De loretanos, identidades e intereses.

Oraldo Reátegui

El último conflicto social activado en Iquitos y en algunas provincias de Loreto debería poner en debate aquello que los políticos y los medios de comunicación llaman “la identidad loretana”, y que mencionan con más frecuencia cuando hay necesidad de mover masas en Iquitos. ¿Qué es la identidad loretana, quiénes son los loretanos? Y luego pasamos a las consecuentes siguientes preguntas: ¿Cuál es la agenda de Loreto, cuál es la agenda de los loretanos?

Cuando en 1998 se firmó el acuerdo de Itamaratí, que sellaba las fronteras entre Perú y Ecuador, en Iquitos se desencadenó una serie de hechos violentos callejeros jamás imaginado. Sectores que se autodenominaron patriotas se opusieron a la firma del documento y promovieron una movilización social que terminó con saldo trágico. Se quemaron edificios públicos, se atentó contra la propiedad pública y privada, incluso se perdieron valiosas vidas como parte del enfrentamiento entre manifestantes y la policía. El discurso de quienes convocaron a la movilización, lo mismo que de los periodistas radiales que promovían el descontento, reiteraron incesantemente la frase “Loreto contra el acuerdo de paz”.

En ese mismo momento, mientras Iquitos ardía en llamas y desórdenes callejeros, en la frontera peruano ecuatoriana del Napo, miles de indígenas kichuas celebraban que por fin, para ellos, un inexplicable conflicto que los separó de sus hermanos kichuas del otro lado de la frontera terminaba. Un dirigente indígena del Napo decía, “por fin, familias de loretanos kichuas, separados por un conflicto que nunca fue nuestro, podrán re encontrarse”. Los loretanos del alto Napo, sobre todo, vivían su loretaneidad en el re encuentro con sus familias de sangre y de territorio.

Este año, convocados por el Gobernador de Loreto, con la participación del Frente Patriótico de Loreto, ciudadanos de Iquitos se movilizaron en dos paralizaciones que, con actos violentos, expresaban su desacuerdo con los resultados de la fallida licitación del lote 192. El discurso de la autoridad regional, como de un grupo líderes locales, fue el de “Loreto por la seguridad energética exige que Petroperú opere el lote 192”. Y los medios de comunicación nacionales se “compraron el titular”. Las primeras planas de los medios de Lima decían que “Loreto exige Petroperú en el lote 192”, y agregaban que los indígenas eran los titulares de tal demanda.

Dirigentes indígenas, entrevistados por radio La Voz de la Selva, han negado reiteradamente que el tema de “Petroperú y el Lote 192” haya formado alguna vez parte de su agenda. Salvo un Presidente de Federación, su vocero y un asesor legal, se han expresado a favor de este tema.

Con posiciones contrapuestas, enfrentadas, entre unos y otros loretanos, ¿cómo es posible levantar agendas de loretaneidad que convoquen a la unidad real, no demagógica ni manipuladora?

Nada será posible si los sectores con más poder político no asumen su responsabilidad. Actualmente Iquitos y sus líderes, sus autoridades, sus periodistas, tiene un fuerte dominio sobre la agenda a la que se denomina y vende como la “Agenda de Loreto”. La oportunidad del último conflicto social motivado por el gobernador asume una agenda que parece haber salido de la manga de su camisa, pues no hay evidencia somera siquiera de que a algún sector importante y representativo de loretanos le haya interesado que la estatal petrolera entrara a operar en el lote 192, menos aún con la urgencia que ahora se pretende. Sin embargo el Gobernador, como sus voceros y la prensa nacional, ha llegado al extremo de afirmar que esta es una exigencia de las organizaciones indígenas. Nada más alejado de la realidad para quienes siguen de cerca la evolución de los movimientos indígenas en Loreto.

Mientras los medios nacionales se ceban con “la agenda del gobernador”, las agendas de los también loretanos, indígenas, altoamazonenses, putumainos, van por otro lado, por la sombra que le hace la voz estridente de un frente que enfrenta una seria crisis de representatividad y de un gobernador al que se le va yendo la gobernabilidad. Alto Amazonas hace tiempo va incubando una ya legítima y razonable intensión de separarse de Iquitos y su asfixiante centralismo, y su insoportable intolerancia.

Un gobierno como el regional que ahora tenemos, que no le presta atención a las agendas de las provincias, a las demandas de los pueblos indígenas, y que usa los medios de comunicación para mantenerse en la vitrina de los actores sociales a punta de confrontaciones, de intolerancia y escasa capacidad para dialogar con el poder central, pone en riesgo, como nunca antes, cualquier proceso de construcción de una agenda regional, que por regional tiene que ser intercultural.

Es posible que estemos asistiendo al último capítulo de Loreto tal cual lo conocemos en términos de territorio. Como siempre los grupos de poder político de la ciudad Iquitos son los responsables de esta situación.