Los derrames petroleros y la Amazonía

Imagen obtenida de la web de Revista Ideele

                     Por Róger Rumrrill

         En el Perú, todo tiene que cambiar a fondo; de raíces.

         Un notable estudio titulado “La sombra del petróleo. Informe de los derrames petroleros en la Amazonía entre el 2000 y el 2019” (OXFAM y CNDDHH), de Aymara León y Mario Zúñiga revela que los costos de remediación de los daños ocasionados por los derrames petroleros en los ecosistemas amazónicos y la salud y la vida en general de la población indígena son tal altos y cuantiosos que los beneficios económicos del petróleo no alcanzan para cubrir esos inmensos costos.

      La solución de fondo es cambiar el modelo extractivo y primario exportador por una bioeconomía. Una economía sostenible de manejo y uso racional del banco genético amazónico y de todos los bienes de la Madre Naturaleza.

     Lo mismo sucede con la política y toda la realidad nacional. Un golpe de estado parlamentario intentó  controlar el Estado y convertir sus bienes -que pertenecen a todos los peruanos- en un botín. El golpe que provocó un vacío de poder y puso al Perú al borde del caos, ha sido en parte conjurado gracias a que la democracia salió a las calles en la forma de multitudes en su mayoría jóvenes, y con la elección de Francisco Sagasti Hochhausler a la presidencia de la república, un hombre de altos pergaminos académicos y de reconocida honestidad y de Mirtha Vásquez en la presidencia del Congreso, abogada, ambientalista y defensora de los derechos humanos.

    Pero todo esto no es suficiente. Los problemas del Perú son estructurales y de larga data y recientes. Una de las causas es la ruptura del tejido social y la erosión de la institucionalidad, a las que hay que sumar la  corrupción, que provocó la dictadura fujimorista. Además de la violencia de Sendero Luminoso y sus secuelas que dejaron profundas heridas en el cuerpo y el alma del Perú.

        Hoy en día, gracias a la Constitución fujimorista de 1993 que considera al Estado como subsidiario, una élite económica y política tiene capturado a ese Estado y lo tiene a su servicio. Como escribe Francisco Durand, ese control tiene tres pivotes: los grandes empresarios agrupados en la CONFIEP, extractivistas y financieros; una tecnocracia neoliberal que administra el Estado y los grandes medios encargados de fabricar las postverdades.

       Si el pueblo peruano no recupera el Estado, redacta y aprueba otra Constitución, construye partidos políticos que ahora no existen y edifica una nueva economía y un nuevo sistema de vida que respondan y enfrenten las exigencias de la crisis civilizatoria y el colapso del sistema económico neoliberal producido por la pandemia del coronavirus, nos habremos quedado en el fondo del túnel. Con el riesgo de quedarnos congelados como un estado fallido en el siglo XXI.

          La sombra del petróleo y la Amazonía

          Se podría decir que el extractivismo sin control y sin fiscalización es como la corrupción y el Estado capturado que solo sirve a un puñado de privilegiados a quienes no les importa el Perú ni la situación y el destino de millones de peruanos. Ambos son  destructivos.

     De acuerdo al estudio que venimos citando, el petróleo, el gas y el carbón representan el 85 por ciento del consumo de energía en el Perú. Consumimos 1577 millones de barriles de petróleo cada año desde 1994. Pero la producción nacional es de solo 763 millones de barriles, con un déficit de 17 mil millones de soles en importación de petróleo y diesel.

     Según PERUPETRO, fuente que el estudio cita, los beneficios del petróleo fueron, en 2015, 24 mil millones de soles en canon; 15 mil millones de dólares en regalías y 15 mil millones de dólares en inversiones.

     Las regiones más dependientes del petróleo son Cusco y Loreto. Antes del desplome del precio del petróleo, el 83 por ciento del total de los ingresos de Cusco y Loreto provenían del petróleo. Con el colapso de los precios, Loreto tuvo una caída de ingresos del 88 por ciento. Para el 2017, sus ingresos fueron del 2.8 por ciento.

     En cuanto a los derrames de petróleo, el estudio señala que en el período en que PLUSPETROL operaba el Lote 192 (ex 1AB) se contabilizaron 32 sitios impactados por contaminación. Los costos de reparación de estos impactos se calcularon en 656,824,416.23 millones de soles. Pero todo el canon petrolero recibido por Loreto en el año 2012, cuando los precios del barril estaban a 100 dólares, fue de 85 millones de dólares, es decir, 280.5 millones de soles. Un monto que no le alcanza ni siquiera para remediar 19 de los 32 sitios impactados.

      Pero, además, de acuerdo al propio gobierno que el estudio cita, solo en el Lote 192 existen 1199 sitios impactados. O sea que los 32 sitios solo representan el 2.6 por ciento del total de sitios dañados y afectados por los derrames petroleros y otros impactos.

    El conclusión: el estado no tiene ni la capacidad económica para financiar la remediación de los sitios impactados ni la capacidad logística ni técnica para efectuar una rigurosa fiscalización y control de las actividades extractivas en este caso petroleras. El año pasado solo dispuso de 183.4 millones de soles para remediar 10 sitios.

   Si a estos costos ambientales agregamos lo que el estudio denomina las externalidades,-salud, espacio territorial, cultura, espiritualidad- ningún canon ni regalía alcanzarían para sanar las heridas mortales que  infiere y ocasiona el extractivismo en el cuerpo de la Madre Naturaleza.

         No queda sino cambiar el sistema extractivista neoliberal en la Amazonía y en todo el Perú.

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