Crónicas ambientales: La COP 21 y el peligroso diletantismo de los líderes planetarios

Gonzalo Tello

La COP 21 ha terminado en París, con bombos y platillos como dirían los antiguos, cuando dichos instrumentos de percusión eran los instrumentos más efectivos para llamar la atención de una audiencia grande, especialmente en circos.

Todos los concurrentes a dicha Conferencia de las Partes sobre Cambio Climático se abrazaron contentos, satisfechos con los resultados finales obtenidos luego de 20 reuniones previas, no vinculantes, que se llevaron a cabo en 20 distintas capitales mundiales durante dos décadas, incluyendo la de Lima el año pasado, luego del Protocolo - farsa de Kioto: ¡ por fin habían podido llegar a acuerdos vinculantes respecto a diversas temáticas ! que van desde la calificación y compromisos de los depositarios de las obligaciones de las partes ricas y pobres respecto a la respuesta planetaria al proceso de calentamiento, seguidas de recomendaciones sobre acciones para reducir las emanaciones de gases de efecto invernadero, de los mecanismos para aumentar el “secuestro” de carbono de la atmósfera y disminuir las emanaciones generadas por los países industrializados, hasta los modos de financiamiento de las tareas.

Mas esa vinculación global de las recomendaciones del evento no involucra objetivamente el nivel de compromisos de los distintos gobiernos entre sí y menos desde las cúpulas gubernamentales de todo el espectro planetario hacia las bases piramidales de sus población; no se proponen mecanismos que obliguen internamente a cumplir lo acordado respecto a metas a alcanzar porque ello no es función de la COP 21, dirían diplomáticamente algunos. Es decir, hay una obligatoriedad tácita y diplomática, pero no existe un elemento tangible para obligar a actuar a las partes ricas, pobres, desarrollados, en vías de desarrollo, países menos avanzados e insulares.

Una de las principales metas es “lograr que la cantidad máxima de ppm (partes por millón de moléculas) de gases de efecto invernadero sea lograda los más pronto posible, para que a partir de allí el proceso se revierta”; habiendo sido consignado optimistamente el logro de esa meta para alrededor del 2050. Ya estamos pasando las 400 ppm y muchos científicos climáticos, entre ellos los de la universidad de Cambridge 1 dejan entrever que luego de ese límite, el proceso de cambio climático se proyecta como irreversible.

En los documentos emanados de la COP 21 no se propone un mecanismo holístico objetivo para que la relación intrínseca entre el cambio climático, la seguridad alimentaria, la erradicación de la pobreza y el acceso equitativo al desarrollo sostenible sea hecha a través de pilares tangibles de praxis para la supervivencia de la mayor cantidad de personas y para la protección – conservación y manejo del ambiente. El “hay que” se plantea en toda su potencia, pero no el “cómo” hacerlo, a nivel de los pisos socio ambientales de las partes para que efectivamente se componga el proceso y no destruya a los más vulnerables de la humanidad.

Burulú, un científico subterráneo, luego de una botella de vino acompañando a un sudado de chita a orillas del mar, me dijo hace unos días, antes que terminara la COP 21 “ mira hermano, los más ricos del mundo, los dueños de la mayoría de transnacionales que consumen combustibles fósiles, carbón y petróleo, no van a detener su accionar aunque haya más COPs, y en todo caso, el mayor de sus intereses es que el estatus de su desarrollo corporativo no sea cortado abruptamente, que este sea estirando hasta donde sea posible, como una liga virtual, mientras que las acciones gigantes de desprendimiento e inversión de los dueños de Facebook y de la fundación Gates en pos de desarrollar alternativas de fuentes de energía limpia no brinden resultados tangibles y estos orcos puedan mover sus fondos hacia los nuevos caminos abiertos; aunque en el camino se extingan los miembros más vulnerables de la humanidad; lo cual también convendría a estos personajes, pues el cambio climático sería para ellos el generador de una catarsis conveniente para que nuestra nave tierra se libere de aquellos a quienes consideran descartables”. Una locura, pensé entonces; pero luego de leer los resultados del evento de marras esa locura pareciera estar cargada de lógica.

En las conclusiones y recomendaciones de la COP 21 las tareas de mitigación y adaptación son planteadas con bastante nitidez y barriendo integralmente el espectro del problema humano, biótico y climático entrelazados por venir debido al calentamiento global potenciado desde el inicio de la era industrial hace dos siglos, reconociendo el esfuerzo del Panel Intergubernamental de Expertos sobre Cambio Climático, IPCC, que a lo largo de sus informes han enriquecido las discusiones del evento, consignándose también las acciones que se requieren para enfrentar el reto. Se considera como objetivo mundial aumentar la capacidad de adaptación, fortalecer la resiliencia planetaria y reducir la vulnerabilidad al cambio climático.

Todo lógico, pero muy genérico y poco específico respecto al balance de las magnitudes de lo que está sucediendo con el clima y los ecosistemas, los tiempos estimados para las respuestas antrópicas que se requieren buscando corregirlos y los tiempos verdaderos contaminados mentalmente por el desorden, la corrupción, la impunidad, la deficiente educación y la pobre comunicación a nivel de las partes menos favorecidas – los países menos desarrollados y más vulnerables – nosotros…

Es decir, se pinta magistralmente el problema, se determina con precisión las medidas necesarias para enfrentar el cambio climático, se establece la vinculación a nivel político entre las partes, se plantean las obligaciones, pero sólo hasta allí se llega. No se indica cómo cada gobierno debería actuar en cada uno de sus ámbitos para eliminar las lacras socio – político – ambientales - antrópicas que vienen cargando al sistema planetario de CO2 y otros gases invernadero.

En esa pintura las conclusiones se visualizan velada y tácitamente como si los humanos se encontraran en una guerra global contra el cambio climático, apuntando a que no se llegue a sobrepasar el temible límite de los + 2 ° C, lo cual representaría la mayor tragedia antropo - biótica de la historia. Mas, haciendo un análisis de la realidad planetaria, en especial a nivel de las partes conformadas por los habitantes de países en desarrollo y sub desarrollados, existe una notable pobre información sobre qué está pasando con el ambiente y de qué forma éstos deberían empezar a involucrarse. Ellos no tienen la mínima consciencia que están metidos en algo similar a una guerra global.

En una hipotética guerra, los sistemas de información de los países involucrados se encargan con absoluta precisión de hacer conocer a todos los habitantes, con la debida oportunidad, los requerimientos de compromisos, incluso en el extremo con la entrega de sus vidas .Todo ello en un breve tiempo.

En la COP 21 ha existido una peligrosa diletancia ambiental de los líderes y autoridades ambientales respecto a la forma, metafórica, de coger al toro ambiental/climático, habiéndolo hecho por las orejas en vez de por las astas, y se viene una cornada. Estamos inmersos en una guerra en la que los soldados desconocen su involucramiento y las tareas que deberían realizar.

Respecto a la Amazonía, entorno de alta vulnerabilidad del planeta debido a actividades de tala y quema de bosques con fines agrícolas de subsistencia e industrial, ganadería, minería, así como otras actividades que afectan el ambiente, los compromisos de las partes que conforman la eco región más rica en biodiversidad del planeta no han quedado concordados, ello está para después, a nivel de cada una de las partes. No se tienen claras las obligaciones resultantes de la COP 21 respecto a los pueblos indígenas, los mejores guardianes de su bosque, ni cómo los Estados protegerán legalmente los territorios de las etnias de la invasión de los depredadores exógenos.

Cuando antes de la COP 20, realizada a finales de 2014 en Lima, se preguntó a un amigo directivo del Ministerio del Ambiente el por qué - conociendo las propuestas de buscar se decrete a nivel de la Asamblea General de la ONU una Emergencia Ambiental Planetaria, para que casi en un estado de guerra, pero en paz, los humanos atiendan los retos que genere el cambio climático ; de crear una Fundación Mundial para la Mitigación y Adaptación al Cambio Climático como organización internacional de administración de las tareas necesarias y atención de las emergencias; de fundar la Eco Lotería Global para financiar las acciones de mitigación y adaptación en los países más vulnerables; de establecer un Programa Global de Comunicaciones, información, difusión, capacitación - no se embarcaban para promoverlas como una sugerencia nacional para la COP21, él repuso ¿ en la COP 21 ?, no, allí no se ven esas cosas…

Hay muchos en el entorno científico que consideran que el Antropoceno, altamente influenciado por el cambio climático, durará alrededor de 120 siglos y deberemos centrar nuestros esfuerzos en adaptarnos.


(*) 1 Comunicado de los + 2° C