Comentarios sobre la Unión Europea

Autor: 
Juan Pereyra

No ha terminado 2015 y Europa continua estremecida por acontecimientos de la historia contemporánea, algunos propios de países tercermundistas o del cuarto mundo: ajuste fiscal y desempleo, secesionismo, inmigración y, para coronar la torta, la inconcebible estafa ambiental de la transnacional Volkswagen. Y todos ellos parecen girar, en mutua sinergia, en torno al recio corazón europeo: Alemania.

1. Europa, Europa.

El sueño de una Europa unida ha sido el sueño post bélico de la mayor parte de los líderes del viejo continente. La Unión Europea (Lisboa 2009), es el resultado de un proceso de años de integración económica y política concretada en 1993 (con la vigencia del Tratado de Maastrich) y cuyo antecedente inmediato más longevo y conocido es la Comunidad Económica Europea (Roma, 1957).

Esta unión supranacional, cuasi federativa sin llegar a serlo, tiene actualmente 28 Estados miembros (no todos los países europeos son parte de la UE, como Suiza, Noruega o Rusia), mientras que otra decena de países europeo orientales (balcánicos principalmente), entre ellos Albania y, más allá, Turquía aguardan la acreditación para ser parte de este exclusivo club que tiene, hoy mismo, un gran poderío económico, militar y político globales. Sin embargo, los acontecimientos de este año pueden demorar aún más las expectativas turcas.

La incorporación de Turquía, llevaría las fronteras físicas de la UE a la vecindad con Irak , Irán y Siria, este último convertido en la caldera del diablo con una guerra interna de todos contra todos y donde las potencias globales USA y Rusia tiene metidos los hocicos en uno y otro bando, como suele suceder. La incorporación de Albania , paradójicamente, volteará aquella etapa histórica en la que algunos países balcánicos y del este de Europa conformaron la “cortina de hierro” como perímetro del fenecido socialimperialismo soviético, para formar parte ahora de la muralla europea frente a la poderosa Federación Rusa.

Indudablemente, en la actualidad, consideraciones políticas y geoestratégicas están pesando más que los económicos en el criterio de inclusión de la UE (si no, no se entendería la inclusión de Chipre y Eslovaquia, en 2004; y Croacia, en 2013, por ejemplo). Con la ampliación que se viene, la UE consolidaría, aparte de su poderío económico, una potente posición política y geoestratégica permitiéndole equilibrarse con USA, su principal socio político y aliado mayor. De hecho, la UE ha intentado asumir el control de su entorno prescindiendo del apoyo norteamericano al compulsar fuerzas con Rusia en torno al conflicto de Ucrania y la península de Crimea, imponiendo a los rusos un severo embargo comercial.

Ya desde los noventa, aún antes y después del colapso político económico de la URSS, se ha perfilado lo que se ha conocido como la Tríada (Keniche Omahe, 1985), el súmmun de la actual economía global dominante y base del poderío unipolar, conformado por USA, UE, Japón, Canadá y Corea del Sur. Este triángulo estratégico -nótese que están involucrados como continentes, América (del Norte), Europa y Asia (Sudeste)- cuyas zonas periféricas o de influencia necesitan ser “aseguradas” para garantizar la consolidación de una plataforma ideológica y política en la defensa de sus intereses. Algo que USA ha ejercido (los famosos “patios traseros”) y la UE ha comprendido y mejorado, a juzgar por la ampliación territorial que ha venido observando.

Paralelamente, la forma democrática de conducir la Unión Europea, parece haberse diluido dando lugar a la formación de una estructura rígida e ideológicamente conservadora, donde el Parlamento Europeo puede ostentar una composición muy democrática , pero donde finalmente los intereses alemanes, en primer lugar y luego ingleses y franceses llevan la batuta.

2. De la Unión Europea a la Zona Euro

Donde podemos apreciar mejor los intereses económicos europeos es en la Zona Euro (los países que decidieron adoptar –voluntariamente- como moneda única el Euro, lo componen 19 países de los 28 conformantes de la Unión Europea). La “Zona Euro”, como se ve, es un club más reducido y exclusivo. De los 19 países, sólo 5 de ellos pueden ser considerados, stricto sensu, “desarrollados”: Alemania, Francia, Holanda, Italia (aunque se ha dicho que Italia nunca debió entrar al Euro) y Finlandia, dentro de los cuales Alemania tiene, obviamente, el mayor poderío individual (y la sartén cogida por el mango). Entre los que no pertenecen a la zona del euro están Suecia, Inglaterra y Dinamarca por “exclusión voluntaria”, es decir, no les convenía ni conviene ahora –y tal vez nunca- someterse a una moneda única (y perder soberanía sobre sus monedas).

A la Unión Europea y a la Euro Zona, les había ido regular hasta 2007-2008, años en que se originó la crisis financiera y económica mundial desatada en la bolsa de Nueva York tras la caída de acciones sub prime (bonos basura) producto de gigantescas especulaciones inmobiliarias, lo que “contagió” rápidamente a la Unión Europea y a su Zona Euro en particular. Las primeras víctimas de esta crisis fueron Portugal, Irlanda, Italia, Grecia y España (los llamados irónicamente PIGS, “cerdos”, por ser economías débiles con problemas crónicos de déficits fiscales y de balanza de pagos). Desde luego, la solución a las crisis recomendada por el BCE entre los PIGS ha sido la contínua aplicación de políticas austeridad fiscal (recortes de gastos sociales, prioridad en el pago de la deuda externa, reducción del aparto estatal, venta de empresas públicas y subida de impuestos indirectos: el típico menú fondomonetarista) a cambio de acceder a préstamos que supuestamente aliviarían la crisis. Todo ello, se ha comprobado hoy día, se tradujo en un elevado costo social (tasas de desempleo en España de 25.77% en 2012 y 23.67% en 2014), generando mayores situaciones recesivas y mayor desempleo afectando a la población, particularmente a los jóvenes y a los más pobres y acrecentando la desigualdad económica a nivel de la población, regiones y países en Europa. Lo que también se comprobó finalmente, es que gran parte de los préstamos que recibían los PIGS del BCE eran derivados en grandes proporciones a comprar deuda de los bancos locales antes que a financiar proyectos económicos o gastos sociales mínimos; es decir, rescatar a los bancos también formó parte del menú económico.

Esta situación, la crisis, las formas de combatirla y sus resultados, señalan muchos analistas, “resulta incompatible con un proyecto común europeo”.

Paralelamente a la crisis, se ha dado una crisis política en la Unión Europea que se ha manifestado en una fuerte orientación de los electores hacia la extrema derecha apoyando el progresivo renacimiento de partidos exacerbadamente nacionalistas.

3. Grecia: los tres actos de una tregedia 

Si finalmente Irlanda, Italia, España y Portugal estabilizaron relativamente sus economías (no es que se recuperaran del todo, sólo no siguieron cayendo), Grecia siguió cayendo hasta el fondo, además (las desgracias no vienen solas), con una grave crisis política (producida también en los otros países) que anunciaba una convulsión social y dueña de una inconcebible deuda frente al BCE: € 250,000 millones de Euros, era la candidata favorita a fines de 2014 para salir expectorada de la zona euro y probablemente también de la UE, cuando apareció Syriza.

Contra la tendencia prevaleciente en la Unión Europea (su derechización), Syriza – coalición de izquierda radical de grupos diversos (eurocomunistas, maoístas, trotskistas, ecologistas y otros más radicales que existe por lo menos desde 2004), se hizo del poder absoluto en Grecia en las elecciones de enero 2015 (un apoyo masivo del electorado) , asumiendo efectivamente el gobierno en ese mismo mes, con un plan electoral basado en rechazar la política de austeridad y recortes del gasto social impuesto por la “troika” (el triunvirato que manda en la Zona Euro e impone los ajustes neoliberales: el BCE, el FMI y la Comisión Europea), planteando una propuesta alternativa sólida basada en la protección de la población y sectores más vulnerables de la economía nacional ante la crisis, es decir, una política económica de carácter autónomo y nacionalista que esperaba poder aplicar llegando a un acuerdo con los acreedores, vale decir, con la troika a fin de recibir los préstamos adicionales necesarios para impulsar su propuesta.

A lo largo de seis angustiantes meses desde la instalación de Syriza, durante los cuales la resistencia griega, gobierno, población, sectores políticos y económicos se mantuvieron firmes ante el desgaste y precariedad producido por el agotamiento de las reservas y recursos públicos, las negociaciones entre la troika y representantes del gobierno griego no arribaron a ningún acuerdo. La posición dura, inamovible e inflexible de la troika, personalizada en la figura del ministro de finanzas alemán, Wolfgang Schauble, secundada por los ministros de economía europeos (muy en especial los de España, Italia y Portugal, cual alumnos aplicados) no cedieron nunca en exigir a Grecia las mismas condiciones onerosas de acatamiento antes de recibir cualquier ayuda del BCE. Por su parte, el representante griego, Yanis Varufakis –convertido en el símbolo de resistencia del pueblo griego-, tampoco cedió en sus requerimientos.

Finalmente, el poder de la troika y la necesidad del gobierno izquierdista de seguir garantizando el funcionamiento del país, impusieron una fractura en la posición griega que dio pase a la renuncia de Varufakis y a la aceptación incondicional por parte del Parlamento griego de las medidas dictadas por la troika dando como colofón la renuncia del Primer ministro Alexis Tsipras al gobierno y a la convocatoria de nuevas elecciones.

El 20 de setiembre de 2015, Alexis Tsipras ganó nuevamente las elecciones con una Syriza disminuida (por defección de los partidos más radicales que constituyeron un nuevo frente) que si bien le dio mayoría relativa no tiene el control absoluto del Parlamento y deberá tejer alianzas para poder gobernar un país que ha sido sometido a una política económica neoliberal.

A raíz de este panorama griego, las preguntas que caen de maduras son: Tiene la izquierda democrática la posibilidad de implementar políticas nacionales en un sistema capitalista? El pueblo griego seguirá dando su apoyo a Syriza a sabiendas que no evitará la crudeza de los ajustes económicos?

4. La marejada humana

La inmigración humana es tan antigua como la especie. En el capitalismo la inmigración del campo a la ciudad ha configurado el paisaje urbano desatando la aglomeración de las ciudades que, definitivamente, ha retroalimentado al sistema. Una variante de esto es la inmigración desde los países pobres hacia los ricos. En el caso particular de Europa, es el destino más natural para inmigrantes que provienen de Asia y Africa, por su cercanía y por el nivel de desarrollo y sistema político en los países del centro europeo.

Sin embargo la inmigración que actualmente fluye a Europa, particularmente hacia Alemania, puede generar, más temprano que tarde, un colapso de los servicios de atención estatales y variar sus políticas sociales y de educación en la medida que la población a atender se incremente exponencialmente mientras que el crecimiento de los servicios probablemente no lo haga, podría desatarse un aumento del gasto público que los gobiernos europeos temen más que a cualquier cosa. Las medidas de contención que han tomado en sus respectivas fronteras, las acciones de distribuirse proporcionalmente la cantidad de refugiados por país –que a todas luces resultan insuficientes ante la marejada humana- resultan un indicativo de que no encuentra una solución adecuada. Algo que está en relación directa con el inusual incremento de la inmigración es el conflicto interno sirio y la creciente presencia del Estado Islámico en territorios cada vez más amplios, fenómeno que expulsa poblaciones enteras en éxodo a Europa. Si esto es así, no habrá mucha demora para que las potencias europeas comiencen a discutir la posibilidad de enfrentar directamente (intervenir) contra el Estado Islámico, tanto en las regiones que rodean el Kurdistán, en el Asia Menor y el norte del Oriente Medio (Siria, Irán, Irak) desactivando de paso el conflicto sirio, lo que equivaldría a una extensión de la guerra islámica, algo que vienen evitando, indudablemente.

5. España, aparta de mi la autonomía

Las recientes elecciones regionales en Cataluña, han demostrado una vez más que el fenómeno de independencia regionalista no es ajeno a Europa, en este caso, a España. A pesar de sus dimensiones territoriales muchos países europeos cobijan diferencias de esta naturaleza entre regiones periféricas y el centro de cada país que, en algunos casos como el de Escocia y el Reino Unido, son de gran escala y tienen raíces muy profundas en la historia de cada país.

Muy aparte de los nacionalismos extremos, bajo los cuales se camuflan posiciones políticas de derecha, que aparecen en estos países como reacción a la situación actual y que vienen fortaleciéndose, los movimientos regionalistas autónomos traen un poco de todo.

Un vistazo a estos movimiento señala la existencia de muy diversas aspiraciones regionales que pretenden ser totalmente autónomas en lo político y lo económico: País Vasco y Cataluña, en España; Escocia, en el Reino Unido; Flandes, en Bélgica; Padania y Volonia en Italia; Córcega en Francia.

Qué pasaría en la Unión Europea si, por el devenir de algunas condiciones históricas, estos movimientos regionales logran consolidar su formación independiente (como países)? Realmente parecería absurdo pensar que algunos países europeos puedan desmembrase y llegar a una situación como la ex Checoslovaquia o –extremo no imaginable- la ex Yugoslavia. Hoy en día, los países que se formaron a partir de estas últimas, casi todos están o estarán como parte de la Unión Europea.