La educación en la praxis política amazónica

Autor: 
Gabel Daniel Sotil García

Una de las mayores deficiencias que afectan a la educación en actual desarrollo en nuestra región es el carecer de un norte orientador proveniente de una clara visión de lo que queremos hacer colectivamente, como sociedad organizada, con nuestra Amazonía.

Nunca ha sido diseñada para el logro de propósitos regionales, concordantes con sus características esenciales, potencialidades geo-ecológicas y socioculturales y expectativas sociales, Es decir, nunca la hemos pensado en función a logros pre establecidos en un plan de desarrollo explícito, consensuado, participativo, etc. de nuestra región. Sólo como parte de un país con muy poco afecto por ella, pues la ignora de muchas maneras.

Hasta el momento todo su dinamismo está en función a disposiciones emanadas del poder central, en donde, bien sabemos, no existe una información ni actitudes que propicien adecuadas decisiones respecto a la Amazonía.

Sólo somos un apéndice insignificante a pesar de nuestra grandiosidad.

Siempre la hemos hecho caminar en base a mandatos ineludibles, nebulosas intenciones, inciertas probabilidades, obediencias ciegas, criterios de procedencias desconocidas, agentes mal informados y peor formados.

Sólo somos escenario de ejecución de decisiones exógenas.

Por su parte, los dirigentes políticos regionales la piensan siempre sólo como sucursal del centro hegemónico. Incapaces de construir una propuesta de raigambre forestal, en el más trascendente de los sentidos, siempre la han percibido en función a los intereses de sus centros políticos costeños. Carentes de una mirada holística de nuestra realidad, siempre la han asumido como un territorio de conquista político-ideológica para fortalecer sus nexos con el centro de poder nacional. Para complacer apetencias de la dirigencia central. En todo caso, para garantizar dominio partidario en el nivel nacional.

Los políticos surgidos en el seno de nuestras sociedades regionales han sido incapaces de construir una propuesta comprensiva, amplia, sólida, coherente con nuestra realidad. Sólo la han pensado dentro del marco de tendencias políticas nacionales. Si algún político regional se atrevió a asumir a la Amazonía como propósito, lo hizo a título de inspiración personal, sin una plataforma social que compartiera objetivos, doctrina, ideales. En el fondo, sólo para captar adherentes para el movimiento, pero sin ningún compromiso real con la construcción de una región con mejores niveles cualitativos de vida social y ambiental.

Sólo para satisfacer apetencias personales: capturar el poder.

En todo este panorama ideológico y político, la educación no fue visualizada en la plenitud de su potencialidad de instrumento para lograr aspiraciones trascendentes. Simplemente, ella fue dejada al libre albedrío del centro de poder hegemónico nacional. Por ello es que todo cuanto de educación hemos avanzado se debe a las fuerzas que nos vienen de afuera.

¿Y cuánto hemos avanzado?

Si tomamos como referencia sus problemas más significativos, podríamos responder que nada o casi nada hemos avanzado a causa de la educación.

Permisiva, pasiva, anodina, es una educación para entretener, para hacer pasar el tiempo. Para justificar gastos. No para generar condiciones de vida superior.

Es decir, nuestras nuevas generaciones están aprendiendo en las instituciones educativas todo aquello que en muy poco las capacita para desarrollar una vida individual y social concordante con las potencialidades de su entorno.

Con las exigencias de un futuro superior.

Los mensajes formativos que instalamos en su mundo psíquico guardan una distancia sideral con el escenario existencial en el que hacen su vida.

Y, mientras tanto, la selva, como una unidad, sigue siendo destruida en sus riquezas culturales, lingüísticas, biológicas, sociales, geográficas, ecológicas, económicas, espirituales.

La escuela sólo mira, fríamente, lo que sucede, no en la lejanía: en sus más inmediatas cercanías.

Las aguas de sus ríos, cochas y quebradas cada vez son más contaminadas por infinidad de agentes. Sus bosques, con la anuencia de las autoridades nacionales y regionales y un sistema jurídico sumamente permisivo y cómplice, son cada vez más talados, destruidos, para satisfacer la voracidad de empresarios nacionales y transnacionales. Sus especies florísticas y faunísticas entregadas a las conveniencias de explotación del mercado internacional. Un sistema extractivo mercantilista de carácter primario va minando nuestras riquezas materiales. Las riquezas de los Pueblos Indígenas, constituidas por sus conocimientos, sus idiomas, sus creencias, sus valores, su relación armoniosa con su entorno ambiental, su prodigiosa espiritualidad, etc. son destruidos lenta pero indeteniblemente. La desnutrición, la anemia, la parasitosis hacen de los pueblos amazónicos, en especial en la niñez ribereña, sus señoríos.

Nada de ello aprende el joven estudiante en su cápsula pedagógica que son las aulas de sus instituciones educativas.

En esas aulas el mundo es ilusorio. Ideal.

Entonces, no le quedará sino, al terminar sus estudios, mirar con indiferencia, sin compromiso, los problemas comunales; sentir rechazo por las condiciones de sus comunidades, sentir desprecio por las formas de vida propias de las mismas, buscar nuevos horizontes lejos de sus pueblos, sentirse frustrados porque lo aprendido no le sirve para vivir.

¿Y los partidos políticos?

Ni miran la educación. Ni la toman en cuenta como deberían hacerlo.

Aún no saben que ella es la clave para lograr destinos superiores en nuestra región.

Y es que, al parecer, no les interesa lograrlos.