La COP 21, el Antropoceno y la Amazonía

Gonzalo Tello

A pesar que la Conferencia de las partes sobre cambio climático – la COP 20 - se realizó el año pasado en Lima, en la mente de la mayoría de los ciudadanos de la Amazonía peruana, se ha podido comprobar a través de algunas entrevistas informales hechas en las ciudades y el campo que el evento de marras no ha dejado huella alguna en sus mentes, habiendo constituido una noticia que, si entró por un oído, salió por él sin proceso alguno en sus cerebros. En contraste, la mayoría de los indicadores referidos al calentamiento global muestran que este proceso se ha tornado ya irreversible, lo cual ha sido relevado en el quinto reporte del Panel Intergubernamental de Cambio Climático de la ONU-IPCC.

Lo más frustrante para la mayoría de aquellos quienes hemos tratado de conocer los resultados y conclusiones de dicha conferencia planetaria es que, a pesar que la mayoría de gobiernos han intervenido en las cumbres mundiales anteriores a partir de la reunión de Kioto el siglo pasado, es que hasta el presente no ha existido vinculación alguna, como sí la hubo en las acciones para la abolición de uso de los gases flúor – cloro - carbonados que dañaban la capa de ozono .Es decir, nadie está obligado a seguir las recomendaciones que han emanado de todas esas COP. En la COP 20 se ha mencionado que la COP 21 que se realizará en París en diciembre de 2015 sí será vinculante.

Lo preocupante de esta inercia que envuelve a los que tienen las riendas del poder, es el hecho que hasta ahora no se han tomado medidas radicales para atender al principal problema de la humanidad desde el comienzo de su historia registrada: el cambio climático. Antes de ello, como 600 mil años atrás, los primates “sabios” primitivos que dieron paso al homo sapiens moderno debieron lidiar y adaptarse a un fenómeno de similar magnitud al que hoy nos amenaza y lo hicieron a capella, por lo que dicha preocupación evoluciona hasta casi escarapelar la piel cuando, al revisar en la red los distintos informes se descubre que no hay ni un científico reputado – ni siquiera a nivel del IPCC – que haga una proyección seria sobre qué acontecerá con la humanidad en el próximo siglo, siendo el peor escenario (y el más posible) que al final del presente habrán muerto más de 2,000 millones de personas y desaparecido alrededor del 40% de la diversidad biológica por efectos directos del calentamiento de la atmósfera.

Mientras, China se halla en un espiral de su crisis económica que ha golpeado al mercado global que hará que todos sus esfuerzos se prioricen en la recuperación, la cual se realizará por encima de las consideraciones ambientales con el fin de evitar crisis sociales indeseables entre sus miles de millones de ciudadanos, Obama y el Papa apuntan con fuerza a través de declaraciones y encíclicas a tomar algunas medidas en el mejoramiento del manejo ambiental, buscando que ojalá – aunque lo dudo – se produzcan efectos vinculantes eficaces para la adaptación al cambio climático, y bajar de alguna manera la emisión global de gases de efecto invernadero, elemento catalizador del calentamiento global. Ello hace que el diletantismo ambiental se vaya convirtiendo en el principal deporte de los líderes planetarios, lo cual se traduce en dos palabras a ser interpretadas por los pobres y vulnerables tercermundistas, especialmente en la Amazonía: estamos solos frente al reto de la adaptación, aunque poseemos capacidad potencial de presión frente a nuestros gobiernos.

Conforme lo anterior discurre frente a nuestra azarada mirada, en la Amazonía se está evolucionando hacia una híper polarización del ciclo hídrico, con vaciantes y crecientes extremas separadas por periodos de tiempo cada vez más cortos, lo cual modificará todos los procesos vitales en lo que es hasta hoy nuestro verde territorio, tornándolo lentamente un desierto en todas las terrazas altas y zonas colinosas, hecho que debería inducir a ir tomando medidas que permitan adaptarnos a la realidad que se nos viene rápidamente; mientras, la población permanece ignorante de ese futuro ineludible y aún no contamos con un Plan Nacional de Adaptación al Cambio Climático en funcionamiento.

La época del holoceno ha terminado y ha comenzado la del antropoceno que, como las anteriores durará alrededor de 120 siglos, lo que está siendo determinado por el incremento de la temperatura de la atmósfera planetaria a partir del aumento de la quema antrópica masiva de combustibles fósiles y bosques - llegando en la actualidad hasta las temidas 400 ppm de CO2 - así como también por el gigantesco reciente salto evolutivo en las comunicaciones y el desarrollo tecnológico. Mientras tanto, el homo sapiens está cada vez más solo envuelto en su individualismo y codicia, a pesar que lo que nos salvaría de la extinción será la solidaridad y la acción colectiva hacia la pequeña generación de ingresos usando la biota promisoria, y a consecuencia de ello, la seguridad alimentaria.

Ojalá en la COP 21 se decretara una Emergencia Ambiental Planetaria Precautoria, vinculante, generadora de acciones solidarias y medidas globales draconianas, con una humanidad unida como para una guerra, pero actuando en paz, con transparencia total, más allá de cualquier ideología política, especialmente en los países más vulnerables al Cambio Climático (Perú está entre los cuatro países más vulnerables) para poder visualizar algo de luz al fondo del túnel de la historia.

Pero, lamentablemente creo que lo escrito en el párrafo precedente es una utopía, pues en realidad estamos solos, por lo que los del colectivo pragmático que buscamos ser cabales tenemos la obligación histórica de visualizar y planificar las acciones necesarias para poder adaptarnos exitosamente al cambio de clima que condicionará un cambio drástico del ambiente, actuando como catalizadores y gestores civiles de soluciones frente a nuestros líderes, rogando que éstos puedan llegar a situarse a la altura de las circunstancias y el reto pendiente.

No deberemos olvidar que los paradigmas que constituyeron el esquema de desarrollo comercial que ha regido en el planeta desde el inicio de la era industrial irá transformándose hacia un nuevo esquema de desarrollo humano integral mediante la necesaria imposición de certificados de origen con huella de carbono e índice de sostenibilidad a todas las mercaderías, lo que se entronizará cuando se decrete la abolición del uso de combustibles fósiles, humanizando al antropoceno.

También cabe tener presente que durante el antropoceno la Amazonía irá convirtiéndose en un desierto debido al proceso de cambio climático generado por el calentamiento global por lo que, con la debida anticipación, los que tenemos capacidad de aportar ideas que puedan tornarse soluciones debemos manifestarnos, sin egoísmo, abiertamente y sin el menor interés en obtener beneficio de todos los esfuerzos que se hagan. Si algún beneficio personal llegara a darse, bien, pero ello no es lo importante en la entrega, en la cual ojala todos llegaran a poner un granito de arena, imbuidos de una nueva mística por la sobrevivencia digna.

En la visión retrospectiva de la paleo historia y acomodando las fichas de acuerdo del recorrido del péndulo evolutivo, consideramos razonable visualizar que en la segunda mitad del antropoceno será posible que se llegue a producir la repetición de una tesis muy difundida que al final del pleistoceno - alrededor de 600 mil años atrás - que las cuencas de origen nor ecuatorial de la Amazonía, que conforman los ríos Napo, Cenepa, Pastaza, Morona, Santiago, Corrientes, Putumayo, principalmente, fueron refugios de la fauna amazónica, pues el resto de la eco región eran pajonales, y que a partir de allí el territorio se recuperó al entrar el holoceno.

Por ello, el sobrevivir dignamente es el principal reto del futuro, y para hacerlo con dignidad los amazónicos deberemos aprender a estar unidos, más allá de las líneas fronterizas, unidos por una nueva línea política de manejo eco regional en la búsqueda del bien común, dejando la codicia de lado, que tarde o temprano será establecida, en armonía y paz, aunque ello dure miles de años. También es importante entender la premisa esencial que la Amazonía es una eco región conformada por los países que comparten la gran cuenca del río Amazonas, que la eco región es una unidad geográfica con un mismo ambiente caracterizado por los atributos que otorga al territorio el drenaje de las aguas al océano Atlántico.

Políticamente se hizo un primer esfuerzo integrador eco regional a través del Tratado de Cooperación Amazónica – TCA, ineficaz en la actualidad, pero capaz de reactivarse a través del establecimiento de tareas comunes que podrían ser la conservación, la adaptación al cambio climático y la cogestión de pequeñas actividades de generación de ingresos mediante el manejo de la biota promisoria, lo que también reforzaría la seguridad alimentaria.

Para canalizar lo recomendado, en un artículo anterior publicado en LED en diciembre 2014 buscando aportar para el foro, he sugerido algunas medidas donde se incluye: un programa global de difusión y educación ambiental masivo, en este caso a nivel eco regional; un necesario ordenamiento territorial comenzando por las probables áreas amazónicas más vulnerables al cambio climático; un sistema de financiamiento de actividades de adaptación mediante una eco lotería amazónica; la promoción de actividades de generación de ingresos unida a la forestación con plantas productoras de frutos alimenticios de las zonas amazónicas que se convertirían de no ponerse remedio, en desiertos (como la palma datilera, el zapote del norte de Perú); un programa de manejo silvicultural – pesquero integrado de la varzea para garantizar la provisión de proteína en base a pescado complementando a la acuicultura; un programa eco regional de manejo y utilización integral de los aguajales (tal como existe el Programa Nacional del Bambú, planta foránea); el manejo agrícola intensivo de los bancos sedimentarios de las cuencas de agua blanca. Todo esto nos deberá llevar a crear la Fundación Amazónica para ser manejada por un directorio de representantes de países amazónicos y operada por los técnicos más calificados, con experiencia e imbuidos por una mística de praxis, para facilitar todas las acciones de cogestión, financiamiento, ordenamiento, conservación, génesis de ingresos y seguridad alimentaria dirigidas a la adaptación al cambio climático.

Actores principales y cogestores de la saga planteada serían las poblaciones ribereñas y los pueblos indígenas de la Amazonía, también participantes de la Fundación Amazónica, apoyadas por gobiernos solidarios y agencias de cooperación internacional de respeto. Sólo así el colectivo amazónico se convertirá en dueño de su destino…

Ya lo dije. Ahora, ¿qué dices tú, paisano amazónico?


* Gonzalo Tello. Consultor en pesca y manejo de biota promisoria PTAD FAO’79. Miembro del Colectivo Amazonía. E-mail: gonzalo_tello@yahoo.com