Diario contemplando el río

Ana Ríos miembro del comité editor de la revista nos comparte su trabajo de campo con interesantes detalles.
Ana Ríos

A menudo, a partir de este viaje, he pensado que no hay un libro que te indique cómo recorrer la Amazonía, qué precauciones tomar antes del viaje. Yo solo pregunté antes de hacerlo, pero a la hora de viajar, como siempre, casi dejé todo en casa.

Como filosofía de vida, procuro llevar siempre lo elemental y eso me pasa también a la hora de viajar, pues evito llevar equipaje que luego no pueda cargar. No quise llevar ni sábanas ni nada, pero a insistencia de mi amada madre me vi obligada a cargar con mosquitero y una hamaca.

Cuánto me sirvió haber llevado todo eso.

Sin embargo, olvidé llevar el famoso jabón ¿Notikek? que me sugirió el Ing. Magín Barcia, el cual lo venden en el Pasaje Paquita de Iquitos. Así que solo partí con lo básico, un día antes de que se iniciara un paro grande en Iquitos por el tema del Lote 192. Ya después me enviaron (vía encomienda) el repelente que tanto me ayudó.

El día del viaje: Un 1 de setiembre bastante movido

El día martes 01 de setiembre salimos con Elizabeth Lozano rumbo a Tamshiyacu. Sabíamos que ese día llegaría Dennis Melka para celebrar una importante reunión con los socios de la empresa de cacao ubicado en esa comunidad. ¿Pero quién es Dennis Melka? Es un hombre con mucho dinero cuya ambición parece no tener límites. Él es el responsable de la deforestación de 25 mil hectáreas de bosque primario en Tamshiyacu. Cacao Perú Norte S.A.C., la empresa de la cual es accionista principal, ha deforestado más de 2000 hectáreas sin respetar las leyes ambientales peruanas, ni contar con certificación, ni estudios de impacto ambiental. El Gobierno le está permitiendo el cambio de uso del suelo de 45000 hectáreas más. Es el responsable de haber sembrado palma aceitera y ahora en el Perú pretende continuar con la deforestación.

Estuve pensando que la movilidad que nos trasladó hasta la zona debería estar llena de loretanos indignados; sin embargo, éramos pocos los que fuimos. Pero no importa, así son los procesos de movilización social.

Ya en Tamshiyacu nos esperaba una delegación de unas 50 personas. Volanteamos casa por casa y allí pude darme cuenta de otros aspectos: Pude observar que algunas personas eran trabajadores de la empresa de Melka. Un joven me dijo que trabajaba allí. Otro señor estaba recogiendo varios volantes, tenía en sus manos varios de ellos, posiblemente para destruirlos.

Al visitar otra calle céntrica, una señora, al parecer la dueña de una tienda, me dijo: “Ustedes le están haciendo caso al dirigente, ustedes no conocen la realidad de Tamshiyacu”. Y casi cerró la puerta de fierro frente a mí. Me quedé observándola, me pregunté cómo era posible que haya personas indiferentes en todas partes, pero continué repartiendo los volantes.

Pude notar que la gente trabaja en la empresa de Melka, una empresa que al parecer se está camuflando con el rostro de empresa de cacao, y toman ese trabajo porque no tienen otras alternativas ni conocen los impactos que tiene el sembrío de palma.

A simple vista se observa un pueblo donde hay pocas actividades económicas: Un aserradero, un sector de maestros, vendedores de curichi, chupetes, entre otros. Es obvio que si no hay alternativas de desarrollo la gente optará por la empresa que está destruyendo los bosques de Tamshiyacu.

Por eso otro grupo se concentró a protestar frente de la empresa de cacao; pero como decía, ahí hay gato encerrado, pues parece que el modus operandis de esta empresa es camuflarse con cacao, pero la real intención es asegurar tierras para el cultivo de palma aceitera.

Yo tenía interés en este tema desde que me enteré por la televisión y justo cuando estaba estudiando el curso de Ecología amazónica quise abordar el tema, pero me falta dinero para hacer esa investigación.

Ahora podía ser el momento de conocer las plantaciones, pregunté cómo llegar a ese lugar y me indicaron que estaba más lejos de la empresa de cacao, ocho kilómetros más al fondo y que no podría llegar porque hay una garita de control a la entrada de las plantaciones, que como decía, empiezan con cacao, pero más al fondo cultivan palma aceitera.

En todo caso, la campaña de resistencia recién empieza.

Martes 02 de setiembre de 2015

21:53 p.m.

A las 9:10 comenzaron a sonar los motores y yo pensé que por fin zarparía la lancha “La gran loretana” rumbo a Pebas. Pero son casi las 10 p.m. y aún no partimos.

Estoy ubicada en la parte posterior de la embarcación, en un mesón siete hombres juegan a las cartas. Temprano, uno de ellos tomaba cerveza al frente de su niña de unos cinco años. Me impresionó que hiciera eso, pues creo que a los niños hay que protegerlos y no exponerlos a situaciones de riesgo al tenerlos muy cerca de hombres que beben alcohol.

Hace como media hora apagaron las luces y solo alumbran dos lámparas del fondo de la lancha. Allí se ubica una bodega donde venden artículos diversos: agua embotellada, cerveza, galletas y productos de primera necesidad. Una señora de unos 30 años es quien atiende.

Allí también funciona la cocina, donde atienden dos jovencitos de la diversidad sexual. También vi una señora que se acercaba a la hamaca donde yo descansaba y conectó una laptop en el enchufe ubicado en el techo de la lancha. Puso a su niño de unos siete años, a jugar video juegos.

Son las 10:35 y recién salimos del puerto Henry rumbo, en mi caso, a Pebas.

Miércoles 02 de setiembre de 2015

El viaje transcurrió con normalidad. El único “percance” que tuve fue que me robaron una botella con agua, de la cual solo bebí un sorbo. Debe ser porque en la lancha todo cuesta el doble: Una botella con agua cuesta S/.2.50 y en Iquitos está a S/.1.50.

Veo con preocupación que en las lanchas solo venden comida poco nutritiva: panes, dulces como suspiros, ñutos, rosquitas. También vendían parrilladas cubiertas en bolsas de plástico.

Yo compré una bolsita con frutas que costaba S/.5.00 (a mí me vendieron a S/.4.00 y contenía dos mandarinas, cuatro o cinco manzanas pequeñas, una bolsita pequeña con uvas, un pepino. Me comí todo, excepto las manzanas.

Son un poco más de las 7 de la mañana y están repartiendo el desayuno que consiste en una taza con avena y ¿dos?panes. Primero sirvieron a los pasajeros del tercer piso. A mí no me sirvieron desayuno, creo que es para los que van a lugares más lejanos como Caballo Cocha.

Esta mañana la señora de la laptop volvió a mi zona y en el mismo enchufe donde ayer conectó su laptop, ahora estaba conectado mi celular. Me preguntó si era mío el equipo celular y a qué hora lo desconectaría, le respondí que recién lo estaba conectando. Luego de un rato saqué mi equipo y le avisé a dicha señora que ya podía conectar su máquina. Otra vez puso a su niño para que jugara y mayor fue mi sorpresa al observar que otros niños se acercaron a mirar a quien jugaba (fueron seis niños en total). Me recordó la época cuando yo era una niña y pocas personas tenían televisor. Entonces los niños del barrio se concentraban en la casa del vecino que tenía dicho aparato.

¿Qué estará haciendo Coronté?

P.D. Sí me sirvieron el desayuno. “Es para todos”, me dijo el jovencito de la diversidad.

Llegué a Pebas cerca de las 10.35 de la mañana. Al descender casi no había espacio para caminar en la lancha, pues toda la parte del primer piso estaba ocupada con carga. Quise protestar, pero ¿ante quién? ¿Cómo es posible que un medio de transporte no contemple un espacio adecuado para que los pasajeros puedan descender con seguridad y comodidad? Estaba pensando todo eso cuando luego vi que del tercer piso bajaba una joven embarazada que venía a Pebas para dar a luz. Al parecer estaba en trabajo de parto y un equipo de trabajadores del sector Salud la acompañaba.

Al fin llegué a Pebas, “La ciudad del amor”, según reza el monumento que da la bienvenida a los visitantes. Lo primero que busqué fue un hospedaje cercano al puerto. Allí me sucedió una anécdota, pues entré a un hospedaje que era súper económico, pero luego me di cuenta que probablemente era una casa de citas.

Estaba a cuatro casitas del puerto y era súper económico. Así que solo entré al cuarto para ponerme cómoda, cambiarme de ropa, arreglarme, e inmediatamente salí de allí. Pero luego me informaron que no era casa de citas, sino un alquiler para las personas más humildes del lugar.

Luego vine a la maravilla donde me encuentro, que es la casa del pintor Santiago Yahuarcani, el padre del famoso pintor Rember Yahuarcani. Gracias, Rember, por tan amable recomendación. Gracias Alejandro por sugerirme esta maravilla de lugar.