vergüenza de quienes allí combatieron y cayeron al lado del Sargento Lores.  Llegando el Cartagena frente al barranco, 11.15, viró para acoderarse sobre la orilla peruana, observado lo cual por los defensores, empeñaron su máximo esfuerzo por impedirlo.

 

Apenas llegó la noticia a Iquitos, su muerte quedó teñida de una aureola de heroísmo. Parece que este sentimiento se expresó primero en el diario El Eco, donde trabajaba su novia, Cecilia Flores. Solía ella contar que cuando esa mañana llegó al local del diario le llamó la atención que sus compañeros se alejaran del lugar donde día a día se colocaba la lista de los caídos en la guerra. A leer esa lista acudían a diario los familiares y amigos de los combatientes. En señal de respeto a su dolor, los compañeros de Cecilia Flores se alejaron del lugar. Sin embargo, cabría preguntarnos si la dejaron sola por respeto a su dolor. ¿No será que actuaron así porque sentían que la muerte de su novio tenía algo de especial, algo de sublime? 
Esa misma percepción se concretizó dos meses después de su muerte, en el mes de mayo, cuando el Municipio decidió cambiar el nombre de la calle donde vivía su familia y donde había transcurrido su infancia y adolescencia. Dejar atrás el nombre de Jirón Pastaza y comenzar a denominarla Calle Sargento Lores ponía de manifiesto que la autoridad edil estaba recogiendo lo que era ya un sentimiento popular. Al respecto, he tenido en mis manos la carta escrita de puño y letra por su mamá, María Tenazoa, en la que agradece al alcalde por el cambio de nombre y le anuncia que está haciendo venir de Ica a Julio, su otro hijo, para que se incorporé al combate y ofrende su vida como lo había hecho su hermano. Tuve la suerte de conocer en 1982 a Julio Lores Tenazoa y guardo en un lugar especial las fotos que tomé en nuestra plaza de armas en las que aparecen él, su esposa y mi hija Cecilia de seis años. Tuve que dejarla a su cuidado durante las horas que duró la ceremonia de conmemoración del cincuentenario de la Toma de Leticia, que fue organizada por Luis Armando Lozano Lozano, alcalde en ese entonces, en coordinación con el Frente de Defensa del Pueblo de Loreto.
En ocho décadas este sentir hacia Lores se mantiene. Hay una plaza y localidades de Loreto que llevan su nombre y está vigente la exigencia de rendir culto a su memoria.
Lo que sucede es que, como en nuestro caso, más allá crear un héroe, como suele suceder, existe una decisión no escrita de reconocer su gesta y su gesto. En resumen, lo que se hace presente es que algo sublime sucedió la madrugada del 26 de marzo de 1933.
Sin embargo, todavía no queda meridianamente claro lo que aconteció, lo que hizo Lores. Tengo la impresión de que la historia oficial constituye un obstáculo para que podamos expresar con claridad lo que pasó. Hay que tener en cuenta que, pasada la guerra, surgieron serias discrepancias entre algunos jefes militares que habían participado en el conflicto con Colombia. Fue por eso que el alto mando dispuso que no hubiera discusiones sobre el tema. De allí a guardar bajo siete llaves toda la documentación hubo un solo paso.
Desde mi  punto de vista, sucedió lo siguiente:
Las cañoneras colombianas Santa Martha y Cartagena, que controlaban el Putumayo, la madrugada del 26 de marzo se acercaban a nuestra pequeña guarnición de Gueppí para capturarla. El capitán peruano, José Víctor Tenorio Hurtado, en cumplimiento de órdenes recibidas desde Iquitos con anterioridad, dispuso que se produjera un repliegue por la trocha que llegaba hasta Pantoja en el Río Napo, lo cual se llevó a la práctica. Sin embargo, también encargó a Lores que con su grupo de nueve subalternos cumplieran la tarea de “cubrir la retirada”, es decir que se colocarán atrás, en la retaguardia, para distraer a los marineros colombianos mientras el grueso de nuestra tropa avanzaba hacia el Napo.  La pregunta que cabe hacer es si Lores cumplió o no cumplió la orden de “cubrir la retirada”. Reitero que mi punto de vista es que no la cumplió y el razonamiento que me lleva a esta conclusión es la siguiente: Los encargados de “cubrir la retirada” deben seguir la orden primera, es decir replegarse. Sin embargo, lo que hizo Lores y su gente no fue replegarse, sino que se quedaron a orillas del Putumayo buscando impedir el desembarco de las tropas enemigas. Ellos son Alfredo Vargas Guerra, Alberto Reyes Gamarra, Reynaldo Bartra Díaz, Pascual Gómez López y otros cinco combatientes más cuyos nombres no están al alcance hasta ahora. No recuerdo bien cual de los cuatro nombrados (creo que fue Vargas Guerra), estando trepado en un árbol, al darse cuenta que había sido alcanzado por las balas enemigas, se lanzó al río con su arma en las manos muriendo ahogado.
Ellos no estaban haciendo sino volver a poner en práctica lo que 53 años atrás Bolognesi y su gente habían hecho en Arica. Se trataba de los mismos “deberes sagrados que cumplir” que llevaron a nuestro querido coronel a no aceptar la rendición honrosa que le ofrecían los chilenos. No se podía permitir que botas invasoras capturen suelo patrio sin que corriera sangre. “Hasta quemar el último cartucho” fue la consigna en Arica y también lo fue en Gueppí. No rendirse, sin embargo era una decisión absurda y resultaba una opción sin ningún beneficio práctico, ya que de ninguna manera se podía impedir la pérdida de Arica o de Gueppí. La razón exigía rendirse en Arica y replegarse en Gueppí. Era lo lógico y lo razonable rendirse o replegarse. Pero esta gente querida estaba en otra lógica, en una lógica muy diferente. Estaban en la lógica de Blas Pascal, uno de cuyos pensamientos más hermosos dice así: “el corazón tiene razones que la razón no conoce”. Bolognesi y su gente, Lores y su gente, decidieron no guiarse por las razones de la razón sino por las razones del corazón.     
En el medio siglo transcurrido entre Arica y Gueppí la gloria de nuestros defensores en la guerra con Chile había crecido gigantescamente. En tan poco  tiempo el nombre de Bolognesi estaba presente en plazas y calles de todo el país. Su imagen física aparecía por doquier. ¿Qué peruano no tenía grabada en su memoria la imagen del anciano de barbilla bien cuidada con la espada en la mano? 
Nuestro Fernando había servido en el Ejército en su estada en Lima y allí obtuvo el grado de sargento. Al producirse la Guerra del Putumayo volvió a enrolarse. Podemos imaginarlo en la capital diciendo “permiso mi coronel” cada vez que se cuadraba ante el monumento a Bolognesi al salir de franco, tal como lo hacen hoy los cadetes en la Escuela Militar de Chorrillos.
La valoración de nuestros héroes no puede significar avivar odios contra los países vecinos, ni fomentar espíritu de revancha frente a acontecimientos pasados. En el caso del homenaje que rendimos a Fernando Lores, el recuerdo y la reconstrucción de su vida y de su heroico sacrificio no puede llevarnos a albergar sentimientos contrarios al pueblo de Colombia. Sin embargo, es indispensable la recuperación del pasado, ya que toda nación tiene necesidad de fortalecer continuamente su identidad y una manera de hacerlo consiste en  destacar  aquellos acontecimientos en los cuales se han puesto de manifiesto los valores de su gente.
Es una gran aspiración del pueblo loretano que nuestros héroes sean reconocidos como tales por todos los pueblos del Perú, ya que en los diversos conflictos fronterizos que se han producido, ha habido hombres y mujeres que ofrendaron lo mejor de sí en defensa de la soberanía nacional. Algunos de ellos encontraron una muerte gloriosa. Otros no tuvieron la misma suerte y sobrevivieron.
Entre nuestros héroes el pueblo loretano ha colocado en un lugar prominente a Fernando Lores, de tal manera que se podría decir que en su persona se ha acumulado todo el valor patriótico puesto de manifiesto por los que combatieron no solamente en Gueppí, sino en toda la Guerra de 1932-1933 e incluso en la del Caquetá de 1911, así como en la del 41, del 81 y del 95.
Nos encontramos frente a algo semejante a lo sucedido en la Guerra con Chile hace un poco más de un siglo. Las personas de Bolognesi,  Ugarte, Grau y Cáceres simbolizan a toda esa gran cantidad de gente, loretanos entre ellos, que se ofrendaron en defensa de la soberanía nacional.
En la historia de todos los pueblos de la tierra ha sucedido siempre algo así. Las grandes gestas patrióticas tienen como protagonistas a muchas personas pero una o unas pocas son reconocidas con su nombre y pasan a simbolizar a todo el grupo. A veces desde un primer momento y otras con el correr del tiempo, se  identifica al grupo con la persona. En unos casos es el jefe quien recibe la gloria como aconteció con Bolognesi y Grau. Otras es un subalterno, como sucedió con Cáceres en Tarapacá  o con Alfonso Ugarte en Arica.
Esto nos coloca frente al asunto del rol de los individuos en la historia. No cabe duda que la historia la hacen los pueblos, pero hay líderes formales o informales que personifican a esos pueblos porque tomaron valiosas y heroicas iniciativas. En hombres y mujeres así están personificados los valores de cada pueblo. De esta manera estas personas se convierten en un paradigma, es decir en un ejemplo para todos los integrantes de ese pueblo y en ellos reposa un elemento importante de la identidad nacional.
Una pregunta que cabe hacerse tiene que ver con la forma en que se encumbra a una persona llegando a convertirse en ese paradigma. ¿Cómo fue que se encumbró a esa persona? Lo que sucede generalmente es que, desde un primer momento, los pueblos tienen una especie de “olfato” o intuición para identificarlo y difícilmente se equivocan. Con el correr del tiempo se agigantan, principalmente por los aportes de la investigación histórica. Un ejemplo claro de esto es lo sucedido con Cáceres a raíz de los estudios que continúan haciéndose sobre el papel que cumplió en la conducción de la Resistencia Nacional contra el invasor chileno. Sin embargo su figura ha demorado en crecer.  Basadre acertadamente explica que esto se debió a que “no tuvo la suerte de morir en Huamachuco”. Es casi seguro que cada vez vaya siendo valorado más y más. Sin desmerecer a nuestros otros prohombres, es casi seguro que al cabo de algunas décadas ocupe un sitial en la historia nacional que hoy sea difícil de imaginar. Lo que pasa es que la historia de los pueblos está  en constante construcción.
La identificación de la acción heroica poco a poco va simplificándose y en pocas palabras queda expresada siendo fácilmente comprensible para toda la población, incluso para los niños. Allí están el “tengo deberes sagrados que cumplir” de Bolognesi, el caballo blanco y la bandera de Alfonso Ugarte lanzándose desde el Morro, el acto generoso de Grau en Iquique, la fortaleza moral de Cáceres de persistir en la Resistencia Nacional a pesar de las traiciones y los múltiples sinsabores.


En nuestro caso, el pueblo loretano, desde un inicio, sin desmerecer a los demás, identificó a Fernando Lores como el líder informal en lo glorioso que tuvo lugar la mañana del 26 de marzo de 1933 en que fuimos derrotados en Gueppí. La memoria colectiva del pueblo lo ha ido encumbrando con el correr del tiempo. No cabe la posibilidad de que haya habido intereses particulares en levantar su figura. ¿Qué afán pudiera haber habido para intentar realzar a un sargento de 26 años habiendo jefes y oficiales que también habían destacado por su valor? En Lores encontramos, sin duda, un caso típico de héroe popular.
 
Después del Combate de Gueppí, el heroísmo de Lores y sus compañeros hizo que los combatientes peruanos pelearan con mayor entusiasmo. Así, por ejemplo, unas tres semanas después, el 15 de abril, en un operativo de sorpresa, en el lugar denominado Calderón, en la orilla colombiana del Putumayo, nuestra gente tuvo un brillante triunfo, en el que destacó el joven sargento Carlos Sicchar Velásquez, quien estuvo a cargo de la mortífera ametralladora. Vaya el homenaje a nuestro gran amigo, fallecido hace muy poco, tronco de una familia de hijos de Loreto que ha heredado su vena patriota. 
 
Fernando Lores se inmoló a los 26 años, a un mes antes de su 27 cumpleaños, cuando estaba próximo a casarse. Es sin, duda, un ejemplo de joven loretano.
 
 
¿QUÉ SABEMOS DE SU FAMILIA Y DE SU JOVEN VIDA?
 
Hace 109 años nació en Iquitos Fernando Lores Tenazoa. María Tenazoa dio a luz al bebe en la madrugada del 27 de abril de 1906. Ella tenía 25 años y éste era su tercer hijo. Antes habían nacido dos mujercitas, Rosa y Luisa. Hubo dos hijos más, Julio y Josefina. María era tarapotina.
El padre, Benito Lores, era limeño, de 42 años. No se encontraba en Iquitos en momentos del alumbramiento. Había tenido que viajar al Putumayo para ocupar el cargo de comisario de esa zona. Era también jefe de la lancha "Iquitos". Recién conoció a su hijo tres meses después, al regresar de aquel río, que no era frontera con Colombia, ya que el Perú llegaba hasta el Río Caquetá, mucho más al norte.
 
Cuando nació Fernando su familia vivía en la cuadra cuatro de la calle Arica. Pocos meses después se mudaron a la calle Nanay y posteriormente al jirón Pastaza (hoy calle Sargento Lores) donde transcurrió su infancia, adolescencia y juventud.
 
Nueve años antes de su nacimiento, en 1897, Iquitos había comenzado a ser la capital del departamento de Loreto. Hasta ese entonces y desde mucho tiempo atrás, Moyobamba había sido la capital. La población de nuestra ciudad era de unos doce mil habitantes, entre los cuales había buena cantidad de ciudadanos de 21 países. En realidad, la mayor parte de la población de aquellos tiempos no había nacido en Iquitos, los padres de Fernando, por ejemplo. Los antiguos pobladores indígenas del pueblo Ikitu habían tenido que irse a vivir a las afueras de la ciudad y principalmente a la parte alta del Río Nanay, ya que la mucha gente que llegaba iba ocupando el centro. Cada día había menos viviendas con techo de palma y se construían aceleradamente casas al estilo europeo y también locales para las empresas comerciales y bancarias.
 
Unos cuarenta años antes del nacimiento de Fernando Lores, Iquitos había comenzado a dejar de ser un pequeño caserío. Su crecimiento fue rapidísimo. Mucha gente vino de los pueblos que hoy conforman el departamento de San Martín. Allá  sólo quedaron los ancianos y algunas mujeres con sus  niños. Una de las muchas mujeres jóvenes que  vinieron fue María Tenazoa. Precisamente en 1906, año del nacimiento de Fernando, los antiguos pobladores de esos pueblos lograron separarse de Loreto y se creó el departamento de San Martín. Esta fue la respuesta al abandono en que se encontraban debido al agobiante centralismo iquiteño. Todos los recursos presupuestales para Loreto se quedaban acá y nada llegaba a ciudades y pueblos antiguos como  Moyobamba, Rioja, Tarapoto o Saposoa.
 
Cuando nuestro héroe estaba todavía en el vientre materno, se instaló por primera vez en Iquitos el servicio de alumbrado eléctrico a cargo de una empresa privada. María tenía cuatro meses de gestación cuando se inauguró el ferrocarril que atravesaba la ciudad, del cual nos queda como recuerdo la locomotora de la Plaza 28 de julio. El niño tenía seis años cuando se puso el agua potable y se estableció la comunicación por telégrafo con Lima. Eran tiempos en que se cocinaba con carbón o leña. Los fogones eran cubiertos con una tapa de lata para disminuir el fuego. Cuentan que el travieso Fernando, a los tres años, se quemó el trasero al sentarse en una de esas latas calientes que su mamá  había dejando sobre unos ladrillos cerca al suelo. Fue fuerte la quemadura, ya que estuvo dos meses en tratamiento.
 
Es posible que Fernando haya sido uno de los niños que corrían al lado de los soldados que  partían o regresaban del Río Caquetá  en la Guerra con Colombia de 1911. Tenía en esos tiempos cinco años.
 
A los seis años, en 1912, comenzó a ir a la escuela. El Estado dedicaba buena parte del presupuesto nacional de educación a las escuelas de Iquitos, dado su crecimiento acelerado. A esa misma edad fue bautizado. Este acto religioso fue quizás uno de los últimos actos del párroco de Iquitos, el padre Pedro Correa, ya que, luego tuvo que irse de esta ciudad donde había estado por unos veinte años. Lo que sucedió fue que, desde 1901, se había producido un problema al interior de la Iglesia Católica,  porque prácticamente había dos párrocos en la ciudad. El otro era un misionero agustino, integrante del grupo que habían sido enviados por el Papa al crearse el Vicariato San León del Amazonas, hoy Vicariato de Iquitos. Las autoridades municipales no querían que los agustinos se quedaran en la ciudad, sino que se fueran a vivir a los caseríos.  Según estas autoridades, los misioneros habían sido enviados para “evangelizar a los salvajes” y como “en Iquitos no había salvajes”, no tenían por qué quedarse. De esta manera, se pusieron a favor del padre Correa, quien dependía del obispo de Chachapoyas, la máxima autoridad religiosa en la Amazonía peruana en aquellos tiempos. Todo hace ver que el alcalde y los regidores estaban contentos con el padre Correa, ya que éste se dedicaba a su labor religiosa sin preocuparse por lo que sucedía a su alrededor. Y lo que acontecía no era cualquier cosa. Era muy grave lo que estaba pasando por esos tiempos.
 
Cuando Fernando Lores fue bautizado, a los seis años, la ciudad de Iquitos seguía conmocionada por un escándalo judicial. Los acusados eran Julio César Arana, el hombre más importante en la Amazonía peruana, juntamente con sus socios y varios de sus empleados. Estos últimos estaban presos en la cárcel de la calle Brasil. Este juicio es conocido en la historia de Loreto como el "Escándalo del Putumayo" y se inició al haberse puesto al descubierto los crímenes que se habían venido cometiendo contra la gente indígena de ese río que hoy marca la frontera con Colombia. Se calcula que unas 50 mil personas fueron asesinadas de la manera más horrenda en la extracción del caucho. El juicio se había iniciado en 1907, cuando Fernando tenía un año de nacido. En el Perú y en el extranjero se escribieron libros y artículos periodísticos sobre estos hechos abominables. El Putumayo era nombrado en Estados Unidos, Inglaterra, España y casi todos los países del mundo. La "Peruvian Amazon Company", la empresa de Julio C. Arana, se había hecho tristemente famosa. Colombia se aprovechaba del escándalo y ponía todo de su parte para que se desprestigiara el Perú, ya que por fin había  encontrado un pretexto para reclamar el Putumayo, el que nunca le había pertenecido.
 
La época del caucho es la etapa más triste y vergonzosa de nuestra historia amazónica. Ni siquiera en tiempos de la dominación española los pueblos indígenas habían sido tratados de manera tan ignominiosa y todo con el afán de obtener grandes ganancias con la explotación cauchera. Esas ganancias salían de la muerte y sufrimiento de la gente indígena a quienes no solamente no se les pagaba salario sino que se les esclavizaba. Las torturas y asesinatos se producían cuando un indígena no cumplía con entregar los diez kilos diarios de caucho a que estaba obligado o cuando se negaba a trabajar en estas condiciones. La gente de Arana en el Putumayo buscaba "escarmentar" a los que no cumplían con lo que ellos ordenaban para que no cundiera, según ellos, el mal ejemplo. Las autoridades que tenía el Perú en el Putumayo se hacían de la vista gorda. Es posible que este haya sido el papel que le tocó cumplir a Benito Lores, el padre de Fernando. Durante sus primeros años de vida, nuestro héroe no tuvo a su papá a su lado, ya que éste pasaba la mayor parte del tiempo allá y sólo venía de cuando en cuando.
 
Tan grave era todo esto, que el Papa Pió X, hoy  San Pió X, escribió la encíclica “Lacrimabili Statu”  condenando los crímenes del Putumayo. Este documento fue firmado en Roma un mes después del bautismo de Fernando Lores, el 7 de junio de 1912. Podría ser que debido a eso se terminara el problema entre el padre Pedro Correa y los agustinos, ya que ese año estos misioneros se hicieron cargo de la parroquia de Iquitos.
 
El crecimiento acelerado de Iquitos y su progreso se debieron pues al auge de la explotación del caucho. Por eso se puede decir que Iquitos se construyó con sangre y sufrimiento indígena.
 
Sin embargo, la entrada de Fernando Lores a la escuela, en 1912, coincidió con la caída del negocio del caucho. Nuestras exportaciones caucheras se fueron al suelo de la noche a la mañana en 1911 debido a que el caucho que producía Inglaterra en las plantaciones de sus colonias asiáticas, establecidas con semillas robadas de nuestra Amazonía, era de mejor calidad que el nuestro que crecía al natural y también porque ese caucho llegaba a las grandes ciudades consumidoras a menor precio que el nuestro. Esto hizo que prácticamente quedáramos fuera de la competencia en el mercado.
 
Años después, José Carlos Mariátegui diría que lo del caucho no pasó de ser una ilusión y que no supimos darnos cuenta de que era así. Por eso afirma que, con la caída del caucho, Loreto sufrió un cataclismo. Fue así en realidad. Las empresas quebraron, los grandes patrones caucheros se fueron a Lima o a Europa. Se llevaron todo el dinero. Aquí sólo quedó el desempleo y la pobreza. La mayor cantidad de gente que había venido de San Martín se quedó aquí o en los caseríos que se habían creado para el trabajo del caucho. No podían regresar a su tierra como fracasados. Entre la gente que se quedó estuvo María Tenazoa, la madre de Lores. Entre los que se fueron estuvo su padre. No tenía aquí nada qué hacer. Abandonó a su familia y se fue a vivir a Lima. Fernando tenía siete años.
 
La infancia y adolescencia de Fernando Lores transcurrieron en los tiempos de grave crisis que sucedió a la época del caucho. María había quedado sola y sus dos pequeños hijos varones, Fernando y Julio,  tuvieron que ponerse a trabajar, primero vendiendo botellas vacías y luego ayudando a cargar bultos o hacer encargos. A los doce años, cuando terminó la primaria, entró a trabajar en un taller de confección de zapatos. Los testimonios que se han recogido de los que lo conocieron lo muestran como un niño juguetón y con iniciativa. Esto hizo que se metiera de malabarista trabajando para Linorio López, un famoso prestidigitador. Actuaba en el Teatro Imperio en la Plaza 28 de Julio. Con el tiempo este lugar se convertiría en el Cine Loretano y mucho más tarde en  el Cine Bolognesi. También se hizo teatrista. Su nombre artístico fue "Perote".
 
A los 15 años, nuestro Fernando había sido ya muchas cosas: mandadero, cargador, fabricante de zapatos, cómico, boxeador y también futbolista. Formó parte del Club Tuta. Con estos antecedentes, a nadie puede llamar la atención que vistiera el uniforme militar cuando ese año de 1921 se produjera el levantamiento federalista dirigido por el capitán Guillermo Cervantes. Es fácil imaginárselo metido en la revuelta.
 
Después del fracaso del movimiento cervantista,  Fernando sintió que Iquitos le quedaba chico. Por eso, a los 20 años se fue a Lima. Su objetivo era ser militar. Es posible que hubiera visto en Cervantes un ejemplo. Usó la antigua vía del Huallaga hasta Moyobamba, Chachapoyas, Cajamarca, Trujillo y Lima. En su recorrido y en la capital se ganó la vida con los oficios que tan bien conocía  realizando actuaciones teatrales, bailaba, cantaba y tocaba la guitarra.
 
Sus primeros meses en Lima fueron duros. En 1926 ingresó como conscripto voluntario a la Escuela Militar de Chorrillos. En 1927 ascendió a Cabo. En 1930 ya era Sargento segundo. Se dio de baja en 1931. Retornó a Iquitos por la Vía del Pichis. El viaje duró un mes.
 
Ya en Iquitos, durante un poco más de un año disfrutó del hogar materno y de sus hermanos. Retomó la relación con su novia Cecilia Flores y decidieron casarse. En eso estaban cuando estalló la guerra y se enroló.
 
Hace casi un cuarto de siglo, en 1993, llevamos a cabo un concurso sobre la vida de Fernando Lores, el que estuvo organizado por el Archivo Regional, el IIAP, La V Región Militar, la UNAP y la DREL. Como parte del concurso se hizo un conversatorio en el Aula Magna entre los/las estudiantes y Cecilia Flores, la novia eterna de Lores. Cada concursante había sido seleccionado por la calidad de las preguntas que había formulado por escrito con antelación. Horas de preguntas y respuestas han quedado inmortalizadas en un video grabado con cuidado y cariño por el ingeniero Pedro Icomedes del IIAP.
 
 
¿QUÉ HECHOS CERCANOS HICIERON QUE SE PRODUJERA LA GUERRA DE LETICIA?
 
Va una cronología de lo acontecido entre la firma del Tratado en 1922 y la declaratoria de guerra de Colombia al Perú a fines de 1933:
 
1922: 24 de marzo
Se firma en Lima el Tratado secreto entre nuestro Ministro de Relaciones Exteriores Alberto Salomón y el embajador plenipotenciario colombiano Fabio Lozano. El Estado peruano entrega a Colombia la décima parte de nuestro territorio nacional, incluida la ciudad de Leticia, llegando a ser el tercer país a orillas del Amazonas. Hasta ese momento el Monarca de los Ríos solamente pertenecía a Brasil y Perú.
 
1922: 11 de setiembre
En Lima, escribe el embajador colombiano Fabio Lozano al Ministro Alberto Salomón presionándolo para que envíe el Tratado al Congreso para su aprobación.
 
1923: 20 de marzo
En Lima, Lozano insiste ante Salomón para que envíe el Tratado al Congreso.
 
1923: 29 de noviembre
Nuevamente presiona Lozano a Salomón para que envíe el Tratado al Congreso.
 
1924: 20 de agosto:
Colombia, satisfecha con todo lo conseguido, firma con Panamá el Tratado Vélez-Victoria por el cual reconoce su independencia. Había vendido muy cara la firma de este tratado. 
 
1924: Brasil envía un memorando de protesta al Perú por haber firmado a sus espaldas un tratado secreto con Colombia modificándole la frontera. De esta manera se hace pública la existencia del Tratado. Por su parte, Ecuador reclama a Colombia por haber hecho un tratado con Perú en territorios que habían sido acordados por los dos países pocos años antes, en 1916.
 
1924: segundo semestre
Protestas en Iquitos y en Lima rechazando el Tratado.
 
1925: 4 de marzo
En Washington, Estados Unidos hace que Brasil acepte la nueva frontera con Colombia. Había llamado a Perú, Colombia, Brasil y Ecuador. Este último no aceptó ir a la llamada “Conferencia de Washington”.
 
1925: 18 de marzo
Insiste Lozano ante Salomón, aduciendo que está de por medio lo acordado en Washington.
 
1925: 21 de marzo
Salomón se disculpa ante Lozano argumentando que está a la espera del Acta firmada en Washington.
 
1925: 28 de octubre
Carta de Lozano a César Elguera (nuevo Ministro de Relaciones Exteriores del Perú): le informa que el Congreso colombiano ya aprobó el Tratado.
 
1927: 18 de enero
Carta de Lozano a Pedro Rada y Gamio (nuevo Ministro de Relaciones Exteriores del Perú): Insiste en que el Congreso peruano apruebe el Tratado.
 
1927: 22 de enero.
Carta de Rada y Gamio a Lozano: Argumenta que no se puede avanzar en la aprobación del Tratado porque está de por medio el litigio con Chile.
 
1927;
Continúan las protestas contra el Tratado.
 
1927: 20 de diciembre
Aprobación del Tratado Salomón Lozano por el Congreso peruano. (102 a favor y 7 en contra).
 
1928: 30 de marzo
Carta de Rada y Gamio a Lozano: Informa que el coronel Roberto López será el jefe de la Comisión Demarcadora (por el Perú).
 
1928: 19 de mayo
Carta de Lozano a Rada y Gamio: Informa que Darío Rozo será el jefe de la Comisión Demarcadora (por Colombia).
 
1928: 29 de mayo
Fue inscrito el Tratado Salomón-Lozano en la Sociedad de Naciones (antecesor de la ONU).
 
1928: 19 de setiembre
Se firma en Masisea el acta de instalación de la Comisión Mixta Demarcadora.
 
1928: 15 de octubre
Se firma en Iquitos el acta de las actividades de la Comisión Mixta Demarcadora.
 
1929: 6 de febrero
Se firma en Iquitos el acta de la sesión de la Comisión Mixta Demarcadora. Se tratan temas como el del Aguarico y el Yaguas.
 
1929: 9 de octubre
Carta de Rada y Gamio a Lozano: posición peruana sobre la demarcación en las cabeceras de los ríos Atacuari y Yaguas.
 
1929: 15 de octubre
Carta de Lozano a Rada y Gamio: Posición colombiana sobre el asunto del Atacuari y el Yaguas.
 
1929: 11 de noviembre
Se firma en Iquitos el acta de la sesión de la Comisión Mixta Demarcadora.
 
1930: 12 de marzo
Se firma en Iquitos el acta de la sesión de la Comisión Mixta Demarcadora.
 
1930: 31 de julio
Se firma en Iquitos el ACTA FINAL de la Comisión Mixta Demarcadora.
 
1930: 17 de agosto
En la ciudad de Leticia la Comisión Mixta Demarcadora lleva a cabo el acto final del drama: Se arria la bandera peruana, se iza la bandera colombiana, sale la tropa peruana e ingresa la tropa colombiana.
 
1930: 22 de agosto
En Arequipa, Sánchez Cerro da el golpe de estado contra Leguía.
 
1932: marzo
Pasa por Iquitos, con destino a Lima, la carta de la población de Caballo Cocha y de los peruanos de Leticia dirigida al Presidente y al Congreso pidiendo que Leticia retorne al Perú: “Hemos sido entregados a Colombia como si fuéramos sajinos o céticos”.
 
La población de Iquitos se conmueve con la carta y se conforma la Junta Patriótica de Loreto. Deciden, en secreto, organizar la captura de Leticia, conscientes de que estaban atentando contra el Derecho Internacional, ya que, aunque injustamente, Leticia pertenecía a Colombia con todas las de la ley desde un año y medio antes.
 
1932: 1 de setiembre
TOMA DE LETICIA organizada por la Junta Patriótica de Loreto y ejecutada por 48 loretanos al mando de Juan Francisco La Rosa.
 
1932: Setiembre
En la Sociedad de Naciones (también denominada Liga de Naciones), en Ginebra, Suiza, el representante colombiano denunció al Estado peruano por lo sucedido en Leticia. El representante peruano, Francisco García Calderón, desmintió tal acusación señalando que lo acontecido había sido obra del pueblo de Loreto. Ante tal respuesta el gobierno de Colombia anunció que iba a solucionar el asunto como un “problema de orden interno”. 
 
1932: Desde setiembre
La Fuerza Armada peruana recibe instrucciones del presidente Sánchez Cerro de apoyar a los ocupantes de Leticia. 
 
1932: 19 de noviembre
El periódico El Tiempo, de Bogotá, dice: “The New York Times publica hoy un despacho procedente de Rio de Janeiro [en el cual se informa que] el ataque de los peruanos a la población colombiana de Leticia fue premeditado cautelosamente y preparado anticipadamente con precisión militar (...). Agrega la información que aun cuando es cierto que el pueblo de Iquitos apoyó después el asalto de Leticia, la iniciativa de ese atentado no tuvo origen popular, sino que se fraguó en círculos militares”.
 
El diario El Tiempo de Bogotá acierta al destacar que “el asalto a Leticia fue el resultado de un cuidadoso estudio militar”. Yerra, en cambio, al concluir que eso demuestra que fue llevado a cabo por la Fuerza Armada peruana.
 
La planificación estratégica de la captura de Leticia estuvo a cargo de una persona muy joven, Juan Francisco La Rosa Guevara, quien había renunciado a su cargo de alférez del Ejército para poder participar. Meses antes, siendo jefe de la guarnición de Chimbote (la única que existía en la zona de frontera, ya que no existía la actual guarnición de Pijuayal), había detectado inusuales movimientos del también joven ingeniero civil Oscar Ordoñez de la Haza. Al respecto, Ordóñez tenía un contrato de construcción en el fundo La Victoria, vecino a Leticia, de propiedad de los hermanos Vigil. Por ello pasaba frecuentemente por la guarnición de Chimbote. Sin embargo, nadie sabía que era uno de los seis miembros de la Junta Patriótica de Loreto y que había sido encargado de seleccionar a los combatientes que ocuparían Leticia. Ello hacía que tuviera que cruzar el río frecuentemente para ir a Caballo Cocha, así como a las islas Yahuma, San Antonio de Cacao, entre otras localidades ribereñas, cumpliendo con la tarea encomendada.
 
En una larguísima conversación que tuvimos en Lima (hace unos 30 años), Juan Francisco La Rosa me contó que estaba intrigado por los movimientos que estaba haciendo Oscar Ordóñez y que en una de sus pasadas por la guarnición de Chimbote lo “cuadró” pidiéndole explicaciones haciéndole ver que estaba al tanto de sus movimientos. Es así que Ordoñez se vio obligado a contarle el plan de la Junta Patriótica de Loreto de capturar Leticia. Juan Francisco no dudó un segundo y se comprometió con el plan de la Junta Patriótica. Para ello tuvo que renunciar al cargo de oficial del Ejército. De esta manera quedó libre para desplazarse por los caseríos seleccionando a los combatientes y entrenándolos a usar las armas que habían llegado de Iquitos en la lancha Estefita. Organizó cuatro destacamentos de 12 combatientes cada uno. Como todos conocían Leticia, se pudo planificar al detalle las acciones. Esto hizo que se cumpliera el plan milimétricamente y que no hubiera necesidad de disparar un solo tiro.
 
A Juan Francisco le fue difícil después reincorporarse al Ejército. Los jefes no entendieron su gesto y por ello no le permitieron ascender, pasando al retiro con el grado de capitán. El día de la toma de Leticia le tocó arriar la bandera colombiana en su calidad de jefe militar de la acción, así como le toco a Oscar Ordóñez quitarle la espada de mando al capitán colombiano. Ambos han conservado celosamente esos trofeos en sus hogares en Lima y hace no muchos años sus descendientes nos los han entregado. Hoy los tenemos en el local del Municipio.
 
El primero de setiembre de 1982, siendo alcalde de Maynas Luis Armando Lozano, se organizó la celebración del cincuentenario. Con los recursos puestos por el Municipio se pudo traer de la frontera y de Lima a quienes habían participado en la Toma de Leticia. Se reencontraron ancianos campesinos (algunos sin zapatos, porque nunca los habían usado) con su “jefe” Juan Francisco La Rosa, quien encendió la llama votiva en la Plaza de Armas. De Lima vino la nuera de Oscar Ordóñez, Anita Edery, autora de la música de la Marcha a Leticia. La letra corresponde al poeta Jorge Rúnciman y Rivas Plata. También vinieron Marcos Edery (el “niño héroe”), Pablo Carmelo Montalván (PACARMON) quien tuvo a su cargo el discurso de orden en la sesión solemne en el Salón Ramón Castilla del Municipio (en la Plaza de Armas), Julio Lores (hermano de Fernando) y su esposa, entre otros invitados.
 
1932: 28 de diciembre
El Gobierno colombiano dispone que los cañoneros “Pichincha” y “Boyacá” se establezcan en Belem do Pará, en la boca del Amazonas, para estar listos ante cualquier eventualidad.  
 
Ingresa por la boca del Amazonas la flota colombiana, al mando del general Alfredo Vásquez Cobo, con apoyo de aviones piloteados por mercenarios alemanes.
 
SIGNIFICADO DE LA TOMA DE LETICIA
 
Pasados 82 años, se hace necesario tratar de comprender mejor los hechos que dieron lugar a que  el primero de setiembre de 1932 un grupo de 48 valientes moradores de Caballo Cocha y de caseríos vecinos asaltaran la ciudad de Leticia reincorporando transitoriamente el Trapecio Amazónico al seno de la Patria.
 
No cabe duda que con ese acto se estaba respondiendo al gran clamor no sólo del pueblo loretano, sino de los sectores más lúcidos del pueblo peruano. La ciudadanía de la frontera cumplió con su responsabilidad ante el conjunto de la nación. En Caballo Cocha y alrededores la "razón" exigía resignarse ya que el Tratado Salomón-Lozano era un hecho consumado desde dos años atrás. Todas las protestas no habían podido impedir que se ejecutara ese desdichado acuerdo firmado en 1922 entre el gobierno de Leguía y el de Colombia.
 
Se trató de una operación armada, no cabe duda, y se sabía que se podía morir. Nada de esto pasó por la forma en que se produjeron los hechos. Fue planeada al detalle y los combatientes estaban organizados como auténticos comandos.
 
Debemos recordar estos hechos porque de lo que se trata es de mantener en la memoria colectiva del pueblo oretano y de los otros pueblos de la Patria, la gran conciencia de peruanidad que pusieron de manifiesto nuestros mayores con aquella acción.
 
¿POR QUÉ LA GUERRA DE LETICIA SE LIBRÓ EN EL RÍO PUTUMAYO Y NO EN EL RÍO AMAZONAS?
 
Sucedió que, cuando la Expedición colombiana al mando del general Vásquez Cobo ingresó por el Amazonas para bombardear Leticia y así desocuparla, se enteró que Leticia estaba protegida y que nuestra Fuerza Armada había colocado minas en el río. Esto lo obligó a cambiar su ruta y surcar por el Putumayo estando todavía en territorio brasilero.
 
¿EN QUÉ MOMENTO DE LA GUERRA SE PRODUJO EL COMBATE DE GUEPPÍ?
 
En realidad, lo que hubo en el Putumayo en los primeros meses de 1933 fueron escaramuzas entre tropas peruanas y colombianas.
 
El 14 de febrero de 1933 se llevó a cabo el primer encuentro armado en Tarapacá, en la boca del Río Yaguas.
 
El 26 de marzo fue el Combate de Gueppí.
 
El 15 de abril fue la “Sorpresa de Calderón”, en el Putumayo: Una patrulla peruana atacó a la marinería colombiana desde la orilla peruana, ocasionando la desmoralización de sus tropas.
 
El 30 de abril de 1933 fue asesinado el presidente Sánchez Cerro en Lima, en el hipódromo, quien estaba pasando revista a los 20.000 soldados que partirían para el frente amazónico. Su sucesor, el general Oscar Benavides, cuando vivió en Francia, hizo amistad con el embajador colombiano Alfonso López Pumarejo.
 
A mediados de mayo, en Lima Benavides y López Pumarejo, representante de Colombia, acordaron poner fin a la guerra.
 
1933: junio
El Teniente Hildebrando Tejedo Monteza, interpretando en sentir popular, se sublevó en Iquitos al regresar de la frontera en protesta porque se había parado la guerra. Fue apresado y condenado. Murió en prisión en Lima.
 
¿CUÁL FUE EL DESENLACE DE LA GUERRA? ¿EN QUÉ TERMINÓ LA GUERRA?
 
1934: 19 de junio
Perú y Colombia firman el Tratado de Río de Janeiro por el cual se decide que Leticia retornaría definitivamente a Colombia. Una comisión de la Sociedad de Nacional hizo la entregó. Todo quedó consumado.
 
Pablo Carmelo Montalván (PACARMON), con hermosa prosa, escribe en el Epílogo de “El rescate de Leticia”:
 
"...Montado el gran final para escenificarse en el gran teatro de la Liga de las Naciones, la fina diplomacia colombiana inició la reconciliación con los parabienes que presentó uno de sus más destacados diplomáticos al nuevo mandatario de la nación. Fue correspondido con una invitación especial al palacio presidencial, que culminó con entrevistas a puertas cerradas, en las que determinaron, en trato directo, el destino de las tierras en disputa y la expatriación de miles de peruanos.
 
Nuestros políticos y diplomáticos reanudaron con más énfasis sus discursos en elogio de sus ilusorios triunfos en la pugna por mantener el respeto de nuestra soberanía e integridad territorial, haciendo coro con los panegíricos de los nuevos áulicos y las alabanzas de los arribistas y serviles cortesanos, al magno esfuerzo y noble sacrificio del nuevo gobernante en pro de la paz...
 
...Y Leticia fue entregada nuevamente...
 
En la luminosa acción de los que ofrendaron sus vidas, muchos trataron de esconder su incuria, su negligencia, su incapacidad. .. en esa brillante aureola procuraron ocultar la orfandad de sus acciones y la pobreza de su méritos.
 
El ejército los proclamó sus héroes y los militares, orgullosamente, pregonaron sus nombres cantando la epopeya, como si hubiesen presenciado su sacrificio, como si hubieran comprendido su abnegación, como si no hubieran sido cómplices de su inútil inmolación.
 
El hombre de la selva, el dueño de la montaña, el loretano, los consagró como símbolo de sus defraudadas esperanzas de rescate, como una nueva herida del alma, abierta más dolorosamente.
 
Los nombres de los lejanos puestos donde cayeron, quedaron para la posteridad grabados con la sangre de aquellos ilusos abandonados a un sacrificio estéril, de aquellos que fueron abandonados por una extraña interpretación logística, en lugar de ser apoyados en la defensa de su suelo, como expresión de la voluntad de un pueblo, muriendo todos, como en una nueva Numancia, antes que permitir que la planta enemiga hollara nuestra tierra.
 
Las trincheras de Gueppí, regadas con la sangre que salpicó sus fosos, hicieron germinar una nueva doctrina de regionalismo y peruanidad, para regar en los ámbitos, a través de todos los tiempos, como un clamor vindicatorio, el rugido de indignación y amenaza de sus defensores, entre el fragor del trueno y el fulgor de los relámpagos de las tempestades de la selva, vívido recuerdo del fuego que vomitaron los fusiles y la ametralladora con que se inmortalizaron Lores, Bartra, Reyes, protegiendo la retirada de su Compañía, que penosamente, llegó hasta allí, solo para ofrecer a un pueblo ansioso, a una Nación expectante, el sacrificio de esos titanes...
 
La pugna profesional entre altos jefes, el interés político, hizo desoír la demanda de tropas, armas, municiones por las que estábamos clamando los expedicionarios. Bien lo sabía el Jefe del Comando de las Operaciones del Nor-oriente cuando dijo:
“estamos satisfechos del comportamiento de nuestras tropas y oficiales... no se puede tener idea de las inmensas dificultades naturales que hay que vencer para realizar una campaña en la selva, las enormes distancias que hay que recorrer abriéndose paso por entre espeso monte, machete en mano, atravesando ríos y ciénagas a cada instante, donde el clima es inclemente y las fiebres son inevitables...”
 
¡No!... No podía tener idea porque nunca vio la selva a no ser desde un avión... ¡Nosotros éramos dueños de ella, pero no teníamos armas, caminábamos por ella, pero no teníamos alimentos, nosotros estábamos luchando contra las fiebres, pero no teníamos medicinas!
 
Mientras tanto, nuestros políticos trataban de sostener a sus caudillos para no perder el poder, nuestros generales deliberaban y discutían para decidirse a cual de ellos apoyar, nuestros diplomáticos, envueltos en las redes dialécticas de la intangibilidad de los tratados, incorporaban una nueva semántica para el honor nacional... Fueron incapaces de comprender el fervor regional loretano, no se atrevieron a respaldar el clamor de un pueblo despojado, desoyeron la ansiedad del nativo de recobrar su nacionalidad.
 
...¡Y Leticia fue entregada nuevamente!. ..
 
Y cuando un oficial loretano que había estado en Leticia, que había visto la realidad de nuestro abandono, que había presentido el final de la mascarada, se alzó en armas contra esa nueva entrega, lo acusaron de traidor a la patria... ¡lo llamaron loco!.., como locos llamaron a los que lo secundaron.. . como locos debieron llamarnos a todos los que soñamos que Leticia volvería a ser peruana.
 
Tejedo quiso hacer acción la protesta que nuevamente estaba conteniéndose en todas las gargantas, presintió, como muchos presentimos, que nuevamente seríamos traicionados; conocía como muchos, “la Historia Sociológica y Política de su Patria”... Por eso tuvo, al ser juzgado, la entereza y claridad que da la desesperación, ante el fracaso de una causa justa, de lanzar ante sus jueces, frases acusatorias al proceder del gobierno y afirmó que Leticia sería nuevamente entregada a Colombia...
 
...¡Y Leticia fue entregada...
Sus jueces, endurecidos en la disciplina de cuartel, ofuscados por un equivocado concepto de honor militar, desviados por su particular entender del amor a la patria, fueron incapaces de comprender la mentalidad de Tejedo, la magnitud del amor a su tierra, su idiosincrasia de hombre de la selva, el tácito sacrificio de su carrera en aras de su regionalismo. .. y lo condenaron, igual que a los once clases que le acompañaron, por ... TRAICION A LA PATRIA...
 
¿Pudo haber jamás mayor absurdo?
 
Ellos, igual que los que cayeron en Gueppí, defendían la misma causa, era el rescate de su tierra su ideal, era Leticia su símbolo, era el sentimiento de la integridad de la patria lo que los impulsó... pero, a unos los ensalzaron y a otros los infamaron, a unos los llamaron héroes y a otros traidores a la patria... traidores a esa patria, que si pudiera hablar, pregonaría el grandioso valor, la cabal dimensión patriótica de su gesto... los reivindicaría para justicia y honor nacional...
...Pues Leticia... ¡fue entregada nuevamente!. ..
 
Los militares volvieron a sus cuarteles a ufanarse de la campaña y a esperar los aniversarios de la inmolación para festejarlos, volvieron a lucir sus brillantes uniformes en pomposos desfiles y a ejercitarse para ilusorias campañas... ¡Ya nada teníamos que perder!
 
El festín parecía terminado; los vecinos, todos, ya tenían su parte de suelo peruano... conquistado. .. arrebatado.. . cedido... ¡qué importaba!.. . Lentamente había ido disminuyendo nuestro inmenso territorio, heredad de los mayores, legado de la historia. ...Palabras, tratados, sangre... llenaron su lugar en sus páginas, tornando en recuerdo la visión de un Perú grande en extensión... porque nunca tuvimos habilidad para convencer, poder para vencer, ni armas para defender nuestros argumentos.
 
Los Caínes se llevaron casi la quinta parte de los territorios y crecieron a expensas del Abel sudamericano y nuestros políticos, nuestros militares, nuestros diplomáticos seguían agasajándolos. .. rindiéndoles entusiasmados homenajes... abriéndoles todas las puertas... olvidando ¡increíblemente! ... que uno de esos Caínes saqueó nuestra riqueza, destrozó nuestras reliquias, quemó nuestros altares, mató a sus padres, mató a sus hermanos... violó a sus mujeres...
 
...¡Y los llamaban hermanos!...
 
Seguíamos confiados, como siempre desunidos, cada quien tratando de empinarse, aunque fuera aplastando a los demás; expuestos a la traición que genera la envidia o el ansia de llegar al poder; seguíamos desarmados para amparar nuestros derechos, pues, las pocas armas que siempre tuvimos, solo sirvieron para hacer revoluciones, para sostener dictaduras, para sojuzgar al pueblo...
 
 
¿CÓMO INTERPRETAMOS ESTA GUERRA TENIENDO EN CUENTA LOS ANTECEDENTES MÁS LEJANOS?
 
Es tarea pendiente consensuar una Cronología de la Guerra de Leticia que nos permita una mirada de conjunto en la perspectiva de la “larga duración” y constatar, como lo insinúa Basadre, que Estado Unidos fue el artífice de la entrega de Leticia a Colombia.
 
1822: agosto:
Simón Bolívar escribe al General Santander manifestándole que "Maynas pertenece al Perú por una Real Orden muy moderna". Se refería a la Real Cédula que 20 años atrás, el 15 de julio de 1802, había firmado Carlos IV, por la cual el monarca español “segregaba” Maynas del Virreinato de Nueva Granada con capital en Santa Fe de Bogotá y la “agregaba” al Virreinato del Perú con capital en Lima. Sin embargo, a pesar de saber que Maynas le pertenecía al Perú, poco después, en 1829, Bolívar nos hace la Guerra reclamando Maynas para la Gran Colombia.
 
1903: 3 de noviembre:
Panamá se convierte en país independiente separándose de Colombia. Los independentistas contaron el apoyo de Estados Unidos a través de su agente Bunau-Varilla. Estaba de por medio el control del Canal de Panamá que no había terminado de construirse. Por ello firmó un tratado con el nuevo país por el cual recibía una franja de terreno ambos lados del canal que pasó a denominarse Zona del Canal. Varios países reconocieron al nuevo país, pero no lo hizo Colombia. A Estados Unidos le interesaba mucho que Colombia reconociera la Independencia de Panamá.
 
1904: mayo
Firma de dos convenios Perú-Colombia: Acuerdan someterse a la decisión del Rey de España y un “modus vivendi” mediante el cual se establece una zona de “statu quo” entre los ríos Napo y Caquetá.
 
1904: 6 de agosto
La Cancillería colombiana considera inaceptables ambos convenios.
 
1905:
Se firmaron nuevamente convenios entre Perú y Colombia para encargar el arbitraje al Papa y otro “modus vivendi” que señaló al Río Putumayo como límite provisional. Tampoco se ejecutaron por oposición del Congreso peruano.
 
1906: 6 de julio
Perú y Colombia firman un convenio provisional acordando mantener el “statu quo” en los territorios litigiosos y retirar de allí a las autoridades.
 
1909:
El presidente colombiano Rafael Reyes intentó llegar a un acuerdo con Estados Unidos reconociendo la independencia de Panamá, pero el pueblo colombiano se sublevó sacándolo del gobierno.
 
1909: 21 de abril
Perú y Colombia firman una Convención  mediante la cual constituyen una Comisión Internacional que debería investigar los incidentes en el Río Yubineto, afluente del Putumayo.
 
1910: 31 de abril
Perú y Colombia firman un Convenio modificando el del 21 de abril de 1909, estableciendo que la Comisión Internacional estaría integrada también por el Canciller del Brasil, quien la presidiría. Se preveía que, en caso de no aceptar éste, se acudiría a los embajadores de Gran Bretaña o de Alemania acreditados en Río de Janeiro. Nada de esto se ejecutó y los incidentes del Río Yubineto no se investigaron.
 
1911: 10 -12 de julio
La Fuerza Armada peruana, desaloja a una pequeña tropa colombiana que había cruzado el Río Caquetá, instalándose en territorio peruano. Se trata del Combate de la Pedrera.
 
1913:
Estados Unidos intenta llegar a un acuerdo con Colombia para que reconozca la Independencia de Panamá, ante la inminente inauguración del Canal. El Presidente Restrepo rechazó la propuesta norteamericana.
 
1914: 6 de abril
Colombia consigue firmar un tratado con Estados Unidos por el cual, se compromete a reconocer la independencia de Panamá, a cambio de recibir varias compensaciones, incluidos 25 millones de dólares. Sin embargo, pasaron los años y Colombia no reconoció la Independencia de Panamá. 
 
1916:
Ecuador y Colombia firman un Tratado por el cual definen los límites de su frontera común a partir de la desembocadura del río San Miguel en el Putumayo, por el divorcio de aguas entre el Putumayo y el Napo, hasta el origen del río Ambiyacú, y por el curso de éste hasta su desembocadura en el Amazonas, por donde continuaría la línea fronteriza hasta los límites con el Brasil.
 
1921:
Colombia y Estados Unidos modifican el tratado de 1914. Es posible que haya habido acuerdos que no quedaron escritos, como la intervención de Estados Unidos ante el gobierno de Leguía para que entregue a Colombia los territorios que le permitirían tener soberanía en el Río Amazonas.
 
1922: 24 de marzo
Se firma en Lima el Tratado secreto entre nuestro Ministro de Relaciones Exteriores Alberto Salomón y el embajador plenipotenciario colombiano Fabio Lozano. El Estado peruano entrega a Colombia la décima parte de nuestro territorio nacional, incluida la ciudad de Leticia, llegando a ser el tercer país a orillas del Amazonas. Hasta ese momento el Monarca de los Ríos solamente pertenecía a Brasil y Perú.
 
1922: 11 de setiembre
En Lima, escribe el embajador colombiano Fabio Lozano al Ministro Alberto Salomón presionándolo para que envíe el Tratado al Congreso para su aprobación.
 
1923: 20 de marzo
En Lima, Lozano insiste ante Salomón para que envíe el Tratado al Congreso.
 
1923: 29 de noviembre
Nuevamente presiona Lozano a Salomón para que envíe el Tratado al Congreso.
 
1924: 20 de agosto:
Colombia, satisfecha con todo lo conseguido, firma con Panamá el Tratado Vélez-Victoria por el cual reconoce su independencia. Había vendido muy cara la firma de este tratado. 
 
1924: Brasil envía un memorando de protesta al Perú por haber firmado a sus espaldas un tratado secreto con Colombia modificándole la frontera. De esta manera se hace pública la existencia del Tratado. Por su parte, Ecuador reclama a Colombia por haber hecho un tratado con Perú en territorios que habían sido acordados por los dos países pocos años antes, en 1916.
 
1924: segundo semestre
Protestas en Iquitos y en Lima rechazando el Tratado.
 
1925: 4 de marzo
En Washington, Estados Unidos hace que Brasil acepte la nueva frontera con Colombia. Había llamado a Perú, Colombia, Brasil y Ecuador. Este último no aceptó ir a la llamada “Conferencia de Washington”.
 
1925: 18 de marzo
Insiste Lozano ante Salomón, aduciendo que está de por medio lo acordado en Washington.
 
1925: 21 de marzo
Salomón se disculpa ante Lozano argumentando que está a la espera del Acta firmada en Washington.
 
1925: 28 de octubre
Carta de Lozano a César Elguera (nuevo Ministro de Relaciones Exteriores del Perú): le informa que el Congreso colombiano ya aprobó el Tratado.
 
1927: 18 de enero
Carta de Lozano a Pedro Rada y Gamio (nuevo Ministro de Relaciones Exteriores del Perú): Insiste en que el Congreso peruano apruebe el Tratado.
 
1927: 22 de enero. Carta de Rada y Gamio a Lozano: Argumenta que no se puede avanzar en la aprobación del Tratado porque está de por medio el litigio con Chile.
 
1927;
Continúan las protestas contra el Tratado.
 
1927: 20 de diciembre
Aprobación del Tratado Salomón Lozano por el Congreso peruano. (102 a favor y 7 en contra).
 
1928: 30 de marzo
Carta de Rada y Gamio a Lozano: Informa que el coronel Roberto López será el jefe de la Comisión Demarcadora (por el Perú).
 
1928: 19 de mayo
Carta de Lozano a Rada y Gamio: Informa que Darío Rozo será el jefe de la Comisión Demarcadora (por Colombia).
 
1928: 29 de mayo
Fue inscrito el Tratado Salomón-Lozano en la Sociedad de Naciones (antecesor de la ONU).
 
1928: 19 de setiembre
Se firma en Masisea el acta de instalación de la Comisión Mixta Demarcadora.
 
1928: 15 de octubre
Se firma en Iquitos el acta de las actividades de la Comisión Mixta Demarcadora.
 
1929: 6 de febrero
Se firma en Iquitos el acta de la sesión de la Comisión Mixta Demarcadora. Se tratan temas como el del Aguarico y el Yaguas.
 
1929: 9 de octubre
Carta de Rada y Gamio a Lozano: posición peruana sobre la demarcación en las cabeceras de los ríos Atacuari y Yaguas.
 
1929: 15 de octubre
Carta de Lozano a Rada y Gamio: Posición colombiana sobre el asunto del Atacuari y el Yaguas.
 
1929: 11 de noviembre
Se firma en Iquitos el acta de la sesión de la Comisión Mixta Demarcadora.
 
1930: 12 de marzo
Se firma en Iquitos el acta de la sesión de la Comisión Mixta Demarcadora.
 
1930: 31 de julio
Se firma en Iquitos el ACTA FINAL de la Comisión Mixta Demarcadora.
 
1930: 17 de agosto
En la ciudad de Leticia la Comisión Mixta Demarcadora lleva a cabo el acto final del drama: Se arria la bandera peruana, se iza la bandera colombiana, sale la tropa peruana e ingresa la tropa colombiana.
 
1930: 22 de agosto
En Arequipa, Sánchez Cerro da el golpe de estado contra Leguía.
 
1932: marzo
Pasa por Iquitos la carta de la población de Caballo Cocha y de los peruanos de Leticia dirigida al Presidente y al Congreso pidiendo que Leticia retorne al Perú: “Hemos sido entregados a Colombia como si fuéramos sajinos o céticos”.
 
Se conforma la Junta Patriótica de Loreto. Deciden organizar la captura de Leticia.
 
1932: 1 de setiembre
TOMA DE LETICIA organizada por la Junta Patriótica de Loreto y ejecutada por 48 loretanos al mando de Juan Francisco La Rosa.
 
1932: Setiembre
En la Sociedad de Naciones (también denominada Liga de Naciones), en Ginebra, Suiza, el representante colombiano denunció al Estado peruano por lo sucedido en Leticia. El representante peruano, Francisco García Calderón, desmintió tal acusación señalando que lo acontecido había sido obra del pueblo de Loreto. Ante tal respuesta el gobierno de Colombia anunció que iba a solucionar el asunto como un “problema de orden interno”. 
 
1932: Desde setiembre
La Fuerza Armada peruana recibe instrucciones del presidente Sánchez Cerro de apoyar a los ocupantes de Leticia. 
 
1932: 28 de diciembre
El Gobierno colombiano dispone que los cañoneros “Pichincha” y “Boyacá” se establezcan en Belem do Pará, en la boca del Amazonas, para estar lista ante cualquier eventualidad.  
 
Ingresa por la boca del Amazonas la flota colombiana, con aviones piloteados por alemanes, al mando del general Alfredo Vásquez Cobo.
1933: 14 de febrero
Encuentro armado en Tarapacá.
 
1933: 26 de marzo
Combate de Gueppí.
 
1933: 15 de abril
Sorpresa de Calderón en el Putumayo: Una patrulla peruana ataca a la marinería colombiana desde la orilla peruana, ocasionando la desmoralización de sus tropas.
 
1933: 30 de abril
Es asesinado el presidente Sánchez Cerro en Lima, en el hipódromo, quien estaba pasando revista a los 20.000 soldados que partirían para el frente amazónico. Su sucesor, el general Oscar Benavides, cuando vivió en Francia, se hizo amigo del embajador colombiano Alfonso López Pumarejo.
 
1933: 15 de mayo
Alfonso López Pumarejo, representando al gobierno de Colombia, se reúne en Lima con Benavides y se ponen de acuerdo para poner fin a la guerra.
 
1933: junio
Levantamiento liderado por el Teniente Hildebrando Tejedo en protesta por haber parado la guerra.
 
1934: 19 de junio
Perú y Colombia firman el Tratado de Río de Janeiro por deciden que Leticia retornará a Colombia. Una comisión de la Sociedad de Nacional cumplió esta decisión.
 
¿QUÉ CAMBIOS HAY QUE LLEVAR A CABO EN EL PERÚ PARA QUE LAS FUTURAS RELACIONES CON COLOMBIA SEAN SIMÉTRICAS?
 
Al cabo de 81 años, Leticia y Tabatinga constituyen hoy una ciudad bi-estatal. Una calle, Marco, las divide, pero en la práctica el tránsito hacia uno y otro lado es completamente libre para todos y todas, incluidos los visitantes peruanos.
 
Leticia-Tabatinga es cada vez más pujante. Leticia tiene una magnífica biblioteca pública. Es posible que, dentro de unas décadas, haya una semejante en Iquitos.
 
Esta urbe bi-estatal tiene vinculación terrestre hacia sus respectivos territorios nacionales.
 
Los peruanos que llegamos a Leticia-Tabatinga somos allí extranjeros. Sin embargo nuestra ciudad de Leticia comenzó a construirse al mismo tiempo que Iquitos, en los años de 1860.
 
Hacía poco tiempo que había llegado nuestra Marina de Guerra a Iquitos y su jefe, Federico Alzamora, tomó la iniciativa de construir un fuerte en el Amazonas, al lado de Tabatinga, en la frontera con Brasil. En enero de 1867 Alzamora  había informado al gobierno de Lima que los brasileros estaban montando cañones en el viejo fuerte de Tabatinga. A su solicitud, el gobernador Benigno Bustamante hizo desmontar un terreno y erigir un rústico tambo en la quebrada San Antonio, que señala el límite entre Perú y Brasil. Entre tanto, el ingeniero Maximiliano Siebert y el ingeniero naval Luis Sandi seleccionaban el lugar donde se emplazaría el fuerte. En octubre el ingeniero Manuel Charón llegó desde Iquitos y llevó a cabo el reconocimiento de los alrededores de San Antonio. Charón rechazó el lugar previamente seleccionado y eligió otro en la parte alta de un elevado risco, 1.25 millas aguas arriba. En esta elevación que domina la estrecha curva que hace el río en este punto, se montarían los cañones. Charón comenzó a desmontar el terreno dejando una franja de una milla a lo largo del río. Para facilitar su trabajo, el gobierno de Lima nombró a Charón capitán de puerto de San Antonio, en adición a sus funciones de ingeniero en jefe. En diez meses ya había construido barracas, un almacén para provisiones, una oficina para la capitanía y viviendas para él y otros oficiales. Dos comerciantes y varias familias habían formado el núcleo del pueblo. El 20 de noviembre de 1867 llegó de Iquitos una comisión de la Marina y conversaron sobre el nombre que se daría al lugar.
 
Desde que se iniciaron sus trabajos, Charón se había referido al lugar como puerto Leticia. Sus compañeros y colegas estuvieron de acuerdo con su elección y Charón comunicó la decisión a Alzamora para que él, a su vez, solicite su ratificación en Lima. El nombre no fue aprobado en la capital. “El nombre de Leticia”, le escribió el Director de Marina, “no tiene ningún significado”. Ordenó que el puesto fuera llamado Ramón Castilla. Sin embargo, en su correspondencia Charón continuó refiriéndose al lugar como puerto Leticia. Poco después, el 15 de  mayo de 1868, un decreto presidencial le dio el nombre oficial de Ramón Castilla. Con mucha osadía, Charón confrontó al Presidente sobre el tema. El fuerte se llamaría Ramón Castilla, pero el poblado contiguo se llamaría Leticia. Argumentaba Charón que no se trataba de un nombre insignificante porque ha sido elegido para honrar la “gloriosa hazaña” de los paraguayos  en la guerra que en ese momento libraban  contra la Triple Alianza, formada por Brasil, Argentina y Uruguay, una lucha en la que el Perú simpatizaba con Paraguay. “La más notable” de esas heroicas acciones, aseguraba el ingeniero Charón, había sido “la defensa de un fuerte que llevaba el nombre de Leticia”. Por supuesto no había un fuerte en Paraguay o en cualquier otro lugar llamado Leticia. Quien existía era la hermosa Leticia que vivía en Iquitos, de quien Charón estaba perdidamente enamorado.
 
En las décadas siguientes el nombre de Leticia se impuso sobre el de Ramón Castilla y la ciudad se convirtió en capital de un gran distrito que llevaba el mismo nombre.
 
Hace ocho décadas que nuestra Leticia ya no nos pertenece.
 
Al frente de Leticia-Tabatinga el Perú tiene en la insignificante Santa Rosa su puesto fronterizo donde funciona la aduana y la Policía.
 
A lo largo del Monarca de los ríos grandes ciudades se fortalecen en vista al futuro: Belem do Para en su desembocadura en el Atlántico, Santarem en la boca del Tapajoz, Manaos en la boca del Río Negro, Leticia-Tabatinga frente a la boca del Río Yavarí e Iquitos cerca de su nacimiento.
 
En torno a Leticia-Tabatinga circula el peso colombiano o el Real brasilero. El sol peruano no tiene ninguna importancia. La economía del Yavarí está totalmente subordinada, así como la de nuestra mediterránea Caballo Cocha y la de la orilla sur del Amazonas que media hasta Santa Rosa.
 
Algo semejante sucede en el Río Putumayo, donde Colombia tiene la hegemonía económica y cultural. El Estrecho es nuestra capital provincial nominal, incomunicada del territorio nacional por vía terrestre. En cambio, el Putumayo colombiano tiene comunicación intermodal con el Amazonas y con Bogotá. Con el Amazonas a través de la carretera Tarapacá-Leticia y con Bogotá a través de la carretera que parte de Puerto Asís a orillas del Putumayo.
 
La presencia de Colombia en las fronteras con Perú no es más fuerte debido a la guerra interna. Cuando ésta pronto termine, tendrá libre el camino para afirmarse desde el Caquetá hasta el Amazonas. Ciudades como Florencia en el Caquetá, Puerto Asís y Leguízamo en el Putumayo, Tarapacá al inicio de la carretera y Leticia a orillas del Amazonas, constituirán una fluida red de progreso. La asimetría  en las relaciones con Perú se profundizará.
 
Darío Fajardo, destacado geógrafo colombiano, dice que los problemas de frontera se presentan cuando están de por medio “sociedades en expansión” y no cabe duda alguna de que Colombia es una “sociedad en expansión”.
 
Dentro de unas décadas, cuando después de la forja de partidos iniciemos el camino de una sólida vida democrática, comenzaremos a dejar de ser “un puñado de desconcertadas gentes que no sabemos adónde ir”. Entonces podremos diseñar nuestros objetivos nacionales. Uno de ellos será hacer de Caballo Cocha una ciudad articuladora de todo nuestro territorio fronterizo en el Amazonas. El Yavarí peruano habrá salido de su aislamiento por la carretera y Caballo Cocha tendrá la carretera que llegará a su ciudad portuaria en Chimbote a orillas del Amazonas. La gran producción de peces pequeños para forraje permitirá la producción de paiches y grandes zúngaros. También la producción de pequeños peces servirá para hacer harina de pescado para la crianza de aves y de porcinos. Toda esta producción tendrá a Leticia-Tabatinga como mercado cautivo. Será una nueva manera de estar presente en esta parte tan importante del planeta.
 
En esta perspectiva, el Pueblo Ticuna que es triestatal (está en Brasil, Colombia y Perú) se afirmará en su cultura.
 
Mientras tanto, la carretera o ferrocarril que saque del aislamiento a nuestro Putumayo permitirá encarar los retos de darle valor agregado a los recursos transformándolos antes de transportarlos.
 
Cuando en el quehacer histórico, al identificar las tendencias, se percibe que éstas son inconvenientes, no queda otro camino que torcer el curso de la historia. Sin embargo, construir el futuro exige primero imaginarlo.   
 
  


[1] LOPEZ NARVAEZ, Carlos. Putumayo 1933: Diario de Guerra. Colombia: Ediciones Espiral, 1951, 243 p. (En la solapa del libro se indica que “el autor desempeñaba el cargo de Auditor de Guerra del destacamento del Putumayo durante el conflicto”. De hecho, fue quien tuvo la tarea de registrar por todos los incidentes de la captura de Gueppí desde su instalación de enfermo de malaria a bordo de la Santa Marta. Con el tiempo, López Narvaez llegó a ser un poeta famoso en su patria).