Los kukama-kukamiria y su rol en la cultura e historia de Loreto

Puerto de la ciudad de Nauta, a orillas del río Marañón. Licencia Creative Commons Atribución 3.0 Unported.

Por Rosa Vallejos Yopán.

Iquitos transita entre lo tradicional y lo moderno. Esta ciudad es el testimonio de un escenario regional profundamente diverso. Loreto alberga no solo el número más elevado de población indígena amazónica (INEI, 2012), sino también la mayor diversidad lingüística. Solo en Loreto existen cerca de veintitrés lenguas organizadas en ocho familias lingüísticas ––Arawak, Bora, Jívaro, Kawapana, Pano, Peba-Yagua, Tukano, Tupí-Guaraní y Záparo–– además de algunas lenguas independientes o no clasificadas ––candoshi, urarina, y tikuna (Queixalós, 2009: 239). Diversos espacios en la ciudad hacen eco de la historia y la cosmovisión de estos pueblos milenarios, entretejidas con las de distintas sociedades urbanas. Uno de esos pueblos con un rol importante tanto en la formación como en la cultura viva de Iquitos es el grupo Tupí-Guaraní kukama-kukamiria. Pero, ¿quiénes son los kukama-kukamiria? ¿Por qué su lengua originaria ha sido declarada en peligro de extinción? ¿Cuál es el rol de la lengua kukama-kukamiria en la formación del castellano amazónico? ¿Cuáles son las huellas de este pueblo en la vida cotidiana de Iquitos? A continuación exploramos estas interrogantes.

Migración y contacto

Los kukama-kukamiria tienen una larga historia de migración y contacto. Las crónicas coloniales dan cuenta de la presencia de grupos Tupí-Guaraní extendidos en amplias áreas del noreste amazónico. Entre estos pueblos figuran los kukama-kukamiria, omagua y yurimagua. Sin embargo, cada uno ha experimentado diferentes procesos históricos a través del tiempo que van desde la extinción, como en el caso de los yurimagua, hasta la resistencia como el de los kukama-kukamiria.

A la llegada de los europeos, los omagua estaban localizados a lo largo del río Amazonas, desde su confluencia con el Napo hasta la confluencia con el Juruá. Un grupo más pequeño se encontraba en las partes bajas del río Aguarico. Hacia finales del siglo XVI los omagua constituían uno de los grupos más vigorosos en la Amazonía oriental, con una población estimada en un poco menos de cien mil habitantes (Michael, 2014). La primera mención de los omagua se remonta a 1542 y corresponde al explorador Gaspar de Carvajal, miembro de la expedición de Francisco de Orellana:

[…] salimos de la provincial de Machiparo y llegamos a otro no menor, que era el comencio de Omaguci […] y en estas juntas [de los dos ríos] de uno y de otro lado había muchas y muy grandes poblaciones y muy linda tierra y muy fructífera: esto era ya en el señorío y tierra de Omagua, y por ser los pueblos tantos y tan grandes y haber tanta gente no quiso el capitan tomar puerto (Carvajal, 1942: 34-35).

Sin embargo, un siglo después del primer encuentro con los exploradores, este grupo experimentó una drástica disminución de su población como resultado de las campañas de caza de esclavos por parte de los portugueses, lo que los obligó a huir río arriba. A principios del siglo XVIII los omaguas ya vivían replegados en pequeñas misiones. Desde inicios del siglo XX, diversos estudiosos comenzaron a pronosticar la extinción de este pueblo. Hoy por hoy, existen menos de diez hablantes de omagua (Michael, 2014). Los omaguas constituyen, así, uno de los ejemplos más dramáticos de extinción étnica.

En comparación con los omagua, los kukama-kukamiria eran un grupo menor y se encontraban localizados en las partes bajas de los ríos Ucayali y Amazonas. La denominación cocama aparece por primera vez en 1557, cuando la expedición de Juan Salinas de Loyola, quien fuera el primer europeo en navegar el río Ucayali, se topó con ellos (Jiménez de la Espada [1881-1897], 1965.4: 201-202):

[…] y más a delante de la dicha provincia di en otra muy menor que se dice Cocama. Tienen las poblaciones sobre las barracas de los ríos, muy bien formadas; la gente es de mucha policía así en los vestidos, porque son de algodón y muy primos con plumaje y joyas de oro y plata de que adornan a sus personas; los caciques que hay en cada pueblo son muy respetados de los naturales; comida de todo género en abundancia y frutas; pescados, muchos y muy buenos y diferentes; montería y caza, loza mejor y más prima y galana que hay en el mundo; la lengua es diferente pero con intérpretes me entendía con ellos. Salieron de muy buena paz y ziendo todo buen hospedaje y lo mismo lo que duro la dicha provincia y lengua, que será hasta sesenta leguas, en el cual distancia hay muchos pueblos y lagunas pobladas naturales […]

En la actualidad, además de las comunidades kukama de Colombia (Isla de Ronda) y Brasil (Solimões), en territorio peruano existen comunidades kukama-kukamiria a lo largo de los ríos Marañón, Huallaga, Ucayali, Amazonas, Samiria, Itaya, Nanay y sus tributarios. La ubicación actual de este pueblo puede rastrearse a olas migratorias desde el noreste brasileño. Los kukama habrían llegado al Perú como parte de una migración histórica de los Tupí que tuvo lugar aproximadamente doscientos o trescientos años antes de la conquista española. Este grupo cruzó el río Branco y salió hacia las várzeas (bosques inundables) del bajo Ucayali donde se asentaron motivados por la abundancia de recursos. Desde ahí se expandieron hacia las planicies inundables de otros ríos. Según Jiménez de la Espada, las comunidades que encontraron los exploradores contaban con entre doscientas y cuatrocientas casas cada una, extendidas a lo largo de aproximadamente trescientos kilómetros de las márgenes del río, con una población aproximada de diez mil a doce mil habitantes. Los kukama siguieron bajando por el Ucayali hasta el río Puinahua, donde se establecieron en grandes concentraciones. Como en este lugar no había suficientes recursos, un grupo numeroso siguió migrando río abajo hasta llegar al río Marañón y fundar, hace más de ciento cincuenta años, la ciudad de Nauta (Stocks, 1981: 53-67). Sin embargo, otros continuaron río arriba por el Marañón y el Huallaga hasta asentarse en la ciudad actualmente conocida como Lagunas. Estas aproximadamente seiscientas personas, un grupo pequeño en comparación con los que se quedaron en la zona del Marañón y el Ucayali, se asentaron en el bajo Huallaga y constituyeron así el pueblo Kukamiria. En la actualidad, el total de la población kukama-kukamiria se estima en veinte mil habitantes. Sin embargo, solamente unos mil mayores hablan su lengua originaria.

Debido a la escasez de fuentes históricas, es difícil establecer etimologías definitivas para los denominaciones cocama, cocamilla, omagua y yurimagua documentadas en las crónicas. Una de las hipótesis más sólidas proviene de Lucas Espinosa, quien sugiere que estos vocablos contienen la raíz Tupi-Guaraní awa/ama “gente”. Así, omagua haría referencia a “gente espía”, yurimagua a “gente muda” y, forzando un poco el modelo, cocama se referiría a “gente forzuda” o “gente de allá”, y cocamilla a “cocama legítimo” (Espinosa, 1935: 13-17). He sugerido una interpretación alternativa a la hipótesis de Espinosa (Vallejos, 2010) según la cual cocama haría referencia a “gente del río Coca”. Existen dos posibles referencias para el río en cuestión. Como se señaló anteriormente, grupos Tupí-Guaraní ocuparon amplios territorios incluyendo las zonas altas del río Napo y del actual río Coca, y, por otro lado, una de las múltiples denominaciones del río Ucayali, habría sido justamente Coca. Al mismo tiempo, el término cocamilla contendría el diminutivo castellano –illa para hacer referencia a ese pequeño subgrupo que se escindió de los kukama para migrar hacia el río Huallaga. Mientras no aparezcan nuevas evidencias históricas todas estas propuestas permanecerán como hipótesis. Cabe aclarar que las denominaciones vigentes, kukama y kukamiria, son adaptaciones de los vocablos castellanos cocama y cocamilla, resultado de la reflexión del personal indígena del Programa de Formación de Maestros Bilingües de la Amazonía Peruana (FORMABIAP), de la Asociación Interétnica de Desarrollo de la Selva Peruana (AIDESEP), con sede en Iquitos, quienes en 1999 decidieron hacer efectivo su derecho a autodenominarse. Así, designaciones consideradas exógenas fueron adaptadas al sistema de sonidos de sus respectivas lenguas y escritas con los símbolos de sus propios alfabetos. Siendo kukama y kukamiria adaptaciones recientes de términos castellanos empleados por más de cinco siglos, resulta artificioso e injustificado buscarles una etimología en un sentido estricto.

Es común encontrar comuneros que, motivados por las preguntas de los investigadores, están dispuestos a ensayar algunas otras hipótesis para explicar el término kukama. Por ejemplo, una explicación que me fue ofrecida a través de una narrativa tradicional es que este vocablo estaría relacionado con un lago llamado Cocona. Según este relato, los kukamas tienen su origen en una boa que embarazó a una mujer. Cuando el hijo de la boa nació al borde del lago Cocona, la madre celebró el acontecimiento haciendo bailar al niño con las siguientes palabras: Ta uwaritsuriay, ta uwakatsuriay awara ikian kukuna ɨpatsuka. Tɨmapura ta chirarutsu tsukuri, ta chirarutsu kukama “Yo nací y me transformé en persona aquí en el lago Cocona. Por eso no seré llamado boa, sino kukama” (Victor Yuyarima). En esta versión el término kukama es el resultado de una analogía fonológica con la palabra “cocona”. No es difícil encontrar otras versiones que tratan de insertarse en la cosmovisión

Vida en las misiones

Una época que dejó profundas marcas en la historia de la Amazonía corresponde al período de las misiones jesuitas. Entre 1637 y 1768, las poblaciones indígenas tuvieron que elegir entre incorporarse a las haciendas, huir de la caza de esclavos o integrarse al sistema de reducciones administrado por los misioneros. Todas estas opciones implicaban abandonar sus territorios originales y, por tanto, sus propias formas de vida. Esta estrategia de evangelización a gran escala fue tan intensa que hacia 1768, cuando los jesuitas fueron expulsados del área, existían aproximadamente cuarenta reducciones albergando cerca de dieciocho mil indígenas (Solis Fonseca, 2002).

Las reducciones provocaron la convivencia de diferentes grupos indígenas. Su carácter multiétnico es destacado en las crónicas, como en el siguiente pasaje de Maroni:

Esta reducción de San Joaquin de los Omaguas se compone hoy dia de 522 almas. Entre éstas hay algunas familias de Yameos, que han asentado aquí el pié y se han emparentado con los mismos Omaguas. Hay tambien algunos indios, en especial muchachos, de varias naciones y lenguas como son Aunales, Maparinas, Caumaris, Pevas, Cavaches, Icaguates, Pararas, Mayorunas, Iquitos y otras, por ser hoy dia esta reduccion como el seminario de las naciones infieles y el real de donde se sale á las nuevas conquistas (P. Brentano, citado en Maroni, 1988 [1738]: p.372).

Escenarios multilingües como el las reducciones estimulan el surgimiento de una lengua común. Documentos históricos revelan que el quechua asumió el rol de lengua franca. Los jesuitas posicionaron al “inga”, como se conocía al quechua, como la lengua de la evangelización en las misiones, de ahí las múltiples huellas que esta lengua ha dejado en muchas lenguas amazónicas, incluidas el kukama-kukamiria y el omagua. Solo hacia el final del período misionero los jesuitas usaron el omagua para la evangelización, como lo indica el siguiente extracto de Maroni:

En éstas reducciones […] aun con más facilidad que del Inga parece se va introduciendo la lengua de los Omaguas, no sólo por ser la más facil y menos gutural que otras del Marañon, sinó también por ser hoy día la reducción de San Joaquin como cabeza y seminario de las nuevas naciones y el real de dónde sale a las conquistas (Maroni, 1988 [1738]: 168-169).

Mientras que los kukama-kukamiria se adhirieron primariamente a Santiago de la Laguna, misión fundada en 1670, los omaguas lo hicieron a la misión de San Joaquín de Omaguas, fundada en 1724. Sin embargo, un importante número de kukama-kukamirias y omaguas no se incorporaron a ninguna de estas misiones (Michael, 2014). Es innegable que el período en las misiones provocó cambios profundos en las poblaciones indígenas. En el caso de los kukama-kukamirias, esto significó convertirse de “indios” en cristianos o fieles. Un ejemplo obvio lo encontramos en sus fiestas tradicionales que reflejan un profundo sincretismo, e incluyen la Navidad, la Semana Santa, el día de los muertos y el Corpus-Cristi entre otros. Por ejemplo, entre los kukama-kukamiria, la celebración del día de los muertos incluye “veladas” en las que se danza en adoración hasta el amanecer. Hoy en día esta práctica está presente incluso en algunos barrios urbanos como Punchana.

 

Conocimientos y recursos

En la actualidad, la población kukama-kukamiria se estima en veinte mil habitantes que viven distribuidos en cerca de ciento veinte comunidades. Un porcentaje significativo de estas comunidades está localizado en zonas inundables, por lo que durante la estación de lluvias permanecen inundadas de tres a cinco meses. En consecuencia, su calendario agroecológico gira en torno a dos grandes épocas: creciente y vaciante. Ellos poseen una serie de conocimientos y han desarrollado un sinnúmero de técnicas que les permiten realizar sus actividades socioproductivas siguiendo su propio calendario. La pesca, agricultura y recolección de frutos silvestres siguen siendo las actividades productivas que garantizan el sustento de esta población.

En 1982 una porción importante del territorio ancestral de los kukama-kukamiria fue declarado la Reserva Nacional Pacaya-Samiria, ampliamente conocida por sus más de ochenta y cinco lagos y su gran diversidad de vida silvestre, con muchas especies que se encuentran en estado vulnerable. Pacaya-Samiria destaca también por su riqueza acuática. Tal diversidad incluye 330 especies de aves, 130 mamíferos, 256 especies de peces, 1204 plantas y un número todavía no determinado de reptiles y anfibios (INRENA, 2006). Una de las consecuencias de la creación de la reserva es que cerca de cincuenta comunidades kukama oficialmente terminaron ubicadas dentro este espacio de protección, hecho que ha sumado presión a su forma de relacionarse con los recursos naturales y a su modo de vida.

Quizás una de las amenazas externas más serias a la supervivencia de los kukama-kukamiria es la contaminación de su territorio a causa de la explotación del subsuelo. Desde 2003 consorcios internacionales han tenido acceso para implementar proyectos de exploración de petróleo. En las últimas décadas los kukama-kukamiria han experimentado episodios de contaminación de sus fuentes de agua con metales pesados, con consecuencias lamentables para la población que depende de la pesca y la caza para sobrevivir. Estudios recientes dan cuenta de contaminación dentro de la reserva (IIAP, 1985) así como en áreas colindantes con ella, como el río Marañon (OEFA, 2014). Estos eventos no han dejado a los kukama-kukamiria otra alternativa que organizarse y mantenerse en alerta permanente para defender su territorio.

Los kukama-kukamiria se organizaron por primera vez en 1980 para formar la Federación Cocama-Cocamilla (FEDECOCA) que asocia a sesenta y seis comunidades. Además de esta, hoy en día existen otras organizaciones regionales, incluyendo la Asociación Indígena de Desarrollo y Conservación del Samiria (AIDECOS), fundada en 1992 y compuesta por quince comunidades; la Asociación de Desarrollo y Conservación del Puinahua (ADECOP), creada en 1992 y compuesta por diez comunidades; la Asociación Cocama de Desarrollo y Conservación de San Pablo de Tipishca (ACODECOSPAT), fundada en 2000 y que representa a treinta y ocho comunidades; la Coordinadora Autónoma de Pueblos Indígenas de la Cuenca del Nanay (CAPICUNA), fundada en 2001 y que representa a nueve comunidades kukama, bora y huitoto, y la Federación Kukama del Bajo Nanay (FEKUBANA), creada en 2009 y que representa a trece comunidades. En la actualidad ACODECOSPAT es una de las organizaciones más activas.

 

La lengua kukama-kukamiria

La lengua kukama-kukamiria tiene dos variedades dialectales principales: kukamiria, hablada en la zona del río Huallaga, y kukama a lo largo del Marañón, Ucayali, Nanay y sus tributarios. Las diferencias entre ellas son básicamente a nivel de los sonidos y del vocabulario, como las que se presentan en la Tabla 1; no existen diferencias gramaticales y por lo tanto no hay ningún problema de comunicación entre los hablantes de ambas variedades.

Tabla 1: Diferencias dialectales

  kukama kukamiria
abuelo amui ami
canoa ɨara ɨrara
fariña ui uwi
salir uchima ichima

El kukama-kukamiria tiene muchos rasgos interesantes y únicos, uno de ellos es su sistema de género. En castellano, por ejemplo, indicamos el género de aquello sobre lo que hablamos clasificándolo como masculino o femenino. Así, “cuchara” es femenino y “cuchillo” es masculino, una categorización arbitraria que nada tiene que ver con género biológico. Contrario al castellano, en kukama-kukamiria se hace seguimiento del género biológico del que habla, no de aquello de lo que se habla. Para decir “yo”, las mujeres dicen etse, los hombres dicen ta. Aún más original es que estas distinciones estas indexicalizadas en una serie de elementos como pronombres personales, demostrativos, marca de plural, conjunciones, etc. En consecuencia, un mismo enunciado, como “él es mi hijo” o “nosotros hacemos tinajas”, puede ser expresado de maneras bastante distintas dependiendo de si es dicho por un hombre o por una mujer, como se muestra en la Tabla 2.

Tabla 2: Género en kukama-kukamiria: habla de mujeres versus habla de hombres

  Mujeres Hombres
Él es mi hijo Ay tsa mɨmɨra Uri ta taɨra
Nosotros hacemos estas tinajas Penu yauki ajan muritsunu Tana yauki ikian muritsukana

Podría pensarse erróneamente que ser competente en kukama-kukamiria significaría utilizar las formas correspondientes a nuestro propio género. Sin embargo las interacciones comunicativas más espontáneas entre comuneros incluyen citas directas de otros hablantes. Es decir, si alguien narra algo que dijo otra persona, lo más natural en kukama-kukamiria es citar textualmente a aquella persona utilizando las formas correspondientes a su género. Un hablante competente hace estos cambios fluidamente porque conoce las formas de habla correspondientes a su propio género pero también las del género opuesto. Sistemas de género como el del kukama-kukamiria no son muy comunes en las lenguas del mundo.

Otro aspecto interesante del kukama-kukamiria es su forma de expresar ciertas nociones. Propiedades como “grande”, “fuerte” o “tímido”, que en castellano expresamos a través de adjetivos, en kukama-kukamiria se expresan a través de verbos. Es decir, se dice tua, “ser grande”; wɨka, “ser fuerte”, o uti, “ser tímido”. Este patrón se extiende a los colores. Para la gama rojo-rosado-naranja, se dice pɨtani, “ser colorado”; para la gama azul-morado se dice tsenepuka, “‘ser azulado’”; para verde se dice ɨkɨra, “‘ser no maduro’”, etc. Asimismo, muchos conceptos que en algunas lenguas pueden considerarse básicos, en kukama-kukamiria se expresan a través de palabras derivadas, es decir, se construyen a partir de otras. Por ejemplo, del verbo umanu, “morir”, se deriva umanuta, “matar”, que literalmente quiere decir “hacer morir”. De la misma manera, de la palabra purepe, “comprar”, se deriva purepeta, “vender” o “hacer comprar”; de ikua, “conocer”, se deriva ikuata, “avisar” o “dar a conocer”, y de mɨmɨra, “hijo de mujer”, se deriva mɨmɨrata, “embarazar”. Para expresar sentimientos y deseos, en kukama-kukamiria se utiliza la palabra iya, “corazón”. Por ejemplo, “tengo miedo” se dice akɨcha tsa iya, “mi corazón tiene miedo”. Entre las expresiones que emplean esta estrategia tenemos yamachi tsa iya, “mi corazón tiene hambre”; tsarɨwa tsa iya, “mi corazón está alegre”; yumɨra tsa iya, “mi corazón está molesto”, aitse tsa iya, “mi corazón está enfermo”. Cabe resaltar que la expresión ikua tsa iya, “mi corazón sabe” se interpreta como “yo pienso” o “yo siento”. Es decir, dos conceptos que se expresan de maneras diferentes en castellano, se expresan de la misma manera en kukama-kukamiria. Todas las estrategias descritas aquí son muy productivas en esta lengua. Entonces, ser competente en kukama-kukamiria significa utilizar apropiadamente estas expresiones.

La clasificación genética de la lengua kukama-kukamiria propone algunos desafíos a la lingüística. Un supuesto básico en lingüística histórica es que las lenguas descienden de una lengua madre o protolengua. De esta forma, las lenguas que descienden de un mismo ancestro forman una familia lingüística. El kukama-kukamiria, tanto como el omagua, rompe el modelo del progenitor único. Si bien el vocabulario kukama-kukamiria es predominantemente Tupí-Guaraní, algunos aspectos de su gramática no lo son. Por ejemplo, algunos pronombres que usan los hombres, como ta, “yo”; ra, “él/ella”, o el plural kana no tienen contrapartes en otras lenguas Tupí-Guaraní. Estos rasgos son huellas del intenso contacto lingüístico en esta área de la Amazonía, situación que se remonta a mucho antes de la llegada de los exploradores europeos. Al mismo tiempo, esta lengua exhibe huellas de contactos más recientes, como las dejadas por el quechua, el portugués y el castellano. Por ejemplo, el sistema de numeración en kukama-kukamiria es Tupí-Guaraní solo hasta el número cuatro (wepe, mukuika, mutsapɨrika, iruaka); desde el cinco, los números son préstamos del quechua, como también los son palabras comunes como kuriki, “dinero”, o atawari, “gallina”, entre otros. La palabra pai, “papá”, es un préstamo del portugués, y muchas palabras para conceptos exógenos, como westa, “fiesta” y leishka, “leer” son préstamos del castellano. Esto significa, entonces, que más de una lengua ha contribuido a la formación del kukama-kukamiria.

 

Una lengua amenazada

Como se indicó anteriormente, en la región Loreto coexisten pueblos que hablan diversas lenguas. Sin embargo, en la última década el número de niños que aprendió una lengua indígena como primera lengua ha decrecido de manera significativa. Según los datos del Instituto Nacional de Estadística e Informática (INEI), solo entre 2004 y 2009, el 4% de los niños en Loreto ha experimentado un cambio de lengua materna. Estos datos revelan una clara tendencia hacia el posicionamiento del castellano como la lengua dominante en la región amazónica. Tan es así que en 2009 el 95% de la población iquiteña declaró al español como su lengua materna.

Centrándonos en el escenario kukama-kukamiria, a pesar de que el número estimado de la población étnica es relativamente alto en comparación con el de otros grupos amazónicos, su lengua originaria está en peligro de desaparecer. A decir de la UNESCO, la vitalidad de una lengua se calcula tomando en consideración los siguientes parámetros: el número absoluto de hablantes, la proporción de hablantes dentro de la población étnica, la transmisión de la lengua de generación en generación, el uso de la legua en dominios públicos y privados, el empleo de la lengua en nuevos dominios comunicativos, las actitudes hacia la lengua, las disponibilidad de materiales educativos, el tipo de documentación lingüística y la calidad de la misma, y las políticas lingüísticas gubernamentales. Al conjugar estos parámetros una lengua puede ser asignada a una de las siguientes categorías: (i) vulnerable, (ii) en peligro, (iii) seriamente en peligro, (iv) en situación crítica y (v) extinta. El kukama-kukamiria en el Perú se encuentra seriamente en peligro; en Brasil su situación es crítica y en Colombia está extinto.

Hace aproximadamente cinco décadas que en el Perú los procesos naturales de transmisión del kukama-kukamiria de generación en generación han sido interrumpidos. La llegada de las escuelas castellanizantes hacia la década de 1940, la afluencia de inmigrantes a sus territorios durante las campañas gubernamentales para colonizar la selva, la mirada displicente hacia los indígenas como mano de obra barata, la presión para que los inmigrantes indígenas se inserten en el mundo urbano son solo algunas de las múltiples fuerzas que provocaron entre los kukama-kukamiria cierto recelo al identificarse como indígenas, vergüenza de hablar su lengua originaria y resistencia a enseñársela a sus hijos. En la actualidad los que hablan kukama-kukamiria de manera fluida son en su mayoría personas mayores de sesenta años. Este grupo la usa solo para propósitos comunicativos bastante restringidos, como celebraciones tradicionales, eventos curativos, reuniones familiares, bromas entre pobladores, etc. La mayoría de la población kukama-kukamiria usa el castellano para interactuar de manera cotidiana.

Desde hace algunas décadas, un importante número de kukama-kukamirias ha migrado a ciudades y centros poblados como Iquitos, Pucallpa, Yurimaguas, Lagunas, Nauta y Requena, entre otros. Como una estrategia inicial para insertarse y sobrevivir en un contexto urbano hostil hacia las poblaciones originarias, muchos optaron por renunciar a sus prácticas tradicionales más visibles y por mimetizarse con la población urbana. Sin embargo, en el marco de la reivindicación de sus derechos fundamentales, esa tendencia hacia la “invisibilización” parece estar cambiando gradualmente. Así, hoy por hoy no es extraño encontrar en las ciudades comuneros que se declaren abiertamente kukama-kukamiria y que además exijan ser reconocidos y tratados como tales.

Los kukama-kukamiria, como la mayoría de los pueblos, ven en su lengua originaria la conexión más perceptible con sus raíces y su historia. Así, desde principios de la década de 1980 existe una corriente orientada a la preservación del kukama-kukamiria. Estas iniciativas estas siendo implementadas tanto en comunidades rurales como en centros urbanos, incluyendo la formación de maestros bilingües, la enseñanza del kukama-kukamiria en las escuelas primarias, encuentros de ancianos, campañas de radio, concursos de danza y canto, entre otros. Los agentes detrás de estos esfuerzos son miembros de la misma comunidad en colaboración con diversas instituciones, como el FORMABIAP; el Centro de Investigaciones de Lenguas Indígenas (CILIAP) de la Universidad Nacional de la Amazonía Peruana; el Centro de Capacitación Campesina de la Amazonía (CENCCA) y la radio Ukamara de la iglesia católica del distrito de Nauta; algunas unidades del Ministerio de Educación, y más recientemente la Dirección Descentralizada de Loreto del Ministerio de Cultura. Los resultados en términos de nuevos hablantes de la lengua como producto de las iniciativas de revitalización y mantenimiento son todavía modestos pero promisorios. Sin embargo, el impacto en cuanto al fortalecimiento de la identidad cultural kukama-kukamiria es evidente. La lengua kukama-kukamiria es hoy por hoy la bandera de un movimiento cuya meta no es solo la preservación de una lengua sino la supervivencia de un pueblo. En muchas áreas, ser kukama-kukamiria ya no es vergonzoso, y hablar de preservar su lengua originaria no es más un tema tabú.

Más allá del rol central de las lenguas en la vida de los pueblos es preciso reconocer que cada una de ellas es un sistema único que revela las potencialidades de la mente humana. De ahí la preocupación ante el hecho real de que muchas lenguas indígenas están en proceso de desaparecer, siendo el kukama-kukamiria una de ellas. Si esta lengua desaparece, el pueblo kukama-kukamiria perderá la conexión fundamental con sus raíces y nosotros perderemos una oportunidad de seguir desenmarañando los misterios del lenguaje humano y las potencialidades de la mente.

 

La influencia del kukama-kukamiria y otras lenguas indígenas en el castellano amazónico

El castellano amazónico exhibe una serie de rasgos que lo convierten en una variedad inconfundible. Sin embargo esta variedad ha recibido una atención muy limitada en comparación con el castellano costeño o andino. Todavía conocemos poco sobre la extensión de los rasgos diferenciadores y sobre su distancia respecto de patrones panhispánicos. Es fácil deducir que el castellano regional es lo que es debido al contacto con las lenguas indígenas desde su llegada a la Amazonía (Ramírez, 2003). Escenarios multilingües son contextos favorables para la influencia entre lenguas. Entre las que han contribuido de manera significativa a la formación del castellano amazónico se encuentran el quechua y el kukama-kukamiria.

Tal vez una de las características más notables del castellano de Loreto es su abundante vocabulario regional, usado tanto en contextos formales como informales. Los términos Tupí-Guaraní que son parte del castellano amazónico corresponden en su mayoría a la flora y la fauna. Entre los términos para animales se encuentran, por ejemplo aguti o añuje, de akuti (Dasyprocta fuliginosa); capihuara o ronsoco, de kapiwara (Hydrochoerus hydrochaeris); paca, picuro o majás, de paka (Agouti paca); tapira o sachavaca, de tapir; urcututo o lechuza, de urkuria (Otus choliba). Entre nombres para árboles se encuentran: huiririma, de wiririma (Astrocaryun sp.); capinuri, de kapinuri (Maquira coriacea); umari, de umari (Poraqueiba sericea). La contribución Tupí-Guaraní al vocabulario regional en cuanto a especies acuáticas es notable: tucunare, de tukunari (Cichla monoculus); maparate, de maparati (Auchenipteridae); acarahuasu, literalmente bujurqui grande, de akarawatsu (Cichlidae); taricaya, de tarikaya (Podocnemis unifilis); cupiso, de kupitsu (Podocnemis sextuberculata). Entre las palabras que se refieren a prácticas culturales se encuentran curare o veneno para flechas, de kawiri; huaca o planta venenosa para pescar, de waka (Clibadium vargasii); camuri, anzuelo pendiente de una cuerda, de kamuri. Entre los topónimos, nombres de lugares o accidentes geográficos, se encuentran sacarita, atajo que sirve para acortar un trayecto o quebrada angosta que une dos ríos, del verbo tsakari-ta, “trozar algo”. El río Paranapura contiene el vocablo parana, “río”; Manacamiri, nombre de una comunidad, de manaka-miri, “sinamillo” o literalmente “ungurahui pequeño”. Finalmente, tal vez uno de los términos más extendidos en la amazonía es icaro, de ikara,entonar cantos curativos” (Vallejos, 2010).

Pero prestar palabras de otra lengua es un fenómeno bastante común que no necesita necesariamente un período de intenso contacto. Más notable es, sin embargo, la presencia de construcciones gramaticales que se alejan de patrones panhispánicos. Por ejemplo, en el castellano de Loreto, expresiones como “sus casa se ha halagado” son bastante comunes. En otras variedades, la expresión esperada sería “su casa se ha inundado”, si se trata de una propiedad, o “sus casas se han inundado” si se trata de varias propiedades. Es decir, se hace seguimiento al numero singular o plural del elemento poseído. En el castellano local, sin embargo, no se estaría prestando atención necesariamente a lo poseído, sino al poseedor. En el ejemplo en cuestión lo que se está indicando es que la casa de más de uno se ha inundado; la pluralidad del elemento poseído, “casas”, esta implícita. Esa es justamente una manera de expresar la posesión en kukama-kukamiria. Vemos pues que las lenguas locales tienen un rol importante en la formación del castellano de la región amazónica.

Para concluir, es preciso reconocer la presencia de las culturas ancestrales en la vida y el pensamiento de los iquiteños. El entendimiento de la naturaleza de manera inclusiva, la relación íntima con el entorno físico, la coexistencia con los espíritus y dueños de la selva, la tesis de que el bienestar depende de una relación armoniosa con el mundo visible e invisible, la necesidad de “curarnos” de daños para alcanzar el bienestar verdadero son solo algunas de las perspectivas que, ultimadamente, definen a la ciudad de Iquitos.

 

Vallejos, Rosa. (2014). Los kukama-kukamiria y su rol en la cultura e historia de Loreto. In Varón Gabai, Rafael and Maza Carlos (Eds.), Iquitos. Lima: Telefónica del Perú. 182-191.

 

Referencias

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Vallejos Yopán, Rosa. 2010. A grammar of Kokama-Kokamilla. Disertación Doctoral. Universidad de Oregon.

 

Rosa Vallejos Yopán
Associate Professor & Undergraduate Advisor
Department of Linguistics
Humanities Building 566
University of New Mexico
http://www.unm.edu/~rvallejos

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